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Domingo, 26 de abril de 2009

LITERATURA › ENTREVISTA A FERNANDO SAVATER

Amor de pura sangre

El escritor habla de La hermandad de la buena suerte, ganadora del Planeta, que se centra en el apasionante mundo del turf.

 Por Silvina Friera

Burrero de muchas generaciones, Fernando Savater se dio el gusto de escribir por primera vez una novela sobre el mundo hípico, La hermandad de la buena suerte, con la que ganó el Premio Planeta 2008 y que presentó ayer en la Feria del Libro. Antes de la presentación en la Rural, estuvo en el hipódromo de Palermo, una cita imperdible, obligatoria, cada vez que viene aquí. “Una amiga mía tiene un haras cerca de Buenos Aires y le puso a uno de sus caballos Savater”, cuenta. “¿Es un ganador?”, pregunta Página/12. “Hombre, no le fue tan mal, ganó tres o cuatro carreras”, dice y se ríe a carcajadas. El escritor y filósofo se mueve como en casa en esta ciudad donde nació su abuela, que se fue a España porque su abuelo, jugador empedernido, se arruinó con los caballos. “Voy a los hipódromos desde que tengo cinco años, mi padre era aficionado a los caballos y me llevaba. Tengo 65 años, así que puedo confesar que he visto muchos burros en mi vida. No sólo es mi deporte favorito sino mi mayor pasión fuera de la lectura.”

–¿Más que el fútbol?

–Hombre, odio al fútbol, detesto que haya instaurado una especie de imperialismo deportivo. Cuando uno dice que va al hipódromo, te preguntan por qué. Pero si dices que vas a la cancha, nadie te pregunta nada, es algo normal, y eso me parece muy irritante. Si dijera que me gustan mucho las carreras de canguro, comprendería que sonara exótico, pero en países como los nuestros, donde el caballo no es ajeno, por qué uno no puede interesarse en algo que es más autóctono que otras cosas importadas.

–¿Los personajes de La hermandad de la buena suerte están inspirados en gente que conoció en el hipódromo?

–No, no soy nada realista. Mis personajes son totalmente de ficción; los únicos que se parecen un poco a la realidad son los caballos de la novela. Uno de mis placeres ha sido inventarme los nombres de los caballos. Yo no he podido tener caballo, pero si tuviera me gustaría ponerle un nombre bonito, como Espíritu Gentil, uno de los caballos de la novela.

–Pero ganó 600 mil euros con el Planeta, ¿no le alcanza para comprarse un caballo?

–Hombre, el caballo es un lujo... Yo podría comprarme uno pero sería de tres patas (risas). Para alguien que vio correr los mejores caballos del siglo XX, sería humillante tener que conformarse con un pingo detestable.

Savater, que se precia de tener la mejor biblioteca privada sobre caballos en Europa, plantea que lo más interesante de una carrera es la incertidumbre que genera. “La línea genealógica de un caballo te dice cosas sobre sus cualidades, las actuaciones anteriores te informan si es apto o no para el tipo de prueba que va a enfrentar. Puedes tomar una decisión bastante fundada al apostar, pero después la carrera es lo que pasa. El mejor caballo del mundo se queda encerrado en la recta final y pierde –explica el escritor–. En la novela se plantea el caso de un gran caballo que tiene mal carácter y pierde las carreras. Si siempre fueran a ganar los mejores caballos, no habría hipódromo. Llamamos azar a nuestra incertidumbre. En el mundillo hípico decimos ‘la gloriosa incertidumbre del turf’; esa incertidumbre es gloriosa porque es la que hace que uno vaya al hipódromo. Si supieras exactamente lo que va a ocurrir, no tendría ninguna gracia.”

–Quizá la carga negativa que tiene el mundo del turf provenga de la cantidad de gente que pierde casa, coches y ahorros en las carreras.

–La gente que juega mucho pierde mucho en el hipódromo. Me gusta ver las carreras y no necesito jugar. Juego un poquito porque forma parte de la ceremonia. Si gano, es lo mismo que si hubiera ganado un millón; si pierdo, es poco lo que aposté. Hay fraudes, tongos, es cierto, pero en el fútbol hay todos los fraudes que te puedas imaginar. Las carreras tienen un aura negativa cuando creo que son más limpias que cualquier otro deporte.

–Uno de los personajes de la novela dice que hay que hacer política antisistema, política contra la política. ¿Qué piensa usted?

–Es una opinión de mi personaje seudoterrorista. No me hago cargo de lo que dice. Me divierte escribir cosas que yo nunca diría.

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“Voy a los hipódromos desde que tengo cinco años.”
Imagen: Bernardino Avila
 
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