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Miércoles, 18 de junio de 2008

CINE › CINE EDWARD NORTON COMPLICA EL LANZAMIENTO INTERNACIONAL DE HULK

El actor que se pone verde de furia

Por contrato, debería estar en este mismo momento promocionando ante la prensa la nueva versión del comic, pero la estrella de El club de la pelea, que suele tener roces con el establishment de Hollywood, dejó todo plantado y se fue de vacaciones, por un mes, al Africa.

 Por Rob Sharp *

El fin de semana pasado, los realizadores de Hulk –la historia de un hombre ordinario con un alter ego destructivo– experimentaron un infortunado caso de la vida imitando al arte. Los primeros días de exhibición de una película de gran presupuesto suelen ser el momento en que los actores dan entrevistas con la prensa y aparecen en los talk shows televisivos: por eso Edward Norton, la estrella del film (que se estrena mañana en Buenos Aires), debería tener una agenda bastante ocupada. Pero el viernes se supo que Norton se embarcó en unas vacaciones de un mes en Africa. Las noticias no podían llegar en peor momento, porque el film compite con una cartelera bien surtida –incluyendo otra adaptación reciente de un comic, Iron Man–, y si se combina eso con ciertos comentarios escépticos sobre las virtudes del film se asoma un fiasco verde vestido con pantalones destrozados.

Nick James, editor de la revista de cine Sight & Sound, señala que “es ciertamente sorprendente. Usualmente, los contratos de las estrellas son bastante específicos con respecto a que deben hacer una cierta cantidad de publicidad, sobre todo en las blockbusters de gran presupuesto. Edward Norton ha estado en una amplia variedad de películas, así que las entrevistas podrían haber provisto buenos puntos de vista, algunos ángulos interesantes sobre el film. Su ausencia va a afectar a la campaña”. No es la primera vez que Norton despierta controversias: la prensa que tiene claro su curriculum vitae pinta el retrato de un treintañero ambicioso, enfermo del control, que buscar dar pelea por encima de su peso. El actor llegó al reconocimiento masivo después de American History X, de 1998. Mientras ganaba elogios por su encarnación de un racista blanco, aparecieron reportes de una larga serie de peleas entre el actor y el director Tony Kaye: finalmente, los productores le quitaron el control a Kaye y le garantizaron a Norton el corte final del film. Kaye respondió acusando a Norton de reemplazarlo para aparecer en más escenas, e incluso publicó avisos en medios especializados en los que lo apostrofaba de narcisista.

En 2002, Norton apareció en Maten a Smoochy, sobre un conductor de programas infantiles amenazado de muerte. Allí mostró hasta qué punto puede obsesionarse con la imagen: en vez de lucir como la vestuarista Jan Ruhm describió como un “hippie”, Norton encargó un traje de cáñamo diseñado por Armani. “Podría haber vestido a Edward con un gran traje sin tener que atravesar millones de llamadas telefónicas y negociaciones –le dijo Ruhm a la revista Premiere–. Al final, yo no quería que usara esa ropa, pero... bueno, la usó.”

Las historias negativas continuaron con Dragón Rojo, estrenada el mismo año. El director Brett Ratner le dijo a The Times en 2003: “El instinto de Edward siempre es ‘Tengo que controlar esta película’. Es, al mismo tiempo, una bendición y una maldición”. Y debe agregarse Frida (2002), sobre la artista mexicana Frida Kahlo: aunque Gregory Nava, Diane Lake y Clancy Sigal recibieron el crédito por el guión, la protagonista y productora Salma Hayek contrató a Norton, por entonces su novio, para que realizara una investigación sobre la artista. De allí salió el guión que llegó a la pantalla, y en una rueda de prensa en 2002 Norton explicó la omisión de su nombre: “Fui eliminado por el Sindicato de Escritores en el último minuto, pero yo escribí el borrador de lo que se hizo”.

La historia sigue con su intervención en la remake de 2003 de La estafa maestra. Tras su rol consagratorio en el drama judicial La raíz del miedo en 1996, Norton firmó un contrato de tres películas con Paramount. El y el estudio discutieron durante años cómo debía cumplir ese contrato y, finalmente, fue incluido en el elenco de La estafa maestra, bajo la amenaza de un juicio millonario si no se presentaba. Los críticos coincidieron en señalar su performance como “desganada”. Está claro que el actor es inteligente. Nacido en Boston en 1969, creció en Maryland y se educó en la Universidad de Yale, graduándose en 1991, para luego mudarse a Nueva York y actuar en el off Broadway. En La raíz del miedo tomó el rol de Aaron Stampler, un joven inocente acusado de un brutal asesinato, lo que le valió nominaciones al Globo de Oro y el Oscar. Desde entonces, su carrera quedó asegurada. Fuera de la pantalla, es generalmente conocido por su resistencia a abrazar el estatus de celebridad, tal como dijo en una entrevista: “Si alguna vez quedo obligado a dejar de tomar el subte, me va a dar un ataque cardíaco”.

Pero aunque es un actor prolífico y con una buena serie de conquistas femeninas (Courtney Love y Hayek, entre ellas), Norton no es el protagonista masculino convencional. Muchos críticos creen que no puede llevar un film o un proyecto con el mismo sex appeal de, dígase, un Harrison Ford o un Brad Pitt. Se cree que entró en el proyecto de Hulk porque vio cierto potencial en el personaje de Bruce Banner. Dan Jolin, editor de la reviste Empire, explica que “Norton es, en cierto sentido, muy serio: tomó el trabajo como protagonista y coguionista, y creo que lo hizo porque había algunas ideas interesantes en la anterior película de Hulk, dirigida por Ang Lee. Que era un film muy serio, aunque tuvo una performance decepcionante en la taquilla. Quizá por eso, Banner necesitaba un actor diferente, y Norton estaba apasionado con ello”.

Lo que sucedió después parece encajar con la situación actual. Mientras el productor prefiere no hablar, el consenso general es que aparecieron “diferencias creativas”. Se rumorea que el nombre de Norton, o el seudónimo que iba a utilizar para la coescritura del guión, fue removido, y que eso ocurrió cuando quedó claro que el proyecto iba a ser mucho más comercial, orientado a la acción, que en la idea inicial. Nigel Floyd, crítico de Radio 4, opina que “él es un tipo muy interesante, pero parece estar incómodo con el cine actual. Sus actuaciones son demasiado cerebrales para los blockbusters de verano. No necesitás un actor cerebral para aparecer en una de Hulk. Creo que se sentiría más a gusto en los ’50 o en los ’70, cuando un puñado de actores tomó control de proyectos para hacer un cine más interesante. El quiere controlar más las cosas. Pero tenés que tener más plata para poder hacerlo. Sus films son interesantes, pero no necesariamente porque haya estado en ellos. No imagino a nadie diciendo un sábado ‘¿Vamos a ver la nueva de Edward Norton?’”.

Quizá no esté todo perdido. Norton hizo algo de publicidad, apareciendo en la première en EE.UU., caminando con aplomo sobre una alfombra verde. Su otra aparición no fue tan típica de las public relations: en el talk show de Jimmy Kimmel, bromeó sobre su propia tendencia a dejarse llevar por la furia. Uno de sus comentarios fue “Tenemos bastante trabajo que hacer, resucitando una franquicia”. El otro pareció predecir lo que vendría: “Esta es mi primera gran película de acción y esto es lo que consigo... Esto no es lo que firmé, carajo”.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para PáginaI12.

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El nuevo Hulk se estrena mañana en Buenos Aires, una semana después que en Estados Unidos.
 
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