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Sábado, 13 de agosto de 2016

LITERATURA › RUDY Y SUS MONOLOGOS HUMORISTICOS EN EL CONTEXTO POLITICO ACTUAL

“Se puede resistir con humor a la agresión cultural”

El psicoanalista, escritor y humorista de Página/12 subió hasta ahora, en su página web, 18 filosos monólogos. En esta entrevista, reflexiona sobre el modo de abordar la realidad desde el humor.

 Por Oscar Ranzani

La función del humor político en tiempos turbulentos puede servir como bálsamo frente al sufrimiento social o como motor de resistencia. “Resistir con humor”, es lo que se propone justamente el psicoanalista, escritor y humorista de Página/12, Marcelo Rudaeff, más conocido como Rudy, en su página web www.rudy.com.ar http://www.rudy.com.ar. La inspiración de los monólogos que cada semana postea en su página web proviene de la propia coyuntura política. Hasta el momento se pueden ver y escuchar dieciocho filosos monólogos de este hombre experimentado en la materia: basta recordar que Rudy, por ejemplo, escribió para distintos programas del gran Tato Bores entre 1990 y 1992. Cada semana, el humorista expone unos cinco minutos aproximadamente y se vale de sus herramientas psicoanalíticas para hacer humor con el material político. Así, pueden disfrutarse “Mi novia macrista”, “Pobreza CEO”, “Clase a medias” o “Mauritocracia”, entre otros. No hace falta mucho más que el empleo de Internet para verlo en acción frente a la pantalla de la computadora haciendo lo que mejor sabe: humor.

Cuando terminó su trabajo en el ciclo televisivo Economía política (C5N), Rudy sintió ganas de seguir haciendo pequeños monólogos de humor político, como los que hacía en el programa. “Tiene que ver con la necesidad de decir algunas cosas, decirlas con humor, que es mi manera. Y cosas que tienen que ver con una actualidad bastante puntual, pero del momento más largo”, cuenta el humorista. “Por ejemplo, la caída de la clase media no ocurre en un día, pero ocurre en este momento. También tuvo que ver con cierto pedido de gente que me escribía a través de redes sociales. Vi cómo se podía seguir con los monólogos porque, además de mi deseo, había gente con ganas de escucharlos. No es ese monólogo largo, ese monólogo show”, aclara.

–Usted en la página web propone resistir con humor. ¿Es posible?

–Sí, claro. No es que no me van a aumentar la luz, ni el gas ni la carne (risas). Pero lo que uno tiene que darse cuenta es a qué puede resistirse con humor. Te resistís con humor a cierta agresión, que tiene que ver con una agresión cultural. Por eso empecé con: “No es que no me van a aumentar la luz”. Me la van a aumentar. Ahora, si además de aumentarme la luz, me quieren convencer de que es lo mejor que me pueden hacer, que a mí me conviene, que tengo que agradecerles que me la aumenten, que, de alguna manera, yo debería devolverles el favor que me están haciendo con eso, y que es maravilloso no comer más lomo porque sólo los enfermos comen lomo, bueno... Frente a ese discurso desde un lugar de mucho poder cultural y mediático, una de las maneras de resistir es a través del humor.

–¿Por qué?

– Porque a través del humor podés demostrar que es absurdo que te guste. Ok, flaco, vos tenés el poder de aumentarme la luz y si es así no me queda otro remedio que pagarla o ver qué hago con eso. Pero que me guste es otra cosa. Seguimos teniendo el total derecho de que no nos guste. Y si están haciendo una presión mediática tan fuerte para que nos guste, o para que lo aceptemos, para que nos la banquemos o que lo que hay culturalmente es esto, siento que, en algún lugar, no nos queda otra que resistir porque si te convencen de que además te gusta, sonaste. Me imagino que con este discurso dentro de cinco meses podría haber una manifestación multitudinaria de gente que salga a decir: “¡Auméntennos más! ¡Queremos pagar más luz, más gas, nos merecemos pagar más caro que en otros países del mundo”. Suena absurdo pero justamente el humor devela eso. El humor es como el famoso cuento de Andersen que dice que el rey está desnudo. Todos hacen un esfuerzo por ver un vestido que el rey no tiene porque les hicieron saber quienes hacían ese vestido (aunque, en realidad, no hacían nada sino que se quedaban con toda la plata) que sólo los infieles o traidores al rey o los tontos no lo ven así. Entonces, si decías: “Yo no lo veo”, eras un traidor, un tonto. Sólo un chico que no tenía eso en juego podía decir: “Che, pero el rey está desnudo”. Los humoristas podemos o, al menos, es válido demostrar esto, que el rey está desnudo.

–¿La ironía es la principal herramienta para el humor político?

– No lo sé, porque, en todo caso, tenés una pequeña caja y muchas veces en el humor se ponen en juego cosas que son más inconscientes. No es que estás pensando: “Ahora voy a ser irónico”, “Ahora voy a ser sarcástico”, “Ahora voy a usar un juego de palabras”. Primero hay una idea que te surge, que es ese absurdo que percibís ahí. Si conocés a alguien que dice que es opositor y vota todo que sí, entonces, decís:

“¿Cómo es esto?”. Podrías pensar una cosa más ingenua que irónica, diciendo: “Quizás en estos días ser opositor implica decirle a todo que sí”. Aunque uno viene de cierta costumbre de que oponerse a algo, en principio, quiere decir que no. O al menos decir: “Bueno, veamos”. Y no decir automáticamente que sí. Uno puede decir: “Esto no es oposición” o puede decir: “¿A ver? ¿Cómo es el nuevo mecanismo de la oposición que consiste en decirle a todo que sí?”. Después, puede estar la ironía, pero primero hay cierto análisis, hasta en un lugar ingenuo, para tratar de entender el mecanismo que usó el otro para poder decir que es opositor y, al mismo tiempo, decir todo que sí. Creo que el humor político y el otro también tienen que ver básicamente con cierto descubrimiento, con cierta arqueología, cierta excavación: vas buscando a ver qué hay en el fondo de esto. Y lo que encontrás en el fondo, de alguna forma, lo tenés que decir si es que sos honesto. El humor es un ejercicio de honestidad importante. No es un sinceramiento (en el sentido macrista) ni mucho menos un sincericidio. El humor es algo así como: “Yo te digo lo que me parece que es verdad, pero tratá de que no te duela”. Por eso no es un sincericidio. Y ahí la ironía es una más de las herramientas que se usan. No diría que es la única.

–¿Se está viviendo un momento en el que determinadas situaciones de la coyuntura política son más grotescas que el humor que puedan hacer ustedes?

–Sí. ¿Usted me pregunta si hay funcionarios, políticos que están haciendo ejercicio ilegal del humorismo? (risas).

–Exactamente.

–Si me pregunta eso, los humoristas tendríamos que contratar a un buen abogado y denunciarlos. Yo contestaría que, a veces, parece eso. En todo caso, el humor detecta el absurdo. Ahora, ellos, los que hacen esto, no sé hasta dónde son conscientes de lo absurdo. Porque el concepto de absurdo implica cierto valor. Para mí es aceptable tomar agua en un vasito de plástico. Para mí no es absurdo. Ahora, alguien puede decirme: “Ah, no, no, el agua sólo se toma en vaso de vidrio. Es muy absurdo en este vaso de plástico”. Lo que quiero decir es que el absurdo implica que hay algo que no es absurdo. Para mí (y confío en que mi valoración coincida con la de mucha gente) muchas de las cosas que están haciendo son absurdas. Y ahí entra la ideología. Quizás sea una palabra muy cargada de cosa partidista. Entonces, la ponemos a un costado, pero podemos reemplazarla por algo que es casi lo mismo: punto de vista. Si algo te parece absurdo y te reís de eso es porque tenés un punto de vista. O sea, “Mirá, en lugar de sentarse arriba de la silla, se sentó arriba de la mesa”. Es absurdo. Pero para eso considerás que hay algo que no es absurdo, que es sentarse en una silla. Y sólo así te puede parecer absurdo sentarte en una mesa. Dado esto, yo diría, desde mi punto de vista, que estamos viviendo un momento (que no es el único de nuestra historia, hay muchos) en el cual se están haciendo y diciendo muchas cosas que son totalmente absurdas. Para otros pueden no serlo. También es absurda, a veces, la valoración que se da a algunas cosas por sobre otras. O sea, si un pibe afanó un pan el mismo día en que cayó la bomba atómica en Hiroshima y un medio pone lo del pan en tapa y lo de Hiroshima chiquito a mí me parece absurdo, desde mi valoración. Que esa valoración de una bomba atómica en Hiroshima sea más importante que el hecho de que un pibe se haya afanado un pan, confío que es compartida por gran parte de la humanidad. Si para todos es más importante el pan que la bomba atómica en Hiroshima estamos en un problema grave.

–¿Es útil o doloroso hacer humor en este contexto en el cual mucha gente la está pasando mal? ¿O las dos cosas?

– Y casi que las dos cosas. A ver, ¿doloroso es el humor? No, doloroso es que pasen las cosas. Una vez que estas cosas pasan, vos te metés con lo doloroso para hacer humor, pero la pregunta sería si el humor es la forma de meterse o si el humor es la forma de tratar de que esto les resulte menos doloroso a los que están sufriendo. ¿Cómo es esto? Primero, no metiendo el dedo en la llaga. Si lo hacés, duele más y ahí no hay chiste. Ese no sería el sentido de un chiste. El sentido del humorista va en contra del poder, no a favor. Al menos, ese es el humor que a mí me gusta. Por supuesto que hay mucho humor a favor del poder. Aclaremos que el poder no siempre es el gobierno. A veces, el poder está en contra de algunos gobiernos, a veces un poco y un poco. Y una de las tácticas de los poderosos, cuando no están en el gobierno, es decir que el poder lo tienen ellos. Hay veces que está repartido, que ellos tienen una parte y los otros la otra parte. Esta cosa de decir que el rey está desnudo creo que es útil y que puede servir para que algunas personas nos sintamos más acompañados en este lugar doloroso.

–¿Y también para despertar conciencia o es muy ambicioso eso?

–No lo sé. Creo que si uno hace algo para despertar conciencia difícilmente la despierte en este momento. Ahora, si uno está haciendo absurdo y a alguno por escuchar, leer, por reírse de, o por lo que sea, le sirve para pensar, está buenísimo. Uno en su fuero íntimo, más que despertar conciencia (que suena muy ambicioso) pretendería llevar a un ejercicio de pensamiento del que te está escuchando. Es probable que los que te están escuchando no te necesiten a vos, porque es un ejercicio de pensamiento que lo pueden hacer igual o que no lo pueden hacer igual. Y habrá alguno que pudiéndolo hacer sin vos, con lo que vos hacés, le sirve para decir: “Puedo pensar solo, pero esto además me hizo pensar alguna otra cosa”. Está bárbaro en ese caso.

–¿Qué le resultó más grotesco: que un presidente le haya dicho al Rey de España, en el lugar y en la fecha del hecho histórico, que los libertadores debieron sentir angustia de separarse de España o el otro que dijo que el futuro estaba próximo cuando una nave podía llegar a la estratósfera y estar en una hora y media en Japón?

–En principio, lo de la angustia patriótica. Cuando pasó lo de la estratósfera tenía que ver con cierta ignorancia seguramente, con cierta fantasía. Era la época de la película Toy Story, en la que había un personaje, Buzz Lightyear, que gritaba: “Al infinito y más allá”. Y era muy gracioso porque uno de los personajes le repetía todo el tiempo: “Eres un juguete”. El otro no tenía conciencia de que era un juguete. Esa escena del presidente diciendo: “Al infinito y más allá”, a la estratósfera, me resultaba casi graciosa. Pero no dolorosa. Ahí hay una cosa de niño, si querés. Que los patriotas sientan angustia por la Independencia desde ya que me pareció ridículo, pero además me resultó muy feo.

–Entra en el terreno de la humillación...

– Claro, no sé si la palabra es humillación, pero sí en el terreno de: “Qué lástima”. Al pedirle perdón al rey (algo que va en la línea de pedir perdón por lo de YPF) ya es como decir: “Discúlpenos que nos independizamos de su país, no lo volveremos a hacer”. Los patriotas seguro que se independizaron porque había un deseo de no seguir dependiendo de España. Seguramente la decisión de independizarse estuvo cargada de un montón de cosas, de riesgos, estuvo cargada quizás de otros tipos de angustias porque podían matarlos. La verdad es que dicho doscientos años después no importa mucho qué sentían los patriotas hace dos siglos. Cuando alguien dice esto, de lo que está hablando es de ahora. No está hablando de lo que pasó hace doscientos años. Está diciéndole ahora: “Perdóneme, no nos tendríamos que haber independizado. La verdad es que nos da angustia”. Está hablando de él, pero como presidente de su país. En su casa que se angustie con lo que le dé la gana, no hay ningún problema. Cuando desde el lugar de presidente del país, le pide perdón al rey de cuyo país fuimos colonia, le está diciendo: “Estábamos mejor cuando éramos colonia”.

* Rudy también presenta su espectáculo Todo sobre mi diván... recargado, en el Café Montserrat, San José 524, el segundo y el cuarto sábado de cada mes. Hoy, función a las 22. Reservas por mail: [email protected]

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Imagen: Pablo Piovano
 
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