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Jueves, 18 de diciembre de 2008

CINE › NAVIDAD SIN LOS SUEGROS, CON VINCE VAUGHN Y REESE WITHERSPOON

No hay nada como la familia unida

Más allá de la típica tosquedad de la actual comedia estadounidense, Navidad sin los suegros es una de las películas más subversivas que Hollywood haya producido últimamente, pero al final termina borrando con el codo lo que escribe con la mano.

 Por Horacio Bernades

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NAVIDAD SIN LOS SUEGROS

(Four Christmases,
EE.UU., 2008.)

Dirección: Seth Gordon.
Guión: Matt Allen, Caleb Wilson, Jon Lucas & Scott Moore.
Intérpretes: Vince Vaughn, Reese Witherspoon, Robert Duvall, Sissy Spacek, Jon Voight, Mary Steenburgen y Jon Favreau.

¿Puede producir Hollywood una comedia navideña cuyos protagonistas renieguen de sus psicopáticas familias, haciendo las valijas todos los 24 de diciembre y huyendo de ellas? Sí, puede, siempre y cuando ese rechazo represente un simpático pecadillo pasajero. A la larga, sin embargo, los perpetradores de semejante herejía deberán rendirse al “espíritu navideño”. Ese que regimenta que las fiestas hay que pasarlas en familia, que no hay nada mejor que la familia, que lo que hay que hacer es casarse y tener hijos. ¡Y jo, jo! ¡Jódanse los que se imaginaron otra cosa!

La sintonía con la pareja protagónica es inmediata. No sólo porque Reese Witherspoon y Vince Vaughn son simpáticos, sino porque salta a la vista que sus personajes son gente que sabe vivir bien. A Brad y Kate les importan un comino el matrimonio y los hijos, y lo que hacen cuando se avecina el 24 de diciembre es sacar un par de pasajes hacia las islas Fidji. Donde –como antes en Costa Rica o las islas Caimán– piensan pasarla bomba, a años luz de sus siniestras parentelas. Pero la fatalidad los obligará a pasar la Navidad en familia... y por cuadruplicado. Hijos de padres separados, a Brad y Kate no les quedará más remedio que cumplir, sucesivamente, con las cuatro visitas que indica el título original. Más les hubiera valido ser expulsados de sus familias.

Reservando para sendas glorias del cine los papeles de papá, mamá, papá y mamá (Robert Duvall, Sissy Spacek, Jon Voight y una Mary Steenburgen con el rostro como de caucho), lo que viene será rudimentario, pero también sumamente revulsivo. Iluminada tan a giorno como El show de Darío Vittori, un guión escrito a ocho manos ofrece, representado por ambas familias, un espantoso retrato de la América post Bush. Encabezados por un pater familias que podría ser el hermano del De Niro de La familia de mi novia (Duvall), los McVie son una verdadera pesadilla white trash. Convirtiendo el hogar familiar en improvisada sucursal de Abu Ghraib, como bienvenida a la pareja los anabolizados hermanos de Brad se entregan –con el muchacho como presa perpleja– a una versión hiperrealista de 100 % lucha, que incluye un simpatiquísimo simulacro de violación.

A su turno, la mamá de Kate (Steenburgen), su hermana pechugona, la prima, la tía y hasta la calenturienta abuelita, cercarán al novio como leonas en celo al nuevo macho alfa, mientras le hacen revivir a la chica las peores humillaciones infantiles. Acoso sexual y violencia psicológica por este lado, belicismo asesino de aquel otro: para completar un mapa infernal de América sólo está faltando la religión. Aquí viene, bajo la forma de una representación navideña. En un templo evangélico, liderado por el nuevo novio de la mamá de Kate (el cantante country Dwight Yoakam), Kate & Brad deberán ser, por un rato, María y José. Hasta acá, y más allá de una tosquedad muy típica de la actual comedia estadounidense, es posible que Navidad sin los suegros sea una de las cosas más subversivas que el sistema hollywoodense haya producido en los últimos tiempos. Eso, sin dejar de considerar un buen puñado de escenas cómicas de la más alta eficacia, que incluyen el desastroso intento de instalación de una tevé satelital, la súbita conversión de Brad al Método del Actor’s Studio o un pesadillesco jueguito de salón, en casa de mamá Spacek.

De ahí en más, es como si la película, más que borrar con el codo lo que escribió con la mano, directamente se las cortara (las manos). Primero, con el castigo a la pareja protagónica, por el pecado de no adhesión a los votos matrimoniales. Después, la monserga, en boca del papá de Kate (Jon Voight, haciendo del único sano de los cuatro), de que “nada importa más que la familia”. Enseguida, reconciliaciones con los miembros más psicopáticos de la familia, casamiento, hijos. Ahí sí, con la casa en orden, feliz Navidad para todos.

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Vince Vaughn y Reese Witherspoon, atrapados el 24 de diciembre.
 
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