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Jueves, 26 de febrero de 2009

CINE › EL AñO SIGUIENTE, NOTABLE óPERA PRIMA DE ISABELLE CZAJKA

El no-futuro de la vida de suburbio

El pequeño gran film con el que debuta en el largometraje la directora francesa es mucho más que el retrato de una chica de 17 años: es la pintura lúcida y despiadada de la falta de horizontes que acecha en el paisaje industrial contemporáneo.

 Por Luciano Monteagudo

“Los días eran largos, pero el año pasó rápido; fue cuando ella cumplió 17.” La voz en off es la de Manu (Anaïs Demoustier), pero se refiere a sí misma en tercera persona, como si esa distancia entre narrador y protagonista –que son una y la misma– diera cuenta de su sorda, callada alienación. El padre de Manu (Bernard Le Coq) está enfermo y no tardará en morir, pero esa conmoción –que la película registra con un laconismo ejemplar, alejado de cualquier infección sentimental– no se puede decir que sea central al conflicto. En El año siguiente lo que pesa, ya desde su título, es el lastre del tiempo, toda esa inmensidad que a los 17 años Manu tiene por delante. Paradójicamente, esa vida que debería abrirse ante ella sólo parece cerrarse, asfixiarla: no hay lugar para Manu –ni para ningún otro chico de su edad– en ese futuro inexorablemente gris que avizora este pequeño gran film.

La película de la directora debutante Isabelle Czajka –que participó de la competencia del Bafici 2007– podría leerse como el reverso francés del Paranoid Park de Gus Van Sant. Aquí no hay ninguna muerte traumática, como en el film de Van Sant, pero aun así la angustia adolescente y el paisaje industrial son un poco los mismos, salvo que del otro lado del Atlántico. Todo el horizonte que Manu tiene frente a sí es ordenado, limpio, aséptico incluso, pero completamente deshumanizado: unos suburbios interminables, iluminados por una fría luz de invierno, que Manu recorre ida y vuelta cuando va al colegio, o a ver a su padre al hospital. No es el violento banlieue habitado por los hijos de los inmigrantes, capaces de prenderle fuego a la realidad, sino por el contrario la periferia anodina de la clase media, que aún tiene trabajo pero vive sepultada por una rutina sin esperanzas.

Lo notable del film de Czajka es que no precisa enunciar nada en voz alta. El suyo es un film no sólo de pocas palabras sino de una sequedad extrema, pero no por ello menos elocuente. Es cuestión apenas de prestar atención a los detalles, de descubrir que hasta el cementerio local está dominado por la figura amenazante de la mole del supermercado Carrefour; que el logo de McDonald’s aparece como un infierno repetitivo; que la idea de “cenar afuera” es sentarse a la mesa tendida en el pasillo de un shopping.

Hay también una dimensión política muy fuerte en El año siguiente, que la directora tampoco proclama, sino apenas sugiere. Antigua militante, su madre (Ariane Ascaride) convoca una tarde a Manu a una feria organizada por el Partido Comunista Francés. Y las consignas del periódico L’Humanité o de los distintos stands partidarios –“por un mundo mejor y más justo”, “cambiemos juntos el futuro”– no podrían sonar más distantes de la realidad. Esa esperanza parece, al mismo tiempo, más necesaria y más lejana que nunca.

El hecho de que Ascaride sea una actriz fuertemente asociada al cine de inspiración marxista de su compañero en la vida real, el marsellés Robert Guédiguian, no hace sino agregarle un segundo nivel del sentido al film, que trabaja con un universo referencial muy discreto pero siempre significativo. El padre de Manu, por ejemplo, aparece fugazmente leyendo un libro sobre François Truffaut, el director francés que más y mejor ha trabajado el tema de la adolescencia, a partir de su legendaria ópera prima, Los 400 golpes.

La propia Manu encuentra en un taller teatral el único estímulo que le ofrece la vida de colegio y la obra que ensayan es El jardín de los cerezos, de Anton Chéjov. Y como en Chéjov, en el film de Czajka planea siempre una profunda melancolía: el paso de las estaciones sólo parece acumular la angustia de una juventud para la cual el único futuro posible es trabajar en un call-center y la única luz en el horizonte es la de los incesantes carteles de neón de la autopista.

8-EL AÑO SIGUIENTE

L’année suivante, Francia, 2006.

Dirección y guión: Isabelle Czajka.

Fotografía: Denis Gaubert.

Montaje: Isabelle Manquillet.

Música: Eric Neveux.

Intérpretes: Ariane Ascaride, Anaïs Demoustier, Patrick Catalifo, Bernard Le Coq.

Estreno en dvd únicamente en los cines Arteplex Centro y Arteplex Belgrano.

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Anaïs Demoustier es Manu: esa vida que debería abrirse ante ella sólo parece cerrarse.
 
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