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Miércoles, 27 de mayo de 2009

CINE › VANESSA RAGONE Y LOS 100 DíAS QUE NO CONMOVIERON AL MUNDO

Un documento sobre el horror

La directora cuenta cómo fue el proceso de creación de su película, que retrata la masacre sucedida en Ruanda hace quince años y el papel jugado por la jueza argentina Inés Weinberg de Roca en el tribunal que investiga el genocidio.

 Por Oscar Ranzani

Si se compara la provincia de Tucumán con Ruanda puede establecerse que, en dimensiones de superficie similares, los contrastes son notorios: el país africano está habitado por 9 millones de personas y su densidad de población es de 343 habitantes por kilómetro cuadrado; es decir, cinco veces mayor que la de la provincia del noroeste argentino, que supera el millón de personas. El dato permite tener un indicio de la superpoblación de Ruanda, que sufrió la pérdida de nada menos que un millón de sus habitantes en el genocidio perpetrado hace quince años; es decir, más del diez por ciento de su población. Todo comenzó el 6 de abril de 1994, cuando murió el presidente Juvenal Habyarimana, como consecuencia de un atentado contra el avión donde viajaba. Cuando la luz del sol se fue apagando comenzó la matanza contra los tutsis por parte de los hutus, a golpes, machetazos y palazos, incluyendo a mujeres y niños.

Como consecuencia del genocidio, la ONU creó ese mismo año el Tribunal Penal Internacional para Ruanda –con sede en Tanzania– con el objetivo de juzgar a los criminales. En mayo de 2003, la jueza argentina Inés Weinberg de Roca viajó hasta Tanzania para presidir un tribunal multicultural que hiciera justicia en medio de tanto horror. Hasta allí llegó también la productora y directora Vanessa Ragone, que, bajo la idea e investigación de la periodista Susana Reinoso, realizó el documental Los 100 días que no conmovieron al mundo, donde se narra la labor de la jueza argentina y se traza un panorama de lo sucedido en el país africano a través del testimonio de diversos jueces, intelectuales y habitantes que permite comprender la magnitud de un genocidio del que se habla poco. Viajando en un convoy de la ONU, el equipo de filmación visitó Ruanda, Tanzania y Kenia, en una experiencia de vida inolvidable y que su directora quiere compartir con los espectadores.

“Yo no tenía un recuerdo muy claro de lo que había pasado en el ’94. Me acordaba de muy poquitas cosas. El espíritu didáctico que tiene el documentalista me hizo pensar que existiendo la oportunidad de contar esta historia de la que yo sabía tan poco y que me parecía que, en general, en la Argentina, también se sabía poco, había que aprovechar esa oportunidad”, relata Ragone, en medio de un parate ya que es la productora de El secreto de sus ojos y Las viudas de los jueves, las nuevas películas de Juan José Campanella y Marcelo Piñeyro, respectivamente.

En Ruanda hay dos etnias (también son dos castas): los tutsis y los hutus, que se enfrentaron militarmente. Cuando fue asesinado el presidente hutu Juvenal Habyarimana, esta etnia acusó a los tutsis de haber perpretado el atentado, algo que nunca se comprobó. Eso dio pie a los hutus a cometer el genocidio. “Los tutsis murieron en el genocidio pero ganaron la guerra militar”, explica la directora. Cuando finalizó la masacre, los tutsis accedieron al poder. “No se vive una situación de discriminación en la actualidad porque el gobierno tutsi trabaja para que eso no pase, para que no haya una revancha de los tutsis. Por lo que yo pude ver trabajan fuertemente en el concepto de la reconciliación. Después de un genocidio tan grande es muy difícil pensar qué hacer porque hay que seguir conviviendo. Es un trabajo por la reconciliación que ellos no creen que haya acabado”, comenta Ragone.

–¿Cómo analiza la función del Tribunal Penal Internacional para Ruanda?

–La ONU tomó una decisión tardía porque, a pesar de que el militar canadiense que estaba al mando de las fuerzas de paz en Ruanda les decía que era muy grave lo que estaba sucediendo, la ONU tardó mucho tiempo en darse cuenta, aunque también el genocidio sucedió muy rápido: en cien días murió un millón de personas, algo difícil de imaginar. Al final de ese año, la ONU fundó el Tribunal emulando el de Yugoslavia. Son tribunales idénticos. Por otro lado, estoy muy de acuerdo con lo que dice la jueza argentina: el Tribunal no va a juzgar nunca de una manera retributiva. Nunca va a haber una justicia que devuelva nada sino que será una justicia para la historia, ejemplificadora. El tribunal terminará este año o el próximo juzgando sesenta o setenta casos. En un millón de muertos, casi no significa nada. Después, Ruanda tiene que hacerse cargo de su propia situación judicial, que es muy compleja. Cuando terminó el genocidio había 30 abogados en Ruanda. Era imposible armar tribunales. Me resulta interesante lo que la ONU ha hecho en el sentido de que deja una memoria y eso igual vale.

–¿Cuán presente está el recuerdo del genocidio en la sociedad?

–Está permanentemente vivo porque una de las cosas que el gobierno tutsi decidió fue dejar las tumbas grupales (que son de dos o tres mil personas) a la vista. Dejaron los cuerpos encalados para que no se descompongan del todo. La sensación es intensísima. Cualquier persona que tenga más de 14 años allí, ha vivido esa experiencia, o tiene parientes que, de un lado u otro, estuvieron. Sigue estando muy presente y son muy tensas las relaciones entre los ruandeses.

–¿Piensa que podría volver a ocurrir algo así en Ruanda o existe conciencia social sobre lo que pasó?

–Creo que podría volver a suceder. Sí existe conciencia pero las condiciones de vida siguen siendo similares: son tremendas. Y la verdad es que creo que Africa, en general, está un poco abandonada a su suerte. Lo veo en el Congo, Somalia, todos estos lugares que no parecieran interesarle mucho a nadie. No parece haber soluciones para ese continente, desde el punto de vista internacional. Mucho menos en esta crisis.

* Los 100 días que no conmovieron al mundo se proyectará mañana a las 22 en el Espacio Incaa Km 0 Gaumont (Rivadavia 1635) y el lunes 1º de junio a las 20 en Arte Cinema (Salta 1620), en el marco del 11º Festival DerHumALC. Además, mañana también se estrena comercialmente en el Complejo Tita Merello (Suipacha 442).

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“El genocidio sucedió muy rápido: en cien días murieron un millón de personas, algo difícil de imaginar.”
Imagen: Gustavo Mujica
 
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