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Viernes, 3 de noviembre de 2006

MUSICA › UNA ORQUESTA TIPICA Y MODERNA

El Club Atlético Fernández Fierro

La OTFF funciona como cooperativa. Está presentando su tercer cd: Mucha mierda.

 Por Cristian Vitale

Ellos no saben quién es, pero Fernández Fierro podría ser tranquilamente el apellido del anarquista-libertario (de esos que ya no existen) que los guía por el camino del desinterés y el igualitarismo. Si no es así, algo hay que inventar para entender cómo un colectivo de doce tangueros –más asistentes, iluminadores, managers, etc.– funciona como una cooperativa austera y justa en épocas de brillo individual. O, como dicen ellos, de “tango mercenario”. “Nos juntamos por dos factores: a favor de Pugliese y en contra de la actitud mercenaria del tango, al que sólo le interesa el dinero”, explica Jury, el rubio pelilargo y director, que parece salido de alguna leyenda de Ian Anderson. En rigor, el club que alquilan –el Atlético Fernández Fierro– no sólo funciona como lugar de ensayo, recitales y excesos. Es, también, una especie de comité inmenso en el que estos militantes de la música se reúnen una vez por semana para sostener la horizontalidad. Federico, Pablo, Bruno, Juan, Alfredo, El ministro (¿?), Martín, Pablo, Julio, Yuri, Santiago y el Chino Laborde –o los 12 apóstoles del tango anarco– eligen un día para putearse en nombre del bien común. “Nos tenemos que pelear para crecer”, dice Federico.

Si no se empieza por el rasgo ingénito de esta Típica atípica, es imposible precisar su trascender. Por ejemplo, la cantidad de cervezas –de su propiedad– que desfilan durante la nota con Página/12; la preeminencia del “nosotros hacemos” por sobre el “yo hago”, o la sensación explícita de que el director o el cantante –habitualmente figuras mediáticas– son iguales que violinistas y bandoneonistas. Cada uno es único e irremplazable. Sigue Federico: “Buscamos evitar el cambio de figuritas, porque no puede ser que vayas a ver a un grupo y te encuentres con un chabón que toca por la guita, y está de cambio. Eso quiere decir que no le interesa. No transmite nada”. Tampoco se entendería la solidez grupal del flamante tercer disco, que presentan mañana en el club (Sánchez de Bustamante 762) y esta noche y el domingo en La Trastienda. En Mucha mierda –así se llama– cada instrumento denota trabajo, discusión y sumisión a un todo. Tanto en los temas propios –“011”, “Laguna seca”– como en las remakes infaltables de Pugliese –“Recuerdo”, “Adiós Bardi”– o el rasposo y potente mix entre “Buenos Aires hora cero”, de Pia-zzolla, y “¡Las luces del estadio!”. “Jaime Roos nos felicitó, nos confesó que ‘Bs. As. Hora Cero’ era el tango que más le gustaba”, ironiza el Chino.

La presentación sandwich en el club se hace de casualidad. A la Fierro, pese a que sus seguidores no tiran bengalas, también la atacó el síndrome Cromañón. Hace dos semanas cayó un comando de inspectores y clausuró el galpón, según ellos, por causas ridículas. “Uno de los problemas era que no había preservativos en la barra. ¿No es reloco eso?”, ríe Pablo. “Después, dijeron que no había agua caliente sin fijarse que el calefón estaba apagado. Vinieron a clausurar sí o sí. Incluso se manejaron con una actitud patoteril, onda ‘ténganos miedo, si no va estar todo mal’. Tiene que ver con el gran monopolio concentrado que Cromañón nos legó... nuestra intención no es matar a nadie.” Lo que no tuvieron en cuenta los celadores cuando rehabilitaron el CAFF es que un tango como “011” puede matar a varios. Los violines suenan como escofinas lijando cerebros y los bandoneones fracturan el alma. “Es la idea de los temas nuevos –admite Jury–. Una onda histérico-taladrante. Lo que buscamos no es precisamente generar una situación complaciente, sino inquietud, desesperación y duda.” “La música ensambla con el título del disco, porque lo que tira la orquesta es mucha mierda”, agrega Federico.

–El sinónimo de revolución en el tango es Piazzolla, sin embargo ustedes bancan a Pugliese en ese rol...

F: –Es cierto que Piazzolla llevó al género a un punto de quiebre inédito, pero nosotros no podemos partir de él, porque fue una personalidad tan grande que nació y murió en sí misma. No dejó tanto, porque quienes lo siguieron fracasaron. Pugliese, en cambio, dejó un camino mucho más rico para seguir.

Jury: –Hay menos diferencias entre ellos de las que se pueden apreciar a primera vista.

–Pero hay...

J: –Tal vez que las revoluciones de Piazzolla duraban cinco años, en cambio la de Pugliese fue una revolución permanente.

–¡Trotskismo tanguero!

J: –(Risas.) Artísticamente sí. El iba modificando cosas para que la revolución fuera cada vez más completa, no romper una anterior para hacer una nueva.

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La Fernández Fierro toca hoy y mañana en La Trastienda.
Imagen: Daniel Jayo
 
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