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Martes, 13 de diciembre de 2005

CINE › CUENTA REGRESIVA POR “KING KONG”

La fiebre gorila

Hasta las estrellas del celuloide hacían cola ayer para comprobar el poder de las garras de King Kong antes del estreno mundial del próximo miércoles (aquí será el jueves). La larga fila de fanáticos aguarda desde el fin de semana pasado, y ya da varias vueltas al edificio del Sindicato de Directores, en el corazón de Hollywood. Se trata de un grupo formado por profesionales de la industria, críticos, actores, directores, periodistas y académicos con derecho a votar en alguno de los próximos galardones y decididos a ver la última obra de Peter Jackson antes que nadie. “Nunca hemos visto algo igual. Son proyecciones privadas en las que siempre se acepta la reserva de alguien de más para suplir a los que no aparecen”, se disculpó el encargado de publicidad de la película, Tony Angelotti. “¡Pero en esta ocasión han aparecido todos!”, sostuvo. Desde hace varios días, un cartel de “no hay localidades” sorprende a los interesados en estar entre los primeros en acercarse a uno de los mitos más grandes que dio Hollywood, a 72 años de su primer estreno. En la tarde de ayer, aguantaban la espera caras conocidas como el productor de Rocky, Irwin Winkler; el ex presidente de la Academia Robert Rehme y el actor John Cusak, entre otros. “Me dejé las llaves dentro del auto por apurarme para llegar a tiempo y ahora me decís que no hay localidades. ¡No me podés hacer esto!”, se le oía protestar a un serio profesional de la industria, poseído por un fanatismo que parecía extraño metido dentro de su traje y su corbata. Aún así no pudo entrar en el pase al que iba, un problema muy común que los estudios Universal intentaron solucionar el pasado fin de semana al proyectar King Kong de manera continua para dar cabida a tanto interés.
Por su parte, Theresa Wiseman, miembro de la Academia y decidida a votar por King Kong, declaró que no le importaba soportar la espera “porque luego será aún peor y además habrá que ver la película entre la algarabía del público”. La nueva versión, en cuyas más de tres horas de filmación se invirtieron 200 millones de dólares, se ha posicionado claramente como el film más esperado del año. Parece que una vez más, la historia de amor imposible entre la bella naïf y el gorila gigante –que fue llevada al cine por primera vez en 1933– vuelve a despertar la fantasía de los norteamericanos. Aunque esta vez, claro, es mucho más fácil creer que alguien pueda jugar con un rascacielo y asustar a todos.

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