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Jueves, 6 de noviembre de 2008

CINE › UN PLAN BRILLANTE, DE MICHAEL RADFORD, CON DEMI MOORE Y MICHAEL CAINE

Cuando robar se parece a la justicia poética

El desigual director de 1984 y El cartero entrega un thriller a la vieja usanza, ambientado en la gris Inglaterra pre-Beatles, en donde la London Diamond Corporation se ve burlada por la única ejecutiva de la empresa, aliada con el encargado de la limpieza.

 Por Luciano Monteagudo

“Mírelo bien, tiene 168 kilates y 58 caras, es un diamante muy raro, y yo lo robé.” Quien habla, no sin orgullo, es una apacible anciana de más de ochenta años, que ya no tiene nada que temer. Su confesión, a una periodista que se tropieza azarosamente con la noticia, se remonta a un golpe maestro ocurrido casi medio siglo atrás, allá por 1960, cuando Laura Quinn (Demi Moore) era la única mujer en un mundo de hombres, todos vestidos de negro y tocados por un bombín. ¿Quién iba a decir que, aliada con un viejo portero encargado de la limpieza (Michael Caine), pudiera burlarse de la poderosa London Diamond Corporation? Esa es la premisa a partir de la cual el director británico Michael Radford pone en marcha Un plan brillante, un thriller bastante aceitado que juega con varios suspensos consecutivos o paralelos, aunque no todos igualmente eficaces.

La pintura de época es un primer hallazgo del film, que hace del Londres pre-Beatles un universo gris y uniforme, un mundo tan estructurado e inexpugnable como la inmensa caja fuerte de esa corporación dedicada a explotar la mano de obra barata en Sudáfrica y convertir unas piedras brillosas que surgen de la tierra en joyas de valor incalculable. Todos allí en esa empresa tienen su lugar, pero Laura no se resigna a ese orden inalterable, por más que tenga que sacrificar su vida personal. Estadounidense de origen y egresada con honores de ese bastión del tradicionalismo británico que es Oxford, en su desempeño cotidiano Laura prueba ser mucho más capaz e inteligente que la mayoría de sus colegas. Pero aun dedicándole hasta sus horas de sueño descubre que nunca llegará hasta el rango más alto, por el solo delito de usar polleras. Allí es donde entra en escena el discreto Sr. Hobbs. El sabe de su frustración y, en el otro extremo de la escalera social de la empresa, no tarda en sumarla a la suya. Es él quien le propone robar la bóveda, ingresar al sanctasanctorum, demostrarle a la London Diamond Corporation que una mujer y un viejo rengo son capaces de poner en jaque a ese ejército de gerentes y escribas enlutados como para un velorio.

Toda la primera hora de relato, el director Radford –de quien en su momento se elogió inmoderadamente su edulcorada versión de El cartero, sobre la novela de Antonio Skármeta– la maneja con pulso y precisión. El encuentro de la extraña pareja protagónica, la planificación del robo, las dudas o los problemas imprevistos van sumándose a un creciente suspenso. A diferencia de su colega Roger Donaldson –director de El gran golpe, la otra película británica en cartelera que también se ocupa de un robo memorable en la Londres de otras épocas–, Radford elige un estilo tan sobrio y clásico que puede parecer antiguo o monocorde. Allí donde Donaldson apura los tiempos, Radford los dilata.

Esa elección tiene sus pros y sus contras. El desarrollo de los personajes crece y se complejiza, al punto de que en determinada instancia –cuando ya no se sabe si el móvil del robo es económico, político o la mera justicia poética– el film es capaz de ofrecer alguna sorpresa donde se podía pensar que ya no las había. Pero una vez atravesada esa perplejidad (que es no sólo de las autoridades de la corporación sino también de la misma Laura Quinn) la trama paradójicamente se desinfla. Y es allí donde el estilo parsimonioso de Radford (de quien quizás el mejor film que pueda recordarse fue su versión de 1984, la más fiel al espíritu de Orwell) se le vuelve en contra: su película pierde presión en vez de concentrarla. Le queda a Radford, sin embargo, la ventaja de contar con dos sólidas actuaciones. La calidad perenne de Michael Caine se da por sentada y su personaje parece contaminado por la personalidad del actor, al punto de que uno y otro son indiscernibles. Pero Demi Moore viene a recordar que, cuando tiene la oportunidad, también es capaz de demostrar su talento, en este caso como esa mujer que se debate interiormente en la encrucijada de su vida. Y a la que exteriormente le presta un sorprendente parecido físico con Tippi Hedren, como si Laura Quinn fuera la prima lejana de aquella Marnie, la ladrona imaginada por Alfred Hitchcock.

7-UN PLAN BRILLANTE

(Flawless) Gran Bretaña, 2008.

Dirección: Michael Radford.

Guión: Edward Anderson.

Intérpretes: Demi Moore, Michael Caine, Lambert Wilson, Nathaniel Parker, Joss Ackland, Nicholas Jones, David Barras.

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La calidad perenne de Caine se da por sentada, pero Moore también puede demostrar su talento.
 
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