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Domingo, 6 de enero de 2008

MUSICA › NELLY PRINCE TAMBIEN CANTA

“Me encantan los tangos dramáticos”

La actriz reveló su faceta, mucho tiempo postergada, en Tarde, su notable CD. “Hago versiones repesadas”, advierte.

 Por Cristian Vitale

El imaginario lejano detecta a Nelly Prince como pionera de la televisión argentina, o como locutora, o como actriz de comedia: La pandilla Marilyn, El show de Nélida Lobato, La familia Gesa, Tato siempre en domingo; el cercano, igual: Lita, la “bienuda” madre de Andrea Frigerio en Los Roldán, o Ana, otra madre de Los machos. “Como una loca que hacía de todo”, se ríe ella. Pero difícilmente ocurra con algo que siempre hizo: cantar. Gambetas del imaginario, entonces. La madre de Cristina Banegas –también actriz, también cantante– no sólo canta sino que lo hace estupendamente bien. ¿La prueba? Tarde, el disco de tango que arriesgó junto a su hija y Edgardo Cabezas, y que Acqua tomó para engrosar su catálogo de sorpresas. “Me pareció un título apropiado, pero se me ocurrió medio en broma. He grabado discos de pasta, casetes, pero jamás un CD. Además, Cristina me decía ‘mamá, nunca es tarde’. Ella dice que es una reparación histórica y yo me río, porque digo que van a pensar que soy Matusalén. Está bien que tengo años, pero no son tantos”, se ríe ella. Tarde, en concreto, implica un despojado recorrido por 14 piezas del tango categoría 1940, más un anónimo centroamericano (“Habanera”) “para bajar”. Es que por títulos y tratamiento estético, el disco suena denso. Intenso. “Duro”, según su definición. “Fuimos”, “Maquillaje”, “Como dos extraños”, “Desencuentro” o “Afiches”, recuperan –en su voz– un aura casi pura, que difícilmente logren los neointérpretes del género.

“De chiquita, al estar en el mundo del espectáculo, me conocían todos los grandes: Troilo, los hermanos Expósito, etc. Pero a mí no me entusiasmaba el género, no lo entendía. Hoy, me encantan los tangos dramáticos... esas joyas que en tres minutos te cuentan una historia”, define. Su conversión ocurrió, paradójicamente, en el momento de mayor decadencia del género: la década del setenta. De mechar canzonettas italianas, canciones melódicas a la moda o clichés en portugués en un sinfín de comedias musicales, Nelly se pasó de bando. “No es que nunca lo cantaba... de hecho, la primera película que hice fue Yo llevo un tango en el alma. Mirá vos: tenía 16 años, me acuerdo”. Hoy, aquilata saber noventa temas “de memoria” y ama esas historias desgarradas, catárticas, pesadas, a las que se entrega con fervor de recién convertida. “Yo que sé cuando sos joven, te parece que el tango es dramático. Tiene que ver con las cosas que pasan en la vida: con los sufrimientos, las amarguras. Esto no significa que uno no las tenga de joven, pero el asunto es cómo te las bancás. Igual, yo siempre me las banqué”.

–¿Podría establecer con mayor precisión quién le destapó su veta tanguera? Se nota que canta con pasión, sintiendo cada palabra, cada concepto...

–Una vez, en Radio Splendid, estábamos hablando con Goyeneche apoyados en el piano y me pasó la fórmula: “Nelly, el secreto es saber lo que estás diciendo”. Claro, los poetas del tango mandaron un mensaje enorme, que hay que trasmitir en profundo. Y eso es lo que hago.

Coqueta, viuda reciente, rodeada de arañas y pequeños lujos caseros en su departamento de Palermo, Prince recalca una y otra vez el trabajo de Cabezas, arreglador y director musical. “Fue una pegada dar con él”, admite. En rigor, el guitarrista transforma piezas compuestas para brillar en orquestas, en versiones lánguidas, sutiles. Donde la lógica demanda pomposidad, Cabezas arriesga mandolina, guitarrón, laúd o requinto. Todo “a secas”. La delicadeza de un instrumento por vez más la omnipresencia de su voz, logra una completud estética, sin sobras ni faltas. “Tuvimos muchas charlas con Cristina y con él. Les dije: ‘Lo que no me gusta del tango es el chan-chan... a mí me gusta el vuelo’. Y lo captaron enseguida.”

–Paradoja. Mientras su hija va muy atrás y versiona tangos reos, usted se posiciona más cerca en el tiempo. ¿Sólo casualidad?

–Hay otra paradoja que tiene que ver con lo mismo. Cristina, como actriz, tiende al drama, pero cuando canta, se manda unos tangos reos que te morís de risa. Y yo, que casi siempre me dediqué a la comedia, hago versiones repesadas. Cuando hicimos el ciclo en Notorious, las mozas se acercaban y me decían: “Están todos llorando, vamos a ponernos a vender pañuelos así nos llenamos de plata”. En el vivo, ponemos toda la carne al fuego y mucha gente viene a verme... tal vez muchos digan ¿qué estará haciendo esta loca ahora?

–Dada su extensa trayectoria en tv –pasó por todos los canales de aire–, ¿qué opinión tiene sobre los contenidos actuales?

–No sé. Veo que la gente talentosa no figura en ningún programa, no hay cabida. El que no tiene tv en su casa no se pierde nada, porque es un bodrio. Yo miro poca: el Animal Planet, History Channel y no más. Un programa como Gran Hermano es procaz y ordinario, realmente. A mí no me van a asustar las malas palabras porque las digo todas, pero el buen gusto es algo que no debe perderse. Y bueh: tarados hay en todos lados. Lo que me parece un enorme absurdo es decir que el que no está en televisión no existe... es una estupidez redonda.

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“Una vez, Goyeneche me pasó la fórmula: ‘Nelly, el secreto es saber lo que estás diciendo’”, dice.
Imagen: Pablo Piovano
 
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