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Martes, 6 de abril de 2010

LITERATURA › RODOLFO ALONSO INICIA UN TALLER DE CREACIóN LITERARIA

Dar a luz a más preguntas

El poeta, que fuera parte de la revista Poesía Buenos Aires, se propone “responder en base a experiencias, pero propiciando que cada uno encuentre sus respuestas”. Los encuentros serán en Olivos, el lugar donde decidió vivir y crear.

 Por Silvina Friera

El hombre inquieto que envía mails casi siempre encabezados por la frase “buena noticia” no deja de sorprender a quienes los reciben. Quizá porque han metabolizado, sobre todo si son periodistas, la imposibilidad de armonizar esos conceptos que se presuponen opuestos, como si el asunto fuera un oxímoron. Se da por descontado, pareciera, que toda noticia es mala. El año arrancó literalmente con una novedad que agitó al ambiente cultural. Rodolfo Alonso, director general y artístico del Centro Cultural Paseo Quinta de Trabucco durante los últimos diez años, fue despedido del cargo sin previo aviso porque, según argumentaron desde la Municipalidad de Vicente López, no podía ser empleado si estaba jubilado. La medida coincidió con la llegada de Marta Ferrara, ex diputada provincial, fundadora y vicepresidenta de Paufe, partido del tristemente célebre comisario Luis Patti, a la Secretaría de Cultura del municipio. Pronto circuló una carta de apoyo al prestigioso poeta, firmada por Juan Gelman, León Ferrari, Luis Felipe Noé, Cristina Banegas, Manuel Antín y Diana Bellessi, entre otros. Alonso, que suele repetir un “maravilloso endecasílabo” de Conrad, “vivimos en la llama temblorosa”, comenzará un taller de reflexión y creación literaria en Olivos, el lugar en el mundo donde eligió vivir y escribir.

El más joven integrante de la legendaria revista de vanguardia Poesía Buenos Aires escribió en el prólogo de la antología recientemente publicada por Ediciones del Dock que en el antólogo nunca dejará de manifestarse lo que Einstein descubriera para la observación científica: “El punto de vista jamás será objetivo, ya que incluye, ineludiblemente, la perspectiva del propio espectador”. El propio poeta anticipa desde esas páginas un punto de partida para analizar la interacción de un taller. “Ya es importante cuando aparece y se manifiesta un punto de vista”, plantea el poeta a Página/12. “Allí comienza realmente el reconocimiento. Se trata de una experiencia compartida. En mi caso, jamás traté de asumir un rol de ‘profesor’ o sabelotodo. Mi actitud natural, salvando las distancias, es como la mayéutica de Sócrates, que recordaba a su madre partera: ayudar a nacer, a dar a luz, a plantearse las preguntas.” Con más de 25 libros publicados, el poeta cuenta que en sus talleres empieza por compartir las preguntas de los asistentes, “que nunca tienen una única respuesta”, aclara. Cada participante del taller rastreará sus propias preguntas. “He trajinado todos los ámbitos del libro: poeta, traductor de diversos idiomas, ensayista, antólogo, crítico, incluso a veces narrador, y también editor”, repasa. “Puedo responder en base a experiencias. Pero propiciando que quienes dialogan conmigo encuentren básicamente sus respuestas.”

El taller de Alonso está dirigido para aquellos poetas que tengan “libros en gestación” o terminados. “Se trata de actividades diferentes”, explica el poeta. “Lo más habitual es el trabajo en grupo, donde se propicia la participación, en forma cada vez más personal. En esto hay que ser lo más uno mismo posible. Así suelo decir que se trata más bien de contagiar una adicción. Por separado, en forma autónoma, se ofrecen clases de carácter individual, de persona a persona. Ya sea sobre un libro que se está escribiendo o se espera escribir, o sobre un libro que se considera terminado, la idea es acompañar a cada uno para que encuentre su voz, su tono, su lenguaje. No apenas ‘corrigiendo’, sino más bien incitando a gestar algo propio, algo que surja de lo hondo de uno mismo, y que busca su forma de estar vivo.” El autor de A favor del viento, Hablar claro (Premio Fondo Nacional de las Artes), Hago el amor y Poesía: lengua viva ofrecerá los talleres en su propia casa-estudio, con su gigantesca biblioteca a disposición de quienes quieran pispear las principales lecturas del Premio Nacional de Poesía 1997 (junto a Juan Gelman).

“Puedo proponer autores y textos que me parecen a mí imprescindibles, fundamentales, esenciales. Pero siempre intentando no sólo exponer mis razones sino compartirlas, y escuchar las de quienes dialogan conmigo. A veces una sola línea es suficiente para evaluar la forma, el sentido, la irradiación, el alcance que constituye la gran literatura. Eso puede incluir desde un autor celebrado hasta otro maldito, y también por supuesto la creación anónima, la creatividad honesta, legítimamente popular”, subraya Alonso. El menú, amplio y generoso, surgirá de cada situación, pero puede ir “de César Vallejo a Juan Rulfo, de Cesare Pavese a Paul Eluard, de Fernando Pessoa a Giuseppe Ungaretti, de Roberto Arlt a Juan Carlos Onetti, de William Faulkner a Joao Guimaraes Rosa, de Joseph Conrad a Marguerite Yourcenar, del Quijote a Juan Moreira o Una excursión a los indios ranqueles, hasta llegar de Manzi y Expósito a Discépolo, al romancero y a nuestra copla popular, de la baguala al haiku, y siguen las firmas”, enumera el poeta, tan inquieto como entusiasta.

Destacado traductor del francés, italiano y portugués, Alonso fue el primero en traducir al castellano a los cuatro poetas que hay en Fernando Pessoa, en la primera versión que se conoció en América latina (Fabril Editora, en 1961). Entre muchos otros, tradujo a Ungaretti, Pavese, Drummond de Andrade, Eluard, Jacques Prévert y Charles Baudelaire. Hoy, los talleres literarios son como el pan de cada día, pero a fines de los ’40 y principios de los ’50 era otro cantar. “Entonces no existía algo como lo que hoy se llama taller literario. Había, sí, y lamento que se hayan perdido, tendencias, gustos, ideas, estéticas que se diferenciaban entre sí. Había grupos unidos por un criterio común. Y sobre todo había cafés, lugares con silencio donde reunirse y hablar, compartir, conocer y conocerse –advierte el poeta, tal vez con un dejo de nostalgia–. Intuyo que eso es la cultura: no uniformidad sino disidencia, búsqueda personal, exponerse y debatir. Poesía Buenos Aires no fue escuela ni dogma. Confesamos orgullosamente no estar seguros de qué es la poesía ni cómo se hace un poema. Veníamos a abrir puertas, no a cerrarlas. Pero compartíamos la fraternidad con la exigencia. Todos podemos ser admitidos, pero el arte es una cosa seria.”

Si “la poesía es una manera de vivir”, como suele afirmar citando a Tristan Tzara, ¿cómo se la vive en un taller? “Como una experiencia viva, orgánica, compartida”, responde el poeta. “Como algo que es de todos y de uno, en la cual estamos juntos, pero tratando de ser uno mismo, de diferenciarnos compartiendo.” Aunque la poesía esté implícita, el taller de Alonso se dirige hacia la reflexión y la creación literaria. “Hace ya mucho tiempo que se quebraron las fronteras antaño infranqueables entre los géneros literarios. Puede haber poesía en una novela y hasta en un ensayo. De hecho, la hubo y la hay en el teatro, por supuesto, y en el lenguaje popular, en el habla cotidiana. La poesía que encontramos, y que viene a encontrarnos.” Como la encontró Alonso cuando era un adolescente que tenía apenas seis o siete libros y en su humilde hogar de inmigrantes gallegos escuchaba canciones populares de la Guerra Civil Española.

* El taller se dictará en Olivos, cerca de Panamericana y Ugarte. Para mayor información comunicarse al 4797-6312 o escribir a [email protected]

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Rodolfo Alonso dirige su taller a poetas con “libros en gestación” o terminados.
Imagen: Rafael Yohai
 
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