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Jueves, 15 de octubre de 2009

CINE › ENTRE NOSOTROS, NOTABLE FILM DE LA REALIZADORA ALEMANA MAREN ADE

Cómo filmar el malestar existencial

Integrante de la llamada Escuela de Berlín, la directora pone el foco en Chris y Gitti, una pareja cuyas inseguridades irán asomando en un retiro vacacional que tiene poco de paradisíaco: un buen ejemplo del espesor de ciertas pequeñas historias.

 Por Luciano Monteagudo

En 1982, la muerte de Rainer Werner Fassbinder marcó el fin de aquello que hasta entonces se conocía como el “Nuevo Cine Alemán”. Después de Kluge, Wenders y Herzog se esperaba una generación de recambio, pero los ’80 y buena parte de los ’90 resultaron un páramo. Esa renovación tardó casi tres lustros. Llegó, por fin, con la llamada Escuela de Berlín, todo un abanico de nombres nuevos que comenzó a llamar la atención en el circuito de festivales internacionales (el Bafici no fue la excepción), muchas veces a partir de su lanzamiento en la Berlinale. Es el caso de Entre nosotros, segundo largometraje de Maren Ade, doblemente premiado este mismo año en Berlín y Buenos Aires y que aborda la crisis de una pareja joven con una infrecuente madurez y espesor dramático.

Como en el cine de Angela Schanelec, Christian Petzold o Thomas Arslan, por mencionar a los pioneros de la Berliner Schule, Maren Ade comparte con ellos la necesidad de trabajar sobre el presente, sobre la realidad como materia viva y sobre personajes sin certezas, en situación de tránsito. Es un cine abierto, en el sentido más amplio de la palabra: un cine que no parte de ideas preconcebidas sino que va expresando sus dudas y eventualmente encontrando sus certezas al mismo tiempo que sus personajes. Como Chris y Gitti, la pareja protagónica de Entre nosotros. El (Lars Eidinger) es un arquitecto con más ambiciones que proyectos concretos, lo que más de una vez dispara su inseguridad profesional e incluso sexual (“¿Te parezco masculino?”, le pregunta muy preocupado a su pareja). En cambio, ella (la estupenda Birgit Minichmayr, premiada como mejor actriz en la última Berlinale) tiene los pies mucho más firmes sobre la tierra. Sabe qué quiere hacer y hacia dónde quiere ir. O al menos eso es lo que cree.

Ambos están solos, lejos de Alemania, aislados en una casa de veraneo en la paradisíaca isla italiana de Cerdeña y esa súbita intimidad –quebrada por la molesta aparición de una pareja amiga– irá mostrando paulatinamente sus grietas. Como si la forzada desnudez a la que los obligan el verano y el paisaje precipitara a Chris y a Gitti a dejar a la vista algo más que sus cuerpos. Es significativo, a su vez, que estando en un lugar de playa, el encuentro con el mar y la naturaleza siempre se eluda o se postergue, como esas verdades que no se quieren enfrentar. De algún modo, ambos prefieren la seguridad interior de esa casa con pileta, repleta de unos adornos horribles, que les recuerdan tácita, obstinadamente a quién deben esa burguesa prosperidad: a la generación de sus padres.

El título original del film (Alle Anderen: Todos los demás) sugiere en parte ese conflicto: Chris y Gitti no quieren ser como “todos los demás”: como fueron sus padres o como es esa pareja de amigos, que ya parece tener decidido todo lo que hará y dejará de hacer en su vida. Pero lo que el film de Maren Ade da a entender es que, fatalmente, no podrán evitar seguir ese mismo camino.

Entre nosotros es un film eminentemente contemporáneo, que refleja el conformismo y la frivolidad de la alta burguesía alemana de hoy. Pero aun así resuenan en sus imágenes ecos del Rossellini de Viaje en Italia (1953), un film clave del cine moderno, con el cual la película de Maren Ade parece querer dialogar. Es verdad que la pareja de extranjeros de Rossellini se vinculaba con su entorno –la gente de la región de Nápoles– de una manera que Chris y Gitti no lo hacen. Pero hay algo esencial en esta nueva crisis de pareja que remite a aquellos antepasados cinematográficos, como si Maren Ade hubiera encontrado en ellos lo que George Sanders e Ingrid Bergman encontraban en el hombre y la mujer eternizados por las cenizas de Pompeya. Esa es también la diferencia entre films como Entre nosotros y superproducciones como La caída, del productor Bernd Eichinger, la antítesis de todo lo que encarna la Escuela de Berlín. Contra la falsa escenificación de una gran Historia con mayúsculas, Ade y sus amigos eligen narrar pequeñas historias que hablen de lo que sucede hoy en Alemania, de su paisaje actual, de su profundo malestar existencial.

9-ENTRE NOSOTROS

Alle Anderen, Alemania/2009

Guión y dirección: Maren Ade.

Fotografía: Bernhard Keller.

Edición: Heike Parplies.

Diseño de producción: Silke Fischer y Volko Kamensky.

Intérpretes: Birgit Minichmayr, Lars Eidinger, Nicole Marischka, Hans-Jochen Wagner y Paula Hartmann.

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La película aborda la crisis de una pareja joven con una infrecuente madurez y espesor dramático.
 
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