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Miércoles, 31 de diciembre de 2008

LITERATURA › LA INTERRUPCION DE UNA LINEA DE SUBSIDIOS PARA EDITORIALES

La última cruzada contra los libros

Los sellos independientes reclaman por la eliminación de un programa del gobierno porteño que estimulaba mayor riesgo creativo e intelectual que el de los títulos comerciales. “Ayudaba a crear nuevos nichos de mercado”, explican.

 Por Silvina Friera

El año no termina con buenas noticias para los editores independientes. Hay malestar, preocupación y una indignación, contenida con vanas promesas, que ahora estalló. En una carta pública, la asociación de Editores Independientes de la Argentina por la Diversidad Bibliográfica (Edinar) rechaza la eliminación por parte del gobierno de la ciudad de los subsidios al sector editorial que se venían otorgando en los últimos años a través de la Dirección General de Industrias Culturales, hoy convertida en Dirección General de Industrias Creativas, a cargo de Alejandra Ungaro. “Además de otras políticas públicas culturales, los programas de subsidios a la edición fueron las que mejores resultados tuvieron. Con un aporte económico estatal muy moderado (se cubría del 50 al 70 por ciento de los proyectos con un tope de 30.000 pesos por proyecto), se lograron excelentes resultados, fundamentalmente porque estimularon apuestas con mayor riesgo creativo e intelectual que las que cuentan con la garantía de la comercialización regular –explica la entidad–. Esto ayudó a que se crearan nuevos nichos de mercado antes inexplorados, que se lanzaran nuevos autores argentinos, que se introdujeran en el país a través de compra de derechos y traducciones valiosas obras extranjeras, que los libros argentinos encontraran nuevos mercados en el mundo a través de los viajes de los editores a las ferias internacionales.”

Edgardo Russo, de la editorial El Cuenco de Plata, advierte que la eliminación de los subsidios es “sin duda grave” y por lo demás “discriminatoria” en cuanto al campo editorial, “ya que otras industrias culturales, como las dedicadas a medios audiovisuales y discográficas, aparentemente siguen obteniéndolos”. El plan de subsidios a las industrias culturales, que había sido formalmente aprobado por la Legislatura porteña en el año 2003 –recuerda Ru-sso a Página/12– fue manejado “con absoluta transparencia por las gestiones anteriores y permitió la realización de proyectos que sin contar con dicha ayuda hubiesen sido imposibles o cuanto menos arduos o dificultosos de emprender”. Russo aclara que “los subsidios nunca fueron entregados a dedo, sino que había que concursar y presentar proyectos detallados y fundados”. Constanza Brunet advierte que para una editorial pequeña como Marea, que publica un promedio de diez títulos al año, tener la posibilidad de una ayuda económica para sacar dos o tres títulos más al año representa un porcentaje muy grande de la producción. “En una editorial de estas dimensiones y con objetivos culturales, no hay acumulación de capital, por lo tanto, son difíciles también los proyectos que impliquen una inversión extra como viajes a ferias en el exterior, compra de derechos para traducción, pago de anticipo de derechos de autor, proyectos de asociación con otros editores pequeños. Todo eso financiaba las distintas líneas del subsidio –subraya Brunet–. Durante el 2008 nuestro objetivo era anotarnos en la línea de participación de ferias en el exterior y conseguir ayuda para viajar a la feria de Frankfurt, que es muy costosa. Nuestra idea era aprovechar la perspectiva de Frankfurt 2010 y estar presente dos años antes, que es el tiempo con el que los editores alemanes y de otros países compran derechos para traducción.”

Gracias a los subsidios que recibió El Cuenco de Plata, que ha ganado alternativamente, durante los cuatro años de la gestión anterior, los subsidios a la producción y a la traducción (el reglamento establecía que una editorial no podía presentarse dos años consecutivos en la misma categoría), la editorial pudo llevar adelante proyectos como El libertino erudito, una colección de clásicos raros de la filosofía, con traducciones cuidadosamente anotadas y prologadas por especialistas de textos filosóficos heterodoxos prácticamente inhallables en lengua española. Los siete títulos publicados han sido beneficiados por los subsidios. El primero fue Carta sobre los ciegos para uso de los que ven, de Diderot, traducido por Silvio Mattoni, y el último Los maravillosos secretos de la naturaleza, de Giulio Cesare Vanini, traducido por Fernando Bohr. “A causa de la interrupción de los subsidios, la colección se encuentra suspendida –admite Russo–, si bien estaban proyectados importantes títulos de David Hume, John Locke, Voltaire y Hobbes, entre otros.” La amargura aumenta cuando Russo enumera otros libros que publicó gracias a esos subsidios, como obras de la nueva narrativa argentina, El novio, de Enrique Butti, o Una puta mierda, de Patricio Pron, autor que posteriormente fue distinguido con el importante premio Jaen de Novela 2008, en España. “Hay una obra cuya traducción hubiese sido impensable sin los subsidios: Destinos personales. La era de la colonización de las conciencias, de Remo Bodei, para cuya contratación medió personalmente el autor con el sello Feltrinelli.”

A través de los subsidios que recibió Marea, la editorial publicó uno de sus caballitos de batalla, De Ernesto al Che, de Calica Ferrer, en inglés, con una tirada de 2000 ejemplares. Además de la venta en Argentina, fundamentalmente a turistas, los derechos del libro se vendieron a once países. “Del mismo título también publicamos una edición de bolsillo y abrimos una nueva colección, lo que abrió un nuevo mercado para Marea, el de los libros pocket más económicos –precisa Brunet–. Ambos proyectos, por lo costoso de la traducción al inglés y por lo arriesgado para una editorial chica de diversificar el mercado, no los hubiéramos hecho sin el apoyo de los subsidios. También obtuvimos ayuda para pagar anticipos de derechos de autor, que en el caso de Marea son importantes ya que la mayor parte de los libros implican un largo tiempo de investigación periodística.” Para muestra, basta un par de títulos: De vuelta a casa. Historias de hijos y nietos restituidos, de Analía Argento; Crónicas desde la frontera, de Cristina Civale y Daños colaterales. Papeleras, contaminación y resistencia en el río Uruguay, de Verónica Toller, que se publica en enero.

Ediciones de la Flor, Entropía, Ediciones del Dock, Corregidor, Bajo la Luna, Beatriz Viterbo, Mansalva, Editorial Biblos, Paradiso, Prometeo, Leviatán, Letranómada, Vox, Tantalia, Siesta, La Crujía y La Marca editora, entre otras que integran Edinar, plantean en la carta que la campaña eleccionaria de Macri se basó en la premisa de la transparencia de los gastos, las compras y el uso de los recursos estatales. “¿A qué se destinaron entonces los fondos que ya habían sido asignados en el presupuesto 2008 al FondoBA?”, se preguntan los editores. “Obviamente no recibimos la menor explicación al respecto”, responde Russo. Brunet agrega que durante todo el año los miembros de la Edinar tuvieron contactos informales con funcionarios de la Dirección General de Industrias Creativas, a cargo de Alejandra Ungaro. “Siempre nos aseguraron que los subsidios continuarían. En el mes de septiembre, cuando ya era evidente que los subsidios no llegaban, enviamos una carta formal a Ungaro y le pedimos una reunión. La reunión nunca nos la dio y nos respondió con otra carta. Allí, por una parte justifica la decisión de derivar fondos para otras áreas (habla de enfocarse en la venta y no en la producción).”

Sebastián Nojovich, coordinador del programa Opción Libros, dice a Página/12 que el subsidio no se eliminó sino que se reformuló. “Desde principio de año y con las restricciones presupuestarias que hubo, decidimos hacer una evaluación de los subsidios destinados en su mayoría a la producción de libros. El desafío para las editoriales independientes es ganar visibilidad y tener un valor claro frente a los lectores. A las editoriales les resulta difícil llegar a las librerías y en ese marco, resulta fundamental trabajar sobre la creación de valor de estos sellos”, señala Nojovich. ¿Y los 120 mil pesos que ya habían sido asignados en el presupuesto 2008 al FondoBA? “La plata que no se gasta del Presupuesto se pierde”, responde Nojovich, que aún no sabe cuál será el monto de los “nuevos” subsidios ni cuándo se implementarán.

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Los editores advierten sobre “discriminación” contra el campo editorial.
Imagen: Sandra Cartasso
 
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