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Miércoles, 16 de julio de 2008

CINE › LUPE PEREZ GARCIA HABLA DE SU DIARIO ARGENTINO, QUE SE ESTRENA MAñANA

“Soy una hija del peronismo”

“Me preocupan las reflexiones de mi generación, la de los nacidos en los años ’70”, dice la directora, que utiliza un relato autobiográfico para discutir no sólo con sus padres sino también con ella misma el lugar de la política en la memoria familiar.

 Por Ana Bianco

No hay nada más genuino que un recuerdo de la niñez, y para Lupe Pérez García, directora y guionista del documental Diario argentino, uno de ellos fue determinante a la hora de filmar: “Un recuerdo de mi infancia fue el disparador de la película: yo vivía en la provincia de Buenos Aires, en Tapiales, un barrio obrero, a mitad de camino entre Ezeiza y el centro. Mi viejo me plantificó en el balcón de casa para ver pasar al general Perón a su regreso a la Argentina en el ’73. El problema es que yo lo recuerdo pasar saludando de izquierda a derecha y no al revés, por lo cual para mí Perón se estaba yendo. Esa clarísima imagen que conservo es destrozada por mi mamá en la película. Perón nunca pasó por la autopista Riccheri, sino que aterrizó en Morón, porque ya habían empezado los sucesos violentos en Ezeiza. De este intento de mi memoria de suavizar la historia, para digerirla mejor, surgió la película”.

Pérez García conduce un relato autobiográfico desde su llegada desde España para hacer unos trámites y reencontrarse con su madre, padrastro y amigas. Comparte postales de su infancia, fotos de su papá, un ex analista de sistemas de la policía, un viaje de niña a Miami durante la dictadura y filmaciones del presente con sus hijos, entre otras. Expone su subjetividad con comentarios irónicos que intercala con un mix de imágenes que incluyen el retorno a la democracia, la guerra de Malvinas, los sucesivos gobiernos, el 2001 y su estadía en Barcelona. Uno de los méritos de Diario... es el tono cotidiano y sin dramatismo en las conversaciones surgidas sobre temas políticos. Diario argentino se exhibió en el 8º Bafici y luego de un recorrido internacional se estrenará mañana en las salas Gaumont y Tita Merello. En una charla telefónica con Página/12, desde Barcelona, la directora se refiere a su ópera prima, antes de su arribo a Buenos Aires.

–¿Qué la motivó a entrecruzar aspectos de su historia personal con los acontecimientos históricos a partir de los ’70?

–Me preocupan las reflexiones de mi generación, la de los nacidos en los ’70, y cómo nuestros padres atravesaron esas épocas. En algunos casos, partimos de una mirada un tanto prepotente, como si la culpa fuera exclusivamente de ellos, del porqué la revolución no se realizó. Yo los miro con una mezcla de desprecio y envidia. Ellos, a pesar de los errores, tienen qué contar. Con la película pretendo reírme un poco de mí misma, despertar rechazo hacia mi personaje y, a la vez, generar empatía sobre la figura de mi madre y mi padrastro, Mario. No sé si lo logré, sin embargo, sabía los riesgos que corría al ser yo el hilo conductor.

–¿Cómo fue encontrando el tono de la película?

–Mi deseo de realizar una especie de comedia hiperrealista me llevó a optar por una puesta en escena con planos y contraplanos. A mí se me ve “actuando”, pero el resto de los entrevistados dan respuestas sin repeticiones ni preparación alguna. Compartí el guión, como instrumento de trabajo, sólo con el equipo. La más peligrosa hubiese sido mi madre. Es profesora de historia, y si yo le hubiera adelantado los temas que iba a tratar, al día siguiente seguramente iba a ponerse a estudiar. Los documentales de temática familiar o intimista siempre dejan algo en el director. En mi caso, la imagen de Mario siguió dando guerra y despotricando en los festivales, y ahora lo hará en la Argentina. Durante la proyección, siempre trato de entrar en el momento en que él está polemizando conmigo, para recibir su reto de cuerpo presente. Y es en ese momento en que siento que la película valió la pena.

–Su padre, a pesar de estar muerto, tiene una presencia importante en la película.

–Hablar con distancia de mi padre y a veces críticamente fue un proceso difícil. Por ejemplo, cuando aparece vestido de policía en una foto y yo digo: “Llevaba un arma encima porque formaba parte del uniforme, o al menos, eso era lo que él decía...”. El, como no está, no puede defenderse. Sin embargo, hubiera sido una verdadera falta de respeto ponerlo en un pedestal. Hubo muchos amigos de mi padre asesinados o desaparecidos durante la dictadura. A mi viejo lo mató Menem, que sepultó la última oportunidad de construir un país como él lo había soñado. Y así como mi viejo hubo muchos hombres que “reventaron” antes de cumplir los sesenta. Por eso Mario, mi padrastro, aparece en el film como un sobreviviente y cuenta que cuando estuvo secuestrado lo que más le había dolido era la sospecha de “quebradura” por parte de sus compañeros. Mario murió el año pasado y pudo ver la película terminada.

–¿A qué conclusión política llegó con el documental?

–Mi intención es reflexionar sobre la influencia que el peronismo ejerce en mí y cómo las disyuntivas irresueltas de peronistas, como mi padre, están todavía presentes.

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“La película surgió de un truco de mi memoria para suavizar la historia”, reconoce Pérez García.
Imagen: Carolina Camps
 
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