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Lunes, 6 de noviembre de 2006

MUSICA › “DE PIAZZOLLA Y FERRER”, EN EL ESTADIO LUNA PARK

El largo viaje de la ruptura al canon

 Por Karina Micheletto

Treinta y siete años atrás, Amelita Baltar enfrentaba un Luna Park repleto de gente que, sobre todo desde las populares, la silbaba y abucheaba. Ella recuerda que hasta le tiraban monedas. Estaba estrenando “Balada para un loco” en el Primer Festival Buenos Aires de la Canción, y las barras bravas del tango presentes juzgaron al tema fuera de género. Tampoco gustó mucho aquella noche “Zamba del imaginero”, del Cuchi Leguizamón y Armando Tejada Gómez, en los audaces contrapuntos del Dúo Salteño. Como siempre que se vota, el tiempo juzga aquello de que el pueblo no se equivoca. Hoy nadie recuerda al tango ganador, “Hasta el último tren”. “Balada para un loco”, en cambio –al igual que el repertorio genial de Leguizamón– demostró ser no perecedero, más allá de su espíritu poético de época. El espectáculo De Piazzolla y Ferrer, producido por el Teatro Colón, volvió a poner a Amelita en el mismo escenario cantando ese tema, esta vez acompañada por Horacio Ferrer, José Angel Trelles –quien lo cantó cuando ella se separó de Piazzolla–, la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires y el bandoneonista Néstor Marconi como invitado.

Más que a revancha, la puesta que se repitió el viernes y sábado pasado se pareció a una suerte de reconocimiento de época: lo que ayer fue ruptura, desafío, mojada de oreja, hoy forma parte del canon popular, y como tal fue abordado en estos conciertos. En ese canon, Amelita Baltar –siempre oscilando entre la señora bien de Barrio Norte y la mina rea de voz grave– sigue siendo una de las más ajustadas para cantar y decir estos versos de los que nunca se separó. Como también lo fue Goyeneche, quien se animó a grabar “Balada para un loco” cuando todavía estaba viva la polémica –apasionada por ese entonces, capaz de levantar hermandades y odios duraderos– sobre si era o no tango.

El repertorio de De Piazzolla y Ferrer pasó por los grandes hits de Pia-zzolla-Ferrer (“Chiquilín de Bachín”, “El Gordo triste”, “La bicicleta blanca”, además de la famosa “Balada...”) y por otros hits piazzollianos como “Adiós, Nonino” o “Decarissimo”. También hubo un espacio importante para temas de la operita María de Buenos Aires, aquel drama de una errante prostituta porteña que deambula entre la vida y la muerte, estrenado en 1968 en Buenos Aires con escasa repercusión de público y crítica y reestrenada a todo trapo en París en 1987. “Romanza del duende”, “Milonga de la anunciación”, “Contramilonga a la funerala”, en las voces de Baltar, Trelles y Ferrer, alternándose y juntos, y “Fuga y misterio”, en una cinematográfica versión con el violín solista de Pablo Saraví, fueron los tramos de la operita recreados en la puesta del Colón, ya cerrado y a la espera de que comience el anunciado “Master Plan”.

La mayoría de los arreglos sinfónicos estuvieron a cargo del director José Carli, quien ya trabajó en orquestaciones de piezas de Piazzolla. “Queremos evocar a ese que no está y siempre estará”, dijo Ferrer en un momento del espectáculo. Sobre el final, antes de un bis cantado y recitado por Baltar y Ferrer, dirigiendo la mirada hacia arriba, la cantante verbalizó una pregunta válida: “¿Qué dirá el maestro de todo esto?”.

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