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Sábado, 7 de julio de 2007

MUSICA › ADRIAN DARGELOS, MARIANO ROGER Y EL PRESENTE Y FUTURO DE BABASONICOS

“El músico no cree ser referente”

El show gratuito de hoy en Figueroa Alcorta y La Pampa servirá para empezar a despedirse de Anoche. Mientras tanto, el dúo analiza lo que realmente le importa: su propia pasión.

 Por Mariano Blejman

La cita es en una librería de Palermo y el guitarrista Mariano Roger está desde hace rato buscando un espacio para hablar tranquilo en un contexto donde nadie lo hace. “¿Y por qué nos citaron en esta librería? Ahh... ya sé, porque acá hicimos la última nota”, dice, un tanto irascible, Adrián Dárgelos, hombre-carisma del rock nacional. Si alguien encarna como nadie la pose del rockero, es Dárgelos y sus lentes oscuros, quien supo caminar con hidalguía el camino del show biz, la senda del rock comprometido y el cinismo de la estrella. Desde octubre de 2005, con la salida de Anoche (el mejor disco de rock argentino de ese año), Babasónicos quedó sumergido en una vorágine de presentaciones que casi no se han detenido hasta ahora, cuando llegan al último show del año en Buenos Aires, gratis, en Figueroa Alcorta y La Pampa, en el marco del Motorkr, desde las 18. Aunque, para ellos, queda todavía una gira por el interior para presentar Luces, el DVD que acaban de editar. Pero hay un juego que le gusta jugar a Dárgelos desde hace años, y es el del sarcasmo y la provocación, una costumbre casi olvidada del rock vernáculo. Y se nota ante la primera pregunta que se le hace, cuando Dárgelos se anticipa a los deseos del cronista. “Y qué... ¿Vamos a satisfacer tus ganas? ¿Desde hace cuánto tiempo tenés ganas de preguntarnos algo?”, repregunta.

–¿La responsabilidad del músico es una responsabilidad y una carga cada vez mayor o es un juego retórico, sin importancia para ustedes?

Adrián Dárgelos: –¿A partir de la conciencia del músico o de tu perspectiva como periodista? ¿No compusimos “Irresponsables”? El músico no cree que tiene que ser un referente.

Mariano Roger: –Tal vez se puede inspirar a alguien. Podés quedarte en eso, en inspirar, en vez de bajar línea... Pero no como algo previsto, sino por lo que hacés en un show o un disco. Eso es mejor que decir “los jóvenes deberían hacer esto”.

–Sin embargo, son habituales sus miradas analíticas sobre lo que pasa con el rock. ¿No les empieza a cansar?

A. D.: –¿A vos te cansa? Nunca lo pensé como ejercicio. Sino... cómo sería, lo que yo digo a partir de cómo pienso el rock... en algunas entrevistas, cuando nadie me pregunta nada, lo digo. Es eso, lo que pasa es que estás empezando con el resumen de 18 años de notas encima. Los Clash tocaron 7 años, ahora no dan notas, te tenés que hacer la paja con lo que dijeron esos años. A nosotros ya no tienen muchas cosas para preguntarnos. Deberían preguntarnos menos. Habitualmente no estoy pensando en el rock, cada tanto surge en una conversación.

M. R.: –Es más requisitoria que algo que nazca de nosotros. Las respuestas nacen cuando aparecen las preguntas. El periodismo de rock busca que los músicos opinen de otros músicos...

–Este show llega en un contexto con muchos productos de Babasónicos...

A. D.: –¿Productos? Sí, vamos a sacar la línea de autos Babasónicos. Lo de productos puede ser un poco despectivo... La banda de sonido de una película (Las mantenidas sin sueños de Vera Fogwill) es una obrita, no es un producto. Luces tiene otras características, sigue estando el productor, un director, tiene otros procesos. Cuenta una historia, tiene una narración, mientras que un disco de estudio es más caótico y tiene sus propios caminos para llegar.

–¿Es un trabajo sobre otro trabajo?

A. D.: –Eso es un videoclip: un trabajo sobre otro trabajo que no es obra. El DVD es un lenguaje al que no habíamos querido acercarnos. Nunca nos interesó demasiado el show en vivo.

M. R.: –De los miles de discos que hay en vivo, me deben gustar cinco.

A. D.: –Son muchos. Más que nada lo hicimos como registro de época. Nos empezaron a pedir algunos amigos, porque nuestros shows siempre son distintos. Hubo un período donde cambiábamos la puesta, teníamos otra escenografía. Y, como la mayoría de esos shows no se repiten, empezaron a decir que los registráramos porque también existe un frenesí del público. Hay un clima que se vive, entre el efecto sorpresa y la dinámica de un show, y nos decían que sería bueno registrarlos, y como estamos llegando a nuestros 17 años, aceptamos. A mí me gustaría tener una foto con cada Cemento, con escenografías distintas cada vez. Hicimos 22 o 23 Cementos y no tengo registro de ninguno.

M. R.: –Debe ser por el no autorregistro que tuvimos siempre.

A. D.: –No porque las vaya a estar viendo, pero me gustaría que quedaran. Esos Cementos desde ’94 al 2000 fueron más que los Luna Park.

–¿Extrañan el lugar?

A. D.: –No, pero es un registro de todos nuestros shows distintos. Sería anecdótico conseguir 95 fotos y que un día digas “miren esto”. El ciclo del Luna Park del año pasado quedó en el DVD. Pero tiene una idea, no es un show testimonial o un correlato del vivo. El DVD tiene una edición “fantástica”. Está trabajado sobre cierto misterio, no hacemos luz de televisión, blanca... Hay oscuridad, contraste, fondo, siluetas, soporta un relato bastante real de la época, cómo somos. Tiene cierto romanticismo sobre el rock. Es el repertorio de la época, lo que se está grabando en ese momento. Babasónicos nunca hizo un show que contenga mucho más que el último disco. Y algo más de los más recientes: la dinámica está soportada en el presente.

–¿El pasado no les pesa al armar la lista de temas?

A. D.: –No me lo planteé, como tampoco me planteo hablar sobre rock.

M. R.: –Yo creo que el camino es de doble riesgo. Nos planteamos, cuando sacamos un disco, que el show gire en torno de ese disco. La mayoría de las canciones gira sobre el último disco y el anterior. Por un lado está bien, porque la cosa está más cerca, pero también nos hace trabajar más. Nuestro show siempre necesita una cuota de novedad que necesitamos, pero también necesitamos grabar un disco nuevo. Si fuéramos más retrospectivos y más revisionistas, no necesitaríamos hacer un disco nuevo. Si no, hacemos Trance Zomba, y no está mal, no critico a las bandas que lo hacen..

–Esta es una época fuerte de revisionismos.

M. R.: –Esto es nostalgia. Revisionismo sería si hiciéramos un tema de Pasto.

A. D.: –O Babasónica, que cumple diez años.

M. R.: –Nos gustan los shows de la última parte y grabamos un disco para reinventar el repertorio. No decimos “vamos a hacer un tema de Pasto...”, que no está mal tampoco.

–Estaría bueno que se separaran, para volver a juntarse.

M. R.: –Deberíamos habernos separado hace muchos años, porque es un negocio del momento.

–¿Ya llegan tarde?

M. R.: –No, tal vez haya una nueva ola de nostálgicos para ese momento.

–¿Cómo les cae la ola de vueltas?

M. R.: –Como cualquier moda. Es una tendencia. Pero no sólo es acá, es en todos lados. Es un efecto que empezó y terminó. Así estamos seguros, no hay que arriesgar mucho. No tenés que investigar nada, ni trabajar. Se armó, se separó, ya está. No quedó nada.

A. D.: –Así no hace falta sacar discos.

–¿La responsabilidad es de los músicos y de la industria?

M. R.: –Como contrapartida están Los Rolling Stones, que para cada gira hacen un disco y podrían hacer giras con el pasado. Te puede gustar o no, cuando vienen todos quieren que toquen “Paint it black”, pero los tipos tocan el tema nuevo.

A. D.: –Pero no les hacen nota, entonces no les preguntan esas cosas. Y si hacen notas son en el Puente de Brooklyn, pero viene el de seguridad y les pega a los fans, o a los periodistas, y los tipos dicen “no entiendo lo que me dice”. Nosotros no somos así.

M. R.: –Si alguien tiene ganas de ver las bandas separadas que se juntan, es válido.

–Compositivamente, ¿en qué etapa están?

A. D.: –Empezando.

M. R.: –Como en los últimos tres o cuatro discos, no veníamos componiendo canciones. No tenemos una idea previa. Yo debo tener alguna, otros algo más. Pero después empieza a salir todo nuevo.

A. D.: –Nunca una canción es lo que es. Todos las componen encima. A partir de ahí empezamos de cero. De todos los discos nos sobran temas. De Anoche deben sobrar 12 o 10 temas, de Infame también.

–Algún día editarán las “rarities”.

A. D.: –Ya está “Carolo”, pero no sé si lo vamos a sacar, porque ya sacamos muchos “productos”.

–Cada vez aparecen distintos formatos...

M. R.: –Las canciones siguen existiendo. Por más que los formatos cambien, alguien tiene que componer las canciones, por más que te vengan en un chicle.

A. D.: –Es problema de las compañías. El DVD es platino real en una semana.

M. R.: –A mí me está gustando. Es más divertido, hay una inmediatez mayor que con los simples de los ’60.

–¿Eso cambia la concepción de la obra?

A. D.: –En el disco hay 30 a 35 minutos de música. Es todo. ¿Para qué más? En el show, los otros 40 o 50 minutos, es lo que nos gustaba de lo que veníamos tocando.

–¿Y cómo va a ser el listado del show?

A. D.: –Algunas canciones no las tocaremos más. Es el último show en Buenos Aires. Nosotros no somos tan estratégicos. Todo nos importa un porongo. La gente intima con nosotros y nos pregunta sobre el peso molecular del azúcar, nos creen muy ilustrados y nos mandan a una librería a hacer una nota porque nos gustan los libros. A mí me gustaría que las canciones las toquen otros músicos.

–¿Les gustaría que hicieran homenajes con ustedes?

M. R.: –Puede existir alguien al que le guste hacerlo. Pero me da la sensación de que cuando te homenajean hay algo que está mal, que perdiste cierto contacto con la vigencia del momento.

–Spinetta se enoja cuando lo homenajean.

M. R.: –Debe ser por eso. Además, es Spinetta, está bien. Es un genio.

A. D.: –Babasónicos nunca dejó de funcionar. Ni está pensando en más allá de hacer temas. La cantidad de veces que me ofrecieron presupuesto para hacer una película...

M. R.: –Eso es de otras bandas que organizan cosas.

A. D.: –Eso es a falta de repertorio nuevo. Una moda. No aspiramos más que a hacer un disco increíble. Los vamos a inundar con melodías, queremos un disco buenísimo. Pero no tengo pistas, lo estamos buscando.

–¿Influye el contexto?

A. D.: –La coyuntura, no el contexto. Nadie vive aislado: tocás para la gente... una reflexión sobre el rock: el rock es deseo, está dentro del marco de lo consumible. La gente gasta dinero para ver rock.

–En este momento es un gran negocio en Argentina.

A. D.: –Desde la década del ’50 lo es en otros lados. Aquí, va a serlo de ahora para siempre. Más allá de los productores, la piedra fundamental es la composición. Después sí, tiene que haber intérpretes, productores, escenarios, Pop Art, CIE Rock & Pop... pero en 2003 fue todavía más fuerte.

M. R.: –Hay un furor de lo que hablamos antes: una megasituación nostálgica.

A. D.: –¿Cuántos River hubo el año pasado? Ahí tenés el flujo de determinados sponsoreos, pero deberíamos estar contentos y orgullosos. A diferencia de otros países, somos un país donde los jóvenes componen en la cultura popular, otros con sus gustos dictaminan, pero no es todo tan superdigitado que si quieren imponer esta banda, te la imponen... En otros países no hay esto. El nivel de quilombo de compositores a los que les gusta el rock, de gente que anda por la calle con remeras de rock. En Estados Unidos hay otra clase de espectáculos, con seguridad, no hay under: no se puede fumar, no hay menores, hay muchas restricciones para entrar a un show. Acá no había restricciones hasta hace poco; ahora hay algunas, pero es un lugar donde el rock sucede. Las municipalidades pagan shows como regalos a sus comunas, no hablo de Buenos Aires, sino de la fiesta de la manzana en no sé dónde. Es música popular, y no sé en qué otros países sucede así. En España menos del 10 por ciento de la música popular es rock. En Inglaterra, generalmente, las bandas pagan para tocar.

–¿Está cambiando el público?

A. D.: –No sé, no hago censos... Cuando salgo al escenario los veo gritar y me parece buenísimo, están contentos.

–Sólo que antes pedían la púa y ahora sacan foto con el celular.

M. R.: –Es un cambio de costumbre, es lo mismo la foto que la púa. Es el mismo nivel de absurdo, el móvil es el mismo. Cambian los métodos, sacan una foto movida que no se ve nada, es absurdo pero lindo, lo van a tener ahí... La generación de los celulares tiende a pensar que todo lo que hacen es bueno. Tienden a hacer discos y películas. Pero si son felices...

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