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Miércoles, 11 de marzo de 2015

LITERATURA › COMIENZA LA CUARTA EDICIóN DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESíA DE CóRDOBA

Palabras para cauterizar heridas

El encuentro, organizado a pulmón por los sellos Caballo Negro, Viento de Fondo y Ediciones Recovecos, tendrá como invitados a los poetas Hugo Padeletti, Leo Maslíah, Daniel Samoilovich, Roberto Malatesta y Lecko Zamora. Gabo Ferro cerrará la primera jornada.

 Por Silvina Friera

Las palabras cauterizarán las heridas del agua estancada, quietud fúnebre de la tregua del paisaje. La cuarta edición del Festival Internacional de Poesía de Córdoba, que empieza hoy a las 18.30, organizado a pulmón por los sellos Caballo Negro, Viento de Fondo y Ediciones Recovecos, construirá puentes irrevocables con las voces de los poetas invitados: Hugo Padeletti, Beatriz Vignoli, Leo Maslíah, Daniel Samoilovich, Roberto Malatesta y Lecko Zamora, entre otros. Tres poetas cordobeses, Julio Castellanos, Alejandro Schmidt y Osvaldo Guevara, compartirán una mesa de lectura después de la inauguración. El cierre de la primera jornada estará a cargo del excepcional Gabo Ferro. ¿Es un reconocimiento a sus canciones, un trabajo que merece el status de poeta? “Es un regalo esa consideración, pero no puedo mirarlo desde ahí”, aclara Ferro a Página/12. “Lo disfruto desde la alegría de participar de un festival del género literario que mejor se articula con lo performativo, como cantar, actuar o tocar un instrumento. Los festivales de poesía enmarcan los encuentros, las lecturas y las canciones en otra frecuencia. Las veces que leo o toco en encuentros de este tipo mi enunciación se modifica, pues las palabras cantadas, los gestos, las pausas, los acordes o los silencios dicen de otro modo. Además, en esta edición del festival donde la provincia se encuentra filtrada por la tragedia del agua esto se subraya. En este contexto presente, entre tantísimas urgencias materiales y espirituales, Córdoba necesita además de la potencia, la fantasía y la certeza de la poesía.”

En la cartografía sentimental de Roberto Malatesta, Córdoba es un lugar en el mundo especial, el sitio de las vacaciones familiares durante su infancia. “Amo esa provincia, lindante con la mía, amo sus sierras contrapuestas a mi llanura y sus ríos, tan distintos a los míos. Quizá tenga, Córdoba, algo de raíz en mi poesía”, revela el poeta santafesino. “No sé si no estamos hablando de la ciudad más culta del país. Allí las ediciones de poesía se agotan sin salir de sus lindes, no es de extrañar que el festival se expanda y consolide”, afirma el autor de Por encima de los techos, un poemario atravesado por la experiencia de la histórica inundación de Santa Fe en 2003, que sufrió en carne propia. “La lectura en público es la verdadera prueba del poema. Borges ha dicho que un poema bueno debe ser leído, escuchado, en voz alta. Por otra parte, los libros deberían ser editados junto a un CD: la voz del poeta es importante para la interpretación, para degustar debidamente al poema, que no es otra cosa que la música de la lengua.”

Lecko Zamora, poeta del pueblo wichí, parcialidad Wej Woos, es autor de Ecos de la resistencia y El árbol de la vida wichí. “Cuando leo en público, soy consciente de que estoy compartiendo algo con mis semejantes, que saben poco de nosotros los indígenas; y los que saben algo es lo que los libros les dijeron, por lo tanto pienso que debo darles lo mejor que tengo. En mi cultura, la misma palabra como la voz son muy importantes, porque son partes del sagrado poder vital”, explica Zamora. “La palabra da vida o muerte, por lo tanto hay que cuidar lo que uno dice, decir ‘palabras bonitas’ (poesías), aunque sean fuertes o tristes, es compartir el espíritu de los que parieron esas palabras. A nosotros nos amamantaron con la leche materna de las palabras suaves, nunca se nos habló fuerte cuando fuimos pequeños. La palabra y la voz fueron unos de los requisitos en el pasado para ser el Niyát (Jefe) de la comunidad y los Hayawu (Shamán) son los dueños de las palabras sabias y suaves. Cuando hablo o leo en wichí, comparto mi espíritu con los que me oyen.”

Malatesta advierte que el presente de la poesía argentina es “ambiguo”. “Hay mucho de apuro para editar y algo de estrellato, que en el género no alcanza ni a ingenuidad... Por otra parte, veo cierta cerrazón, ese pasarse la pelotita de un poeta a otro sin alcanzar al lector. (Javier) Adúriz, entrañable amigo y maestro, decía que ‘sin lector no hay literatura y menos poesía’. No se refería a ningún populismo literario, ya que en el mismo poema ‘Formas del yo’ agregaba ‘el poema está en todos’. Y hay un cierto deber de hacerlo para quien lo busque y quiera. Creo que se le escamotea a ese lector lo preciado, muchas veces porque no hay qué dar. Pero hay nombres, ya nombré uno, y en el festival hay muchos más: Padeletti, Vignoli, (Pablo) Anadón, (Leandro) Calle... Va a estar bueno el festival de poesía de Córdoba y estoy feliz de estar allí.”

Para Zamora, la poesía argentina se enriquecerá “sobremanera” cuando dé lugar a los primeros idiomas que durante milenios fueron escuchados en este suelo. “Hoy me parece que el idioma del conquistador impuesto aquí se liberó después de un lapso donde fueron sujetadas y maniatadas las palabras liberadoras; miles de libros fueron incinerados en aras del unipensamiento, y por eso se quiso controlar y acallar lo diferente; con esta experiencia, el Estado tiene el deber de vitalizar las culturas, preservar los idiomas y difundirlos para enriquecer la cultura nacional, que es pluricultural, multilingüista y plurinacional. No encuentro diferencias entre una poesía colombiana, argentina o de cualquier país que utiliza el castellano, incluyendo al de los españoles, al menos que lea algo en castellano antiguo. Un idioma es un mundo y contiene sabidurías. Y en el caso de los idiomas indígenas, son fuentes de energías y sapiencias que enriquecerá al país, al continente y al mundo.”

El aliento poético de Ferro está en sus composiciones. La letra de una canción, postula este formidable trovador, es hermana de la poesía. “(Arnaldo) Calveyra ilustraba claramente esta dificultad con una anécdota en la cual Debussy le lleva a Mallarmé unas partituras compuestas sobre su poesía y éste le responde, con extrañeza e ironía, que él creía que su obra ya tenía música. Si bien ese largo siglo XIX no es este verde XXI, hay algunas cosas estructurales que se mantienen. Algunas letras de canciones son autónomas a veces y, si no lo son, pueden funcionar súper bien con la melodía de una canción y con el silencio entre la melodía instrumental o su armonía. El poema, en cambio, es autónomo siempre. Pero atención, que esa característica de la letra de canción no debe leerse como una falta o una minusvalía frente al poema, no, sino como una ventaja para la composición de una canción.” La antología con sus letras Costurera carpintero, prologada por Diana Bellessi, remite a dos oficios que representan la huella de lo manual en la tela, en la madera. Oficios, además, que peligran, que pueden extinguirse. “Son actividades preindustriales, milenarias, misteriosas, donde la realidad ordinaria se modifica trayendo a este plano algo que no andaba antes por estas dimensiones: un vestido, una mesa, una canción, un poema. Hoy, obviamente, todo esto está atravesado por la modernidad y la post post post modernidad, pero su origen se nos pierde en la memoria profunda. Así entiendo el trabajo con la literatura, un trabajo histórico, sensible, individual, colectivo y esotérico entre el tiempo del autor y el tiempo del universo y las especies –plantea Ferro–. En mi caso, el primer verso es el gatillo y viene en general de una frase que se aparece espontáneamente y ahí me entrego a seguirla. Tal vez se demuestra como poema, como letra de canción o hasta como punta para un ensayo, y a grosso modo pruebo las reglas generales de los géneros para que empiece a caminar y desarrollarse, pero siempre capitaneado por la fantasía.”

* La programación completa está en http://festivaldepoesiacba.com.ar

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“Las veces que leo o toco en encuentros de este tipo mi enunciación se modifica”, afirma Gabo Ferro.
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