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Martes, 27 de noviembre de 2007

MUSICA › CONTEMPORANEA EN EL SAN MARTIN

Clásicos y modernos

Marcelo Delgado y Santiago Santero dirigieron dos conciertos con estrenos argentinos y obras de grandes autores del siglo XX: Varèse, Ginastera, Cage, Scelsi, Webern y Ligeti.

 Por Diego Fischerman

En dos noches, dos de los divulgadores más importantes de la música argentina actual dirigieron dos conciertos ejemplares en varios aspectos. Como parte de la decimoprimera edición del Ciclo de Música Contemporánea del San Martín, Santiago Santero condujo un combinado de percusionistas argentinos y uruguayos en un programa que incluyó una de las obras que cambió para siempre el universo de lo posible en materia musical, Ionisation, de Edgar Varèse, junto a la excepcional Cantata para América mágica, de Alberto Ginastera, y composiciones de John Cage y Giacinto Scelsi. Y, al día siguiente, Marcelo Delgado, al frente de su Compañía Oblicua, brindó un panorama que abrevó en clásicos de la creación del siglo XX, como el Concerto Op. 24, de Anton Webern, y el Concierto de cámara, de György Ligeti, y presentó composiciones de los argentinos Graciela Paraskevaídis, Julio Viera y Marcos Franchiosi. En ambos casos, la calidad de la interpretación se unió a la inteligencia con que fueron elegidos los repertorios para producir hechos que trascienden en mucho la mera fórmula del concierto.

La idea de un arte contemporáneo, es decir un arte que discute a la tradición, que la reformula, la mira desde otro lado y propone nuevas gramáticas para la emoción, por algún motivo encontró mucho menos adeptos entre el público de la música que en el de las artes plásticas o la literatura. Sin embargo, ese festival cuenta con seguidores fieles y, sobre todo, agrega cada año nuevos curiosos. El hecho de que la música de la época de Picasso sea, todavía, algo para descubrir es un dato, en todo caso, de ese corrimiento. A diferencia de lo que sucede con otras artes, la corriente central de la música llamada clásica está ocupada por obras anteriores a 1900. Y el hecho de que para muchos de los numerosos asistentes al concierto de percusión fuera la primera ocasión de escuchar una obra de Ginastera –un compositor canonizado, podría decirse–, escrita hace casi cincuenta años, es un signo de un problema adicional. Sin industria discográfica fuerte, con la universidad ausente de proyectos relacionados con el arte –a diferencia de lo que sucede con la UNAM mexicana, por ejemplo– y con apoyos oficiales escasos y erráticos, la Argentina es un país de primeras –y únicas– audiciones, aún en los casos de los autores más reconocidos.

Santero condujo a los uruguayos de Perceum y a un grupo de excelentes instrumentistas argentinos con precisión y detalle. La cantante Virginia Correa Dupuy logró una notable interpretación de las complejas alusiones al folklore latinoamericano escritas por Ginastera. Y tanto en la poderosa Construcción en metal, de Cage, como en la poética, casi inmaterial, Funerales de Aquiles, de Scelsi, el resultado fue óptimo. Delgado, en un concierto al que bautizó correspondencias, agrupó las obras en bloques, separados por un oscurecimiento de la sala y por la proyección de algunas imágenes. Cada uno de los bloques (Varèse-Paraskevaídis, Webern-Viera y Ligeti-Franchiosi) buscaba señalar diálogos entre obras y estéticas. Precisamente las correspondencias del título. Con gran detalle en los planos y un grupo de músicos comprometidos, Delgado consiguó un relato fluido, donde la precisión no impidió lo expresivo.

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Santiago Santero condujo a un combinado de percusionistas argentinos y uruguayos.
 
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