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Domingo, 21 de septiembre de 2014

LITERATURA › ENTREVISTA AL ESCRITOR CATALAN ENRIQUE VILA-MATAS

“Después de tantos errores y horrores, Europa está acabada”

El autor de Bartleby y compañía inaugurará el próximo miércoles la sexta edición del Filba con una conferencia titulada “Intensa sed de venganza”. En su nueva novela, Kassel no invita a la lógica, “Europa aparece como habitada por fantasmas, como un territorio destruido”.

 Por Silvina Friera

¡Bendita sea la mañana!, se podría proclamar a modo de preámbulo y guiño dichoso, todavía bajo el efecto del “credo” vila-matiano, especie de bing bang literario de melancolía con desparpajo cómico, de inteligencia y lucidez vital en las entrañas de una imaginación descarriada. El mejor lugar para viajar son las páginas de Enrique Vila-Matas; la ilusión de encontrar algo diferente a la vuelta de la esquina de un párrafo luminoso –un relámpago que se clava para siempre en la retina–, que no sea la mera reproducción o imitación de la realidad, está garantizada, para fortuna de los lectores, en Kassel no invita a la lógica (Seix Barral). Un escritor intensamente curioso, una réplica demasiado parecida al propio narrador catalán, recibe una invitación para participar de Documenta 13, la mítica feria de arte contemporáneo que se celebra cada cinco años en la ciudad alemana de Kassel. Todas las mañanas deberá escribir a la vista del público en un restaurante chino de las afueras de la ciudad. “El deseo nos lleva indefectiblemente siempre a buscar lo nuevo –dice el narrador y personaje–. Y ese intento (...) fue algo que estuvo en mí desde aquellos años de juventud y sigue estando, creo que es mi centro, creo que es la esencia misma de mi forma de estar en el mundo, mi sello, mi marca de agua: hablo de ese desvelo continuo por buscar lo nuevo o por creer que quizás pueda existir lo nuevo, o por encontrar eso nuevo que siempre estuvo ahí”.

El autor de Bartleby y compañía inaugurará el próximo miércoles en el Malba la sexta edición del Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires (Filba) con una conferencia titulada “Intensa sed de venganza” (ver aparte). “Es un gran honor suceder a Silvia Molloy, que lo inauguró el año pasado. Me gusta mucho lo que ella escribe”, cuenta Vila-Matas en la entrevista de Página/12. Para esta apertura estuvo releyendo Crítica y ficción de Ricardo Piglia y el “inagotable” Factor Borges, de Alan Pauls. “Con todo este bagaje fui llegando a la idea de que debía hablar de la tensión que en las grandes novelas circula entre la literatura y la vida. Una tensión que precisamente ha sido desde Cervantes o desde Flaubert o desde Sterne, el tipo de debate que ha desarrollado la novela. De hecho, como dice Piglia, la novela es ese debate en realidad. Me acuerdo de tantas novelas cuyo verdadero centro neurálgico, por invisible que a primera vista pareciera, acababa localizándolo en la pregunta doble que para mí atravesaba la trama: qué quiere decir ser un escritor y qué quiere decir dedicar la vida a la literatura... Bueno, de todo esto será de lo que empezaré hablando en ‘Intensa sed de venganza’, donde mezclo ensayo y narrativa, creo que con la más absoluta naturalidad, tal como a veces hablo; hablo en sueños, por supuesto.”

En Kassel no invita a la lógica, ese escritor que comparte con Vila-Matas la fascinación por las obras de Raymond Roussel y Robert Walser frecuenta las propuestas de los artistas de moda, como This Variation de Tino Sehgal, “un espacio de tinieblas, un lugar escondido en el que una serie de personas esperaban a los visitantes para acercarse a ellos y, si lo creían oportuno, cantar canciones y ofrecer la experiencia de vivir una pieza de arte como algo plenamente sensorial”. En Alemania, país “con fama de mezclar inteligencia y barbarie al mismo tiempo”, en Documenta, en la vieja estación de la ciudad se despliega la instalación sonora Study for strings, de la escocesa Susan Philipsz, donde se escucha “una música bella, pero inmensamente desconsolada, una especie de música fúnebre para malogrados llamada ‘Study for strings’, composición para cuerda que en Kassel 2012 remitía a la memoria del Holocausto porque su autor, el músico checo Pavel Haas, deportado a Theresienstadt, la compuso para la orquesta de cámara de su campo de concentración, poco antes de ser trasladado a Auschwitz, donde murió”.

–Su último libro empieza con una “afirmación” que parece puesta en tela de juicio: “Cuanto más de vanguardia es un autor, menos puede permitirse caer bajo ese calificativo”. ¿Intenta evitar ser considerado un escritor de “vanguardia”?

–Esa primera frase del libro viene a decir que uno no es vanguardista porque lo diga él mismo; es más bien al contrario: debe huir de pensarse o de llamarse vanguardista si quiere serlo, porque el vanguardista nunca llega a un lugar estable, nunca “llega a ser”; en el momento en que es algo, se halla perdido. Como se ve, el destino del vanguardista es la tumba sin sosiego.

–¿Por qué le gusta ser una especie de “paseante errático en continuo vagabundeo perplejo”? ¿Qué encuentra en ese paseo “errático”?

–Entiendo que caminar es una manera de viajar. Y es curioso comprobar cómo la manera más natural y primitiva de desplazarse puede llegar a convertirse en la actividad más luminosa; tal vez sea una actividad tan creativa porque tiene el ritmo de la velocidad humana. Yo diría que la caminata parece producir una sintaxis mental y narrativa propia... Para mí los maestros de los viajes andados serían Raymond Roussel, Robert Walser, W. G. Sebald, Sergio Chejfec...

–¿En qué momento dejó de pensar que para escribir bien tenía que llevar una mala vida? Es significativo el impacto que tiene el juego “colapso y recuperación” en esta novela...

–No recuerdo cuándo, quizás ese momento ni ha existido. Me acuerdo de que Rodrigo Fresán, al comentar mi obra, habló una vez del “estilo de la felicidad”. Por ahí creo que va, desde hace ya tiempo, mi escritura. De hecho, yo mismo recuerdo haberle contado a Rodrigo que durante cierto tiempo pensé que escribir equivalía a empezar a conocerse a sí mismo, pero, a medida que fueron pasando los días, me fui dando cuenta de que nunca sabría quién era, y todo por culpa de haber escrito. La felicidad vista como la conciencia de saber que, gracias a todo lo que escribí, ya nunca podré saber nada de mí. En cuanto al juego “colapso y recuperación”, fue desde luego bien casual que, habiendo vivido hace unos años un duro colapso físico y una posterior recuperación que han estado marcando mis pasos en los últimos tiempos, el lema general de la Documenta de Kassel utilizara las mismas palabras que yo había utilizado tanto para hablar de mi crisis y de mi posterior renacimiento: Colapso y Recuperación...

–Si es cierto que “se escribe para atar al lector, para adueñarse de él, para seducirlo, para subyugarlo”, ¿de qué manera Vila-Matas conquista a sus lectores? ¿Cómo definiría la “estrategia” que usa al menos en Kassel no invita a la lógica?

–Es el libro que he escrito con mayor naturalidad en mi vida; no tiene estrategia, o quizás ésa es precisamente la estrategia.

–Aunque el juego, el trasvase de identidades y la alegría de ser otro atraviesan su literatura, en esta novela parece estar más potenciada la alegría de ser otro. ¿Coincide?

–No sé –veo con alegría que por fin puedo decir ese “no sé” que tantas veces se lee en las entrevistas de The Paris Review–, no lo sé, no... Quizá lo único que ocurrió fue que, durante mi estancia en Kassel hubo un momento en que me sentí muy cansado de mí mismo y quise ser Piniowsky –un secundario de un relato de Joseph Roth– y que todo el mundo me llamara de esa forma. Y es que en todo viaje, por mucho que no sepa quién soy, hay más de un momento en que, por si acaso, me propongo firmemente cambiar de nombre y de personalidad. ¡Descansa uno tanto llamándose, por ejemplo, Piniowsky! Y es que nada relaja tanto como una máscara, decía Françoise Sagan.

–“El arte ni es creativo ni es innovador”, plantea Chus Martínez, una de las responsables de la programación de Documenta. ¿La literatura tampoco tiene que ser innovadora, “vanguardista”?

–No sé. En todo caso, la frase de Chus Martínez me parece perfecta porque alivia saber que nadie te lo pide y, además, que nunca fue necesario que al escribir intentaras “transformar la historia de la literatura”. Pero es curioso observar cómo se está dando la paradoja de que, desde que sé esto y respiro más relajado, percibo que tengo mayores posibilidades de transformarlo todo.

–¿Qué significa hoy la palabra “vanguardia”? ¿Antes quizá era más “racional” o “lógica” y de un tiempo a esta parte aparece asociada a la experiencia, a la vida, a las sensaciones?

–Supongamos que, a pesar de lo que yo diga o deje de decir, alguien decide creerse vanguardista igualmente. En ese caso, tiene que saber que las dificultades que va a encontrar serán inmensas, insalvables. Porque, para empezar, la vanguardia quedó atrás, e incluso parece haber quedado atrás la literatura. Lo que seguro aún está ahí es el arte en sí, que a mí me parece que en definitiva se encuentra aquí mismo donde ahora estamos, en el aire, suspendido en este momento y suspendido en la vida, en la vida que pasa como he visto yo que pasa la brisa cuando pasa el arte.

–En un momento el narrador plantea que aprendió en Documenta de Tino Sehgal, Ryan Gander y Janet Cardiff que “el arte es lo que nos sucede, que el arte pasa como la vida y la vida pasa como el arte”. Las ansias de escapar de la literatura y abrirse a otras disciplinas artísticas, que cuenta respecto de una invitación de Sophie Calle, ¿tendrán que ver con que quizá en la literatura no siempre “es lo que nos sucede”?

–De acuerdo, la literatura no siempre “es lo que nos sucede”, está el resto del mundo, donde ya se sabe que ocurren el resto de las cosas. Y bueno, querría decir que no ignoro que cada una de mis respuestas contiene un gramo de sinsentido, al igual que las alfombras o los frescos ornamentales de la Antigüedad siempre presentaban en algún sitio una ligera irregularidad en su diseño. En esta respuesta en concreto, creo que lo único que “está sucediendo” es que, como si hubiera aparecido de pronto Sophie Calle, la ligera irregularidad, el sinsentido simplemente se han agrandado.

–Hay un fuerte planteo político en Kassel... que tiene que ver con “una Europa infestada de fantasmas (...) una Europa que, al ser ya un trágico conjunto de despojos, nunca más lograría sentirse en el mundo de una manera buena y natural, en realidad ya nunca llegaría a sentirse en la Tierra en un sentido u otro, ni en ninguno”. ¿Exagera su pesimismo político el personaje-narrador o Vila-Matas podría aprobar esta afirmación?

–Quien crea que exagero reirá al leer mis palabras, lo cual no está nada mal. Pero si piensa que no exagero, se dará cuenta del terrible sentido de esa canción que cito en mi novela y que, lo desvelo aquí ahora, proviene de una película de Raúl Ruiz, El territorio. Se trata de una canción que me trastorna porque dice que no hay escapatoria, ya que para salir del bosque tenemos que salir de Europa, pero para salir de Europa tenemos que salir del bosque. Por lo demás, Kassel no invita a la lógica es un libro en el que Europa aparece como habitada por fantasmas, como un territorio destruido, acabado. No dudo de que ese continente pueda levantarse algún día, pero de momento, después de tantos errores y horrores, está acabado. Ese acorde de fondo que cruza el libro entero es básico para darle su auténtica profundidad de campo.

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“El destino del vanguardista es la tumba sin sosiego”, sostiene Vila-Matas.
Imagen: Leandro Teysseire
 
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