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Domingo, 3 de diciembre de 2006

MUSICA › A POCOS DIAS DE UNA NUEVA VISITA, UN ANALISIS DE COMO EL ESPAÑOL SE CONVIRTIO EN CONTRASEÑA ARGENTINA

Las razones de una pasión llamada Sabina

El morbo tiene su influencia, pero el “fenómeno Sabina” encuentra sus raíces en una multitud de hechos, actitudes y hasta casualidades que le dieron semejante estatura de ídolo. Y sobre todo las canciones, que terminan aglutinando a varios públicos diferentes: 27 años y 17 discos después de Inventario, Joaquín se apresta para reventar la Bombonera.

 Por Karina Micheletto

Pasaron 27 años y 17 discos desde la aparición en 1978, de Inventario, su debut, que en los ‘80 circulaba en la Argentina como tesoro de unos pocos, en forma de casetes truchos, copias de copias no editadas aquí. Pasaron 17 años desde su primera vez, en pleno romance entre Mentiras piadosas y un público propio en formación. Y, de repente, Joaquín Sabina explotó. Emprendió giras kilométricas, comenzó a agregar funciones, a vender cantidades record de entradas en tiempos igualmente record, amplió su público a más de una generación. En la Argentina, el fenómeno se hizo visible a principios de este año en las imágenes de fans que acamparon en el Gran Rex y tuvieron que volverse sin entrada. Sabina se transformó en otra cosa, en una figura que excede a la del atorrante ronco. No fue un proceso instantáneo, aunque la explosión que provocó su reaparición, tras superar un infarto cerebral, lesiones en las cuerdas vocales y una depresión importante, sorprende hasta a sus productores. Hay algo en este nuevo Sabina que genera euforia.

Lo distintivo es el artista masivo que, a la vez, sigue conservando el perfil “de culto”. Hace rato que Sabina no se parece al personaje que construyó, habitante de los bares y las noches que dejaba el cuerpo y el corazón en cada amor imposible. Las letras de Alivio de luto, su último disco, ya no parten de aquel adorable perdedor. Y si hay alguna canción de amor atormentado, se la dedica a su hija Rocío. “No podía fingir que estaba rodeado de putas, metiéndome coca e invitando una ronda tras otra, cuando no era verdad”, explicó a Página/12. Pero aquel personaje sigue resultando eficaz, sólo que fue adoptado por un público más amplio y heterogéneo que el de sus primeras épocas. A los seguidores de Física y química les habrá parecido rara la postal que dejó el Gran Rex: hordas de chicas adolescentes gritando las letras de todos los temas. Eso sí: unos y otros se declaran incondicionales de Joaquín “desde siempre”.

“Los argentinos estáis locos”, dijo él en su visita anterior, en marzo, jurando que es el primer sorprendido. Desde 2000 que no actuaba en Buenos Aires, y los ocho Gran Rex que llenó no alcanzaron para cubrir la demanda. En aquel momento dejó picando la posibilidad de volver a hacer “algo más grande, con un formato más rockero”. Pronto se supo que llegaba a Boca y, agotados los tickets en tiempo record, hubo que agregar otra fecha.

Este morbo es mío

Hay una hipótesis que repiten propios y ajenos: la del morbo argentino como factor desencadenante. Se tiene la sensación de que Sabina está, pero podría no estar. Ir a verlo es, también, sentirse parte de la historia, ser dueño una experiencia que permita decir “yo estuve” el día de mañana. El se encargó de contar lo que le pasó en sus años oscuros, en reportajes y en su disco, donde exorcizó aquella “Nube negra” en una canción. Lo suyo es un renacimiento al estilo Maradona, en plena forma y en actividad. El mismo Sabina se rió de su condición de “muerto vivo” en un capítulo que dedica a la Argentina la biografía En carne viva, “El culo más hermoso del mundo (historia de la más feroz sabinamanía)”: “Lo que está pasando también tiene que ver con el hecho de que los moribundos, los póstumos, los muertos cantan mucho mejor que los vivos. En este país y en toda Latinoamérica”, sentenció.

“Hay un antes y un después de su enfermedad. En ese tiempo que estuvo sin venir lo mantuvo vivo el recuerdo de los tributos, el boca a boca, pero la gente lo quería volver a ver. Pero la Argentina tiene mucho morbo”, admite Alberto Miguel, de Artes Group, la productora en Argentina, Uruguay y Chile, que trabaja con él desde su primera visita. “Lo más impresionante es que lo descubrieron los chicos, además de tanta gente que nunca lo vio en vivo. El público actual es una mezcla de intelectuales, modernosos, hippies, chicas, viejos...”, describe. Si tiene que marcar un dato que lo sorprendió y no termina de entender es, más que la cantidad, la velocidad con que se vendieron las entradas. “Más rápido que Robbie Williams, más rápido que U2”, alardearon en su momento los organizadores. La venta de una cancha de Boca en cuatro horas suena a imposible si no se tiene en cuenta que las formas de venta tradicionales cambiaron. “Por eso se logra esa velocidad: el 80 por ciento de las entradas se vendió por Internet y se cayó el sistema, igual que con los Stones. En ninguno de los 40 puntos de venta había más de media cuadra de cola. La gente quizá tuvo miedo por lo que había pasado con el Gran Rex”, explica el productor.

El hombre del
marketing natural

El romance del andaluz con la Argentina es de larga data, y se refuerza cuando se comprueba que conoce el código local y está al tanto del contexto del país. Tanto como para bromear sobre el hotel Faena de Puerto Madero, donde se alojó en su última visita, y asegurar que “para compensar vamos al comedor de Castells, que nos da hamburguesas gratis”. Si a eso se suma al atorrante capaz de decirle en la cara a Cecilia Bolocco, en el programa de Maradona, que “alguna boluda” le armó la agenda que luego lo llevaría a visitarla en Chile, se tendrá al auténtico argentino, con ese acento castizo que tanto gusta.

“Sabina tiene un marketing natural que es muy bueno: hace lo que le gusta y funciona. Iba al programa de Adolfo Castelo en Canal 7 porque era su amigo, y no iba a ningún otro lado. Lo pedían de la producción de Susana Giménez y no había forma de convencerlo. Tampoco es un artista que suene demasiado en radios ‘de formula’. El fenómeno nunca vino por la promoción”, analiza Miguel. El productor acerca un dato para explicar la construcción del fenómeno: “Todo el mundo cree que es un loquito y es un profesional, riguroso en los ensayos y la puntualidad para los shows”, destaca. “Si tenemos problemas en la Argentina es justamente por los horarios: él quiere ser puntual y la gente está acostumbrada a llegar más tarde. Sabina es muy trabajador, basta ver la cantidad de conciertos que lleva dados en esta gira. Y tiene todo programado como para saber cuándo se puede desbocar y cuándo no, cuándo puede hablar, cuándo puede salir a divertirse y cuándo parar. Eso se lo dio la madurez. Supongo que el haber pasado por un estado crítico le hizo ver las cosas de otra manera”.

Gracias al catálogo

Aunque provoque con declaraciones críticas sobre los sellos y se ría de la piratería con el nombre de su gira (ver recuadro), Sabina es, para la industria, un apetecible “artista de catálogo”: vende todo el tiempo, todos sus discos. En los rankings de Capif aparecen varios de sus CD entre los 100 más vendidos, algo que no ocurre con el resto de los artistas rankeados. El último reporte de ventas mayoristas, incluso, ubica a Nos sobran los motivos en el lugar 21o del repertorio popular, por encima del nuevo disco, Alivio de luto (39o). También figuran entre los más vendidos 19 días y 500 noches y Física y química. Cuando se aproximan los shows, las ventas suben. Sabina llegó a la Argentina por primera vez en 1998, cuando presentó en el Opera su primer disco en estas tierras, Mentiras piadosas. “Pensábamos regalar las entradas, pero al final vendimos 700 ti-

ckets, algo brutal para un día de semana y un artista con disco reciente”, recuerda el productor que lo trajo. El programa de aquel concierto se vende en Internet a $29. Fue el único show de Sabina en el Opera: a partir de allí hizo el Rex, pasó a Ferro, al Luna, hasta llegar a Boca y otros cuatro estadios en el país.

El éxito no se verifica sólo en la Argentina: “En España también arrasa. En Chile hasta ahora no había logrado entrar y ahora agotó todo. En México hizo dos Auditorios Nacionales...”, se entusiasma su productor. Pero queda claro que las escenas de fanatismo que se viven aquí son patrimonio nacional. En forma esquemática, la historia de Sabina recomendaría a cualquier cancionista principiante que se dedique a hundirse después de un par de discos, que calcule bien el filo de la muerte y vuelva de sus cenizas para contar que sigue vivo. Eso sí: el aspirante a semejante reality deberá, además, ser capaz de hacer y cantar canciones con las que todos se identifiquen, o quieran identificarse. Canciones perdurables que enamoraban a los padres y ahora enamoran a los hijos. Y eso no es algo que pueda asegurar ninguna fórmula.

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Sabina arranca esta semana una gira que pasará por Córdoba, Rosario, Mar del Plata y Capital.
 
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