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Lunes, 9 de octubre de 2006

LITERATURA › MURIO EL ESCRITOR HECTOR LIBERTELLA

Autor exquisito y paradójico

 Por S.F.

El barrio de Palermo y uno de sus bares más emblemáticos y la literatura argentina han perdido a un gran escritor de culto. Héctor Libertella murió el sábado a los 61 años. Dejó una mesa vacía en el Varela, Varelita, donde daba “cátedra” de lector de vanguardia, crítico magistral –pesimista y paradójico– y conversador de jornada completa. Había terminado Arquitectura del fantasma, su autobiografía, y dos nouvelles: Diario de la rabia y El lugar que no está ahí. En Literatura de izquierda, Damián Tabarovsky recordaba que Auden decía que “todo escritor prefería ser rico a pobre, pero ningún escritor auténtico se preocupa por la popularidad en sí misma”. La postura de Libertella sobre el mercado del libro estaba en sintonía con esta idea. “Allí donde hay un interlocutor, uno solo, ahí se constituye un mercado. ¿Qué quiere decir esto? Los transpiradores se pasan la vida buscando vender miles de ejemplares a cambio del diez por ciento de los bolsillos de sus lectores. Pero con un simple susurro al oído del emperador Octavio Augusto, Cayo Clinio Mecenas colocó a Virgilio en el palacio. Y el mercado unipersonal de Virgilio hasta terminó siendo más grande que el del popular y esforzado Petronio. Hoy en Argentina tal vez convenga llevar sólo 300 ejemplares al hueso del ghetto literario, en lugar de treinta mil a la adiposis masiva”.

Libertella había nacido en Bahía Blanca el 26 de agosto de 1945. Tenía nada más que 23 años cuando ganó el Premio Paidós de Novela con El camino de los hiperbóreos (1968). Desde la década del ’70, a través de su escritura beligerante, impuso un modo novedoso de lectura de la literatura argentina, que permitió deshacerse de lo más trillado de la herencia de los ’60, instaurando otra literatura que funcionaba “por desplazamiento”, en los ensayos de Nueva escritura latinoamericana. Publicó, entre otros, Aventuras de los miticistas (Premio Monte Avila, 1971), Personas en pose de combate, ¡Cavernícolas!, El paseo internacional del perverso (Premio Rulfo de Radio France en 1986), Memorias de un semidiós, y los más recientes El árbol de Sausure (celebrado por la crítica como uno de los mejores libros de 2000) y La librería Argentina. Trabajó como profesor de teoría y crítica literaria en universidades de Nueva York, México y Buenos Aires. También fue investigador de carrera en el Conicet, en el área de filología, y ha traducido libros del inglés y francés para distintas editoriales de América latina. Además, dirigió las ediciones del Fondo de Cultura Económica de México, difundió la obra del poeta Néstor Perlongher desde La Urraca y compiló dos volúmenes de cuentos argentinos. En 2002 recuperó los textos de la revista Literal para la editorial Santiago Arcos. “Para entender la situación del país, les recomiendo a mis amigos no leer historia o política, sino alquilar seis o siete westerns en el videoclub. En las leyes del Lejano Oeste hay una verdad en clave de ficción que nos explica mejor que ninguna biblioteca”, decía el escritor.

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