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Miércoles, 5 de diciembre de 2007

MUSICA › SOLEDAD VILLAMIL MUESTRA SUS CANCIONES MAÑANA EN EL ND ATENEO

“Esto fue mi primera vocación”

Momentáneamente retirada de la actuación para darle espacio a la música, Villamil se siente a gusto con un repertorio en el que conviven valses, tangos, milongas y chamarritas. “Cada faceta tomará su lugar. No es que una excluya a la otra, se trata solamente de organizar bien la agenda... creo que pueden convivir”, dice.

 Por Cristian Vitale

“La música que escucho no es la que canto y la que canto no es la que escucho”, sorprende Soledad Villamil. Y se ríe. Para entender mejor, la primera acción es desactivar toda secuencia relacionada con su exitosa carrera actoral e internarse en su presente inmediato: la música. Villamil le puso un paréntesis a la actriz y le abrió comillas a la cantante. A una cantante –está dicho– con sus bemoles: el repertorio criollo-campero que puebla su disco debut (Soledad Villamil Canta) no es necesariamente la banda de sonido de su vida. “Mis preferencias van por el lado de la música brasilera, el jazz, la música clásica y el pop... esto es lo que escucho en casa.” ¿Y entonces qué?: dado su tacto teatral, le pareció que ese conglomerado de valses, tangos, milongas y chamarritas, que presentará mañana en el ND Ateneo, era el más eficaz para generar un espectáculo integrado. Elegir, de primera, “El aguacero” –tango campero– predeterminó el tono del resto. “Es parte del misterio del arte y no está bueno apretarlo para que hable”, explica. “‘El aguacero’ fue una especie de orientador en relación con la búsqueda. Me gusta que el espectáculo, más allá de la habitual sucesión de canciones, conforme un recorrido, un color. Lo que elijo para cantar tiene que tener la cualidad de poder integrar un espectáculo.”

Tras la canción pampeana de José Carlos y Cátulo Castillo, aquella Eva de Locas de amor hizo a un lado sus preferencias y se internó en una estética esencialmente yupanquiana. De “Chamarrita de una bailanta” (Alfredo Zitarrosa) saltó a “Milonga del solitario”, de Yupanqui. De “Adiós pampa mía” (Canaro-Mores) a otra de Atahualpa (“El aromo”) y así. Y reelaboró, bajo las mismas coordenadas, el espectáculo que ya había presentado el año pasado en el Tasso. “Fue un proceso de reelaboración musical. Al cuarteto que presentamos en el vivo –guitarra, percusión, contrabajo y bandoneón– le agregamos cuerdas, más percusiones y nos dio el disco, cuya característica principal es su tono acústico”, extiende.

–¿Siempre le gustó cantar?

–Toda la vida... la música fue mi primera vocación. Estudié flauta, bandoneón, guitarra y piano, pero no podría tocar ninguno de estos instrumentos en un escenario. Los toco todos, pero ninguno bien (risas).

–¿Y por qué tardó en revelarla? ¿Su trabajo como actriz fue un freno?

–No precisamente, porque cuando se me clarificó la necesidad de expresarme a través de la música, fue cuando hice el espectáculo Recuerdos son recuerdos con Rita Cortese. Ambas estábamos haciendo una obra de teatro en el San Martín, y en los camarines cantábamos y fantaseábamos todo el tiempo con hacer un espectáculo cantado. Después vino Glorias porteñas, un musical donde todavía había una gran cuota de teatro y ahora pude plasmarlo completo. Es una oportunidad que me di a mí misma, pero que no estaba frustrada ni tapada.

–¿Cómo proyecta congeniar ambas facetas?

–Calculo que cada una tomará su lugar. No es que una excluya la otra, se trata solamente de organizar bien la agenda... creo que pueden convivir.

–¿Se cansó de actuar?

–Es posible. Después de Locas de amor terminé muy cansada físicamente. En ese momento se dio también que quedé embarazada de mi segunda hija y eso produjo un parate en mi actividad. No fue un agotamiento profesional, porque mi trabajo como actriz es sumamente variado, pero sí me sentía consolidada y tranquila como actriz. Esta tranquilidad me dio aire para aflojar y no sentir que una ausencia me iba a borrar del mapa. De más joven y con menos experiencia sí, me pesaba.

El plan mamá-hogar que implica criar dos hijas –Violeta y Clara, 7 y 2 años–, más una agenda que se ajusta rigurosamente a los vaivenes de la actividad musical patearon a la Villamil actriz al largo plazo. Lo primero que proyecta es intervenir en un film de Juan José Campanella, que recién comenzaría a filmarse a mediados del 2008. No más. “Cantar y criar dos hijas ya es suficiente por ahora”, dice.

–¿Cuáles son sus referentes dentro del canto femenino?

–Muchas: Marisa Monte, Gal Costa, Mercedes Sosa, Lidia Borda y Ella Fitzgerald, no porque pretenda imitarla sino porque ha inaugurado mundos con su voz.

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“Me gusta que el espectáculo, más allá de la sucesión de canciones, conforme un recorrido.”
 
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