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Martes, 16 de octubre de 2007

MUSICA › IBRAHIM FERRER JR. ACTUA HOY EN OYE CHICO

“El que no tiene un músico en la familia no es cubano”

El cubano afincado aquí presenta su nuevo disco, Al son de un homenaje. Y revisa una vida marcada por el viaje permanente.

 Por Cristian Vitale

Sorprende. Ibrahim Ferrer hijo no parece lo que es: un capitán de marina mercante. Altísimo, negro profundo, voz grave y mojito en mano, da más con su otro perfil, el de cantante de son, que con el grado militar que lo llevó a recorrer el mundo en barco, entre grúas, buzos y limpiadores de minas. “Me pasé 29 años viajando, ¿sabes, chico?”, irrumpe, con un tono caribeño inconfundible. En 1975, mientras su padre –futura estrella del Buena Vista Social Club– ensayaba en las callecitas musicales de Santiago de Cuba, él se graduaba como ingeniero naval. De ahí su pasión por el mar: habla de Sudáfrica y Madagascar; de las ciclópeas vueltas por el globo que lo llevaron a varar un año y medio en Comodoro Rivadavia, a sufrir raras aventuras en la India o al presidio que tuvo que sufrir en su última misión. “Como en la tropa había rumanos, filipinos, griegos y rusos nos detuvieron en Irán durante la guerra del Golfo y estuvimos un año y ocho meses sin poder movernos. Ahí dije ‘no navego más’”, se ríe. De no haber sido por el incidente, tal vez, el junior de gen salsero jamás hubiese echado raíces en Argentina –donde vive hace ocho años– ni editado el disco que hoy se presta a mostrar en Oye Chico (Montevideo 310). Se llama Al son de un homenaje e implica un retorno a la vieja trova. A esa mezcla de son, salsa y santos populares que Cuba lleva en sus venas desde los albores del siglo XX. “Homenajeamos a todos aquellos compositores y autores que no tuvieron la posibilidad de ser oídos”, sintetiza.

–En principio, muestra la otra Cuba, la del baile y el cuerpo. En un momento se instaló fuerte la nueva trova, con su ética y su estética tan particulares, y se confundieron un poco las tradiciones. ¿Es su fin recuperar ese folklore “descriptivo” y vivencial?

–Lo nuestro es una expresión más sentimental, más arraigada a lo popular que a una forma de protesta. Nuestra base es la trova tradicional, porque la nueva trova es un producto genuino de los años setenta, cuando en Cuba se prohibió la entrada de música extranjera. La nueva trova nace como una forma de protesta, porque en otros países no dejaban entrar música cubana, pero la nueva, porque la trova siempre existió... somos trovadores desde los años ’20, cuando los hombres miraban la luna y sacaban una canción.

Ibrahim Junior tiene 50 años. Vive en Argentina desde el 17 de diciembre de 1999, habla ruso, portugués e inglés, tiene una hija porteña y un background entrecortado pero intenso: fue bajista de la orquesta Los Kuaceres, cantante de Ochungueres, protagonista de la legendaria banda creada por su padre (Los Bocucos) y del mismo Buena Vista Social Club. “La música para mí nunca desapareció. Incluso, cuando navegaba tocaba arriba de los barcos. Es una vocación muy cubana... el que no tiene un músico en la familia no es cubano (risas). Me acuerdo de que en casa nos levantábamos y sonaban Benny Moré, Lily Martínez, los Cinco Latinos... uno atrás del otro. Y mi papá ensayando en la terraza todo el tiempo.”

–Un animal musical, su padre.

–Más que eso, un autodidacta. El nunca estudió música: cantaba con el corazón. Creo que por eso llegó... y porque nació en un baile. Yo también nací en un lugar plenamente musical. En Santiago se hacen las congas más grandes del mundo, los carnavales más importantes después de los de Brasil. La gente decía, cuando era chico, que no había nada mejor que tener una guitarra en la mano, una maraca y tomarse un traguito de ron.

–¿Es nostálgico de eso?

–Mi batalla es que quisiera dividirme en dos, estar allá y acá. Ojo, yo nací con la Revolución y me siento orgulloso de ella, porque gracias a ella estoy acá, aprendí a ser lo que soy. Tuve libertad para poder moverme, aunque la gente diga que hay limitaciones. Yo he salido y entrado muchas veces de mi país y nunca he sido de la seguridad de Estado, ni he estado vinculado con el gobierno. Simplemente estudié y tú sabes que un negro no puede hacerlo en un país capitalista donde existe explotación racial. He vivido en muchos países y sé de las tres etapas de la evolución del hombre: capitalismo, socialismo y comunismo.

–¿Y Cuba qué es?

–Un país socialista que se dejó llevar por ideas por las que no debería haberse dejado llevar, porque cuando se cayó la Unión Soviética se cayó todo... no era tan fuerte el socialismo. Y hoy, Rusia es el país donde más explotación hay. Lo único que existe es el capitalismo, porque lo estoy viendo, aunque me gustaría que todo hombre tuviera un pedacito de libertad para hacer y derecho para actuar. Esa es mi política, además de ofrecer mi música para que todos estén contentos, y se olviden de los problemas.

–¿Por qué se radicó en Argentina?

–Este país siempre es una curiosidad para los cubanos. En la tele, cuando era chico, veía a Libertad Lamarque, Estela Raval, películas tipo El Capitán Miranda o La guerra gaucha, y me encantaba oírlos hablar.

–“Santa Bárbara”, de Eduardo Suárez, es el tema clave del disco: un ruego por la paz...

–Es que mi experiencia como militar me llevó a reflexionar que si hay guerra, si los pueblos se pelean, jamás se va a poder disfrutar de la música, de lo lindo de la vida. Le pedimos paz a Santa Bárbara, porque sin ella es imposible que te puedas inspirar.

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Embarcado como ingeniero naval, el hijo de Ibrahim Ferrer pasó 29 años girando por el mundo.
 
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