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Jueves, 22 de octubre de 2009

CINE › PREESTRENO DE BOOGIE, EL ACEITOSO EN ROSARIO, CON PABLO ECHARRI Y NANCY DUPLáA

A Boogie todo lo humano le es ajeno

Una de las más potentes creaciones de Roberto Fontanarrosa se paseará desde hoy por más de cincuenta salas del país y, a juzgar por las reacciones que se vieron en la avant première rosarina, puede actualizar a fuerza de sopapos a este clásico de la historieta argentina.

 Por Facundo García

Desde Rosario

Si la noticia la diera él, quizás este párrafo empezaría con un lacónico “¡Shit!”. Pero no sería justo, porque hay bastante para festejar: Boogie el aceitoso volvió a todo trapo, en formato de película de animación en 3D. El personaje, una de las más potentes creaciones de Roberto Fontanarrosa, se paseará desde hoy por más de cincuenta salas del país, y a juzgar por las dosis de violencia que se vieron en la avant première realizada el martes en Rosario –fórmula que se potencia con el aporte de Pablo Echarri y Nancy Dupláa en las voces de los protagonistas– tiene chances de levantar suficiente revuelo como para actualizar a fuerza de sopapos a este clásico de la historieta argentina.

La aventura empieza cuando el capomafia Sonny Calabria (Rufino Gallo) es llevado a juicio y necesita “silenciar” a una testigo de sus crímenes, Marcia (Dupláa). Calabria delega el trabajo sucio a Jim Blackburn (Nicolás Frías), representante de una nueva generación de asesinos a sueldo que le está serruchando el piso a Boogie (Echarri). Herido en su ego, el antihéroe decide secuestrar a la joven para mostrarle al hampa que aún está para las grandes ligas, dando inicio a una sucesión sangrienta nunca vista en producciones locales. Tal es así que durante el estreno las caras de los espectadores oscilaban entre la fascinación y cierta reacción revulsiva que –contradicciones del arte– se hacía más evidente entre los “veteranos”.

La película implicó un año y medio de trabajo. Si bien se terminó con gráficos en dos dimensiones, al surgir la posibilidad de adaptarla a la tecnología 3D se volvió atrás y se aplicaron las adaptaciones necesarias, lo cual prácticamente significó hacerla de nuevo. Los que están desde el principio relatan que cuando le presentaron la idea a Fontanarrosa, él contestó que “estaban locos”. El rosarino opinaba que el Aceitoso “era muy violento” y además “había pasado de moda”. No obstante, cuentan que al ver cómo estaba quedando el film el Negro se emocionó hasta las lágrimas.

Ocurre que, en muchos sentidos, Boogie es un hito: fue la primera realización latinoamericana que quedó entre las diez seleccionadas por el Festival de Annecy, que es el encuentro de animadores más importante del mundo. Además se trata de la única producción no hollywoodense pensada para ser vista “en tres dimensiones”: según puntualizaron desde Illusion Studios, entre los diecinueve largometrajes hechos con esta tecnología durante 2009, el de ellos ostenta el mérito de haber sido concretado fuera de Estados Unidos. Hasta la fecha, nadie más ha encarado ese desafío. “Creemos que éste es otro paso para que el cine argentino se reconcilie con su público”, se esperanzó en la rueda de prensa rosarina el director Gustavo Cova, conocido entre otras cosas por haber adaptado en 2006 los dibujos de Milo Manara para la serie de TV City Hunters.

Esta vez, sin embargo, la apuesta es más fuerte. Boogie invierte la máxima de Publio Terencio y afirma con asco que “todo lo humano le es ajeno”, por lo que los productores José Luis Massa y Hugo Eduardo Lauría –que hace un par de temporadas salieron al ruedo con Patoruzito– aclararon que esta vez no se trata de una historia enternecedora “a lo Dante Quinterno”. “Apuntamos a los adultos y también a los adolescentes –destacó Massa–. Porque Boogie era una tira para adultos hace veinte o treinta años, cuando los pibes no estaban tan comunicados y los ‘grandes’ no convivían con el nivel de agresividad que se ve hoy. Por lo demás, la película es profundamente reflexiva. El personaje dice cosas que muchos no se atreven a expresar, y eso tiene que ver con el perfil que le había dado Fontanarrosa.”

Los balazos de acidez que disparaba Boogie a mediados de los setenta rebotan hoy mucho más cerca de aquellos que siguen sus trapisondas desde el papel o la pantalla. El egoísmo es cotidiano y ha cobrado un protagonismo social tan grande que los límites de la ficción se han ido corriendo hasta llegar al festín de sangre –a medio camino entre el Tarantino orientaloide y la estética de videojuegos en la línea de GTA Vice City– que marca esta reaparición de la Bestia Rubia. Desde luego, los fans de la vieja guardia encontrarán líneas extraídas textualmente de las viñetas de otras épocas. Echarri, empero, se atajó advirtiendo que no se trata de imágenes “para cualquiera” y que “bajo el prisma del humor” la propuesta es “tratar algunos temas de otro modo hubieran sido insoportables”. “Lo bueno –añadió– es que aunque originalmente Boogie había llegado a un público bastante restringido, ésta es una posibilidad para cambiar eso.”

Dupláa, su compañera en la ficción y la vida real, confirmó que la pareja espera un segundo bebé y abundó en las razones que identifican a Pablo con el atorrante al que dio voz. “Le cuadraba justo ese tono de noche y de faso, no sé por qué”, bromeó. Ambos actores trabajaron por separado, haciendo hincapié en mantener un castellano neutro y elaborar voces que resultaran poco reconocibles. “Es un personaje muy difícil –admitió él–. Con esa insensibilidad que tiene, el desafío era salirse de lo monocorde. Más allá de eso, ya habíamos abordado textos de Fontanarrosa en los cuentos que transmitió Canal 7, y seguir pegados al Negro es un honor.”. El sex symbol comentó que el modelo 2009 de Boogie encarnaba un “planteo acerca de la connivencia entre la criminalidad y el sistema policial y político”. “En Boogie –dijo– todos los malos son grandes socios.”

La figura del estadounidense ruin sigue vigente, y por eso no cuesta comprender el retorno de Boogie. Y sigue siendo aceitoso –“todo le resbala”– pero prefiere la cita mordaz al refrito. En efecto, viene con escenas que seguramente terminarán siendo hit en YouTube, como una que ironiza sobre el american way of life a través de unos misiles que se disparan desde Disneylandia; u otra en la que el desgraciado le clava un tenedor en la mano a la chica que lo acompaña para evitar que coma de sus papas fritas, tras lo cual el agresor filosofa: “Marcia, la violencia empieza porque alguna gente quiere sacarle la comida a otra”. Atravesada esa sucesión de tiros y frases fachas, es el dibujo animado mismo el que emerge como problema. ¿Para quién es esto? ¿Será el público lo suficientemente inteligente como para pescar las ironías, o caerá en interpretaciones literales?

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Dupláa y Echarri en la ciudad del Negro Fontanarrosa.
Imagen: Sebastián Granata
 
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