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Viernes, 7 de noviembre de 2008

CINE › EL ARTISTA, UNA DE LAS ARGENTINAS DEL FESTIVAL DE MAR DEL PLATA

Sobre la autoría y la apropiación

 Por Oscar Ranzani

Uno de los films argentinos que participan de la competencia internacional en el Festival de Mar del Plata es El artista y pertenece a la dupla Gastón Duprat-Mariano Cohn. Ambos son conocidos no sólo en el ámbito del cine por su original documental, Yo, presidente –en el que mostraban a todos los ex mandatarios desde la recuperación de la democracia como nunca habían sido vistos–, sino también por ser los creadores de programas televisivos que hicieron historia en el terreno del absurdo o de lo que se conoció en los ’90 como “lo bizarro”. Tal es el caso de Televisión abierta, donde personas comunes decían o actuaban lo que querían frente a cámara. En El artista la marca distintiva del absurdo y la ironía prácticamente no fueron tenidas en cuenta, sino que la dupla abordó otros aspectos cinematográficos, según comenta Gastón Duprat en la entrevista con PáginaI12. El artista se exhibirá mañana a las 22 y el domingo a las 16 en el Teatro Auditorium de Mar del Plata.

Uno de los primeros aspectos que llama la atención de este film, cuyo productor general es Fernando Sokolowicz, es la lista de quienes actúan. Los protagonistas son el músico Sergio Pángaro y el escritor Alberto Laiseca, mientras que hay un grupo de extras de lujo compuesto por León Ferrari, Horacio González y Rodolfo Fogwill. Pángaro interpreta a un enfermero cuya misión consiste en cuidar a viejitos en un geriátrico. Uno de ellos (el que interpreta Laiseca) es artista plástico. El enfermero “le roba” las obras que éste realiza, las presenta como propias en los circuitos de exhibición y así gana fama y dinero.

“Mi hermano Andrés es curador de arte e hizo un guión sobre ese mundo al cual pertenece: el de los artistas, los curadores, las galerías, los cócteles, los talleres de los artistas. Tanto a mí como a Mariano Cohn nos encantó el guión. Pensamos que nosotros podíamos aportar desde la dirección y desde la puesta en escena. Hace ya muchos años empezamos, de a poco, a que exista el proyecto”, señala Gastón Duprat, quien reconoce que la experiencia de haber presentado la película en el Festival de Roma fue “buenísima”. “Hubo una aceptación enorme, la crítica internacional fue muy buena. Se rescató una película con un discurso propio, distinto”, señala Duprat, al tiempo que reconoce que ninguno de los dos son cinéfilos “ni directores de cine tradicionales. Ni siquiera no tradicionales (risas). Entonces, eso tiene muchas contras, pero tiene un pro: no te queda otra que generar un discurso y una estética propios. Eso hizo que se diferenciara del resto de las películas.”

–¿Qué expectativas tiene con respecto a la participación del film en la competencia internacional del Festival de Mar del Plata?

–Me encanta que esté y estoy muy contento que la hayan seleccionado. Hay grandes directores en la competencia internacional. Así que demasiada expectativa no tengo. De todos modos, mi mayor expectativa es ver cómo funciona con la gente que va a estar ahí. Es una película que no se estrenó, así que me interesa mucho como director ver qué le pasa a la gente cuando la ve.

–¿Se lo puede catalogar como un film experimental?

–Es un guión absolutamente narrativo en términos convencionales y cuenta una historia. No es una película de climas. Pero tiene una puesta en escena, una estética, un estilo, una cámara muy propia. Entonces, es una mezcla entre cine de autor personal y un cine narrativo. Es un mix.

–¿Cómo eligieron a los protagonistas?

–Laiseca hizo el programa Cuentos de terror con nosotros en I-Sat, donde él contaba historias de terror. Lo hicimos hace muchos años y lo conocemos bastante de ahí. Es un gran actor, tiene una imagen muy fuerte, muy potente, es sumamente expresivo y lo queríamos para el papel de un anciano que está en un geriátrico semiabandonado. El otro protagonista es el enfermero que lo cuida: Mariano y yo somos amigos de Sergio Pángaro que, si bien es músico, es un actor profesional, diría, por más que no ejerza, por sus dotes naturales. Después, el resto de los personajes son gente mayormente del mundo del arte. León Ferrari, Fogwill y Horacio González hacen de extras en el geriátrico, como viejos chotos, compañeros de Laiseca. Pero también hay un montón de otros artistas que aparecen en la película. A mí me encanta cómo están porque el hecho de que sean artistas de verdad o que pertenezcan a ese medio les da una profundidad a sus palabras, a su discurso. Justamente, les da un tono de verdad, de cero impostación. Todo lo que dicen tiene raíces y corresponde al mundo real. O sea que fue una conveniencia elegir estos actores sui generis.

–¿Qué mirada tiene el film sobre el enfermero? ¿Sería el malo de la película?

–Está en duda eso continuamente en la película. Va y viene: en un momento es el malo; luego, no. La película habla de la autoría y de la apropiación en el arte. Hay que recordar ese viejo conceptualismo de Duchamp: agarrar un objeto industrial, apropiarlo, darle un nuevo sentido en una sala de arte; entonces, la firma no es del que fabricó el mingitorio sino del artista que le da un nuevo sentido a eso. Y es por eso que el enfermero tal vez al principio se siente ladrón y luego partícipe necesario de esa obra artística.

–¿Qué reflexiones plantea El artista sobre el sistema del arte contemporáneo?

–La película muestra un panorama y de tal manera que surgen un montón de preguntas y contradicciones acerca de la autoría, del precio de las obras, de quién es el artista y quién no, cuándo uno se considera artista y cuándo no lo es, cuándo una obra es genial y cuándo es intrascendente, por qué una obra vale como un auto y otra parecida no vale ni como una servilleta, por qué artistas consagrados pueden hacer obras muy efímeras, firmarlas, y valen millones. La película se pregunta sobre estos temas, no los clausura, los refresca y los pone en debate constante. Eso es algo buscado en el film y creo que está bien resuelto.

–¿Este film no trabaja con el absurdo y la ironía?

–El mundo del arte, sus personajes, cierta frivolidad, grandilocuencias, o estilos de ese sector hacen que sea un material muy fácil para la ironía o el chiste, como que está servido. No se hizo uso de esa opción al momento de hacer la película. No pretende ironizar sobre el mundo del arte ni hacer chistes. Eso fue muy charlado con Mariano y Andrés, porque era fácil burlarse de ciertas cuestiones más o menos frívolas del mundo del arte. Entonces, hay cierto cambio en nuestro estilo medio irónico de otras películas. Aquí está usado muy en cuentagotas en lugares muy precisos en favor de la historia y de retratar el verdadero problema de la película, que es otro.

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Gastón Duprat reflexiona sobre los circuitos del arte, la fama y el dinero.
 
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