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Jueves, 12 de noviembre de 2009

CINE › JOHN KENNEDY Y BONNIE ERICKSON: LOS MUPPETS Y PLAZA SéSAMO EN EL FESTIVAL DE MAR DEL PLATA

“Jim Henson fue un anarquista amable”

Dos discípulos del gran Henson, presentes en la retrospectiva que le dedica el festival marplatense al creador de los Muppets, explican la vigencia de su obra. “Jim entendió que los muñecos podían capturar como nadie la imaginación del espectador”, dicen.

 Por Mariano Blejman

Desde Mar del Plata

Estos títeres son poderosos: de hecho, su presencia en el Festival de Mar del Plata está financiada en gran parte por la Embajada de Estados Unidos. Pero el poder de estos títeres célebremente conocidos como los Muppets o los integrantes de Plaza Sésamo, creados por Jim Henson en los años ’70, reside en su notable capacidad para crear mundos inventados: “Uno puede hacer con los títeres lo que no puede hacer con la gente”, dice Bonnie Erickson, quien trabajó con Henson desde los comienzos, y creó algunos personajes como Miss Piggy, aquella cerdita que acompañaba a la inolvidable rana René. El otro representante de Henson aquí es John Kennedy, un reconocido titiritero que por suerte –aunque su nombre traiga ese recuerdo– no fue asesinado cuando era presidente, sino que trabaja en estos momentos en los estudios de Walt Disney en Orlando donde se hace Plaza Sésamo (que puede verse en Discovery Kids, junto a El Mundo de Elmo) y que vino a Mar del Plata a realizar un taller. No deja de ser un escenario inquietante ver medio centenar de hombres mayores jugando con medias, trapos, paños, telitas y metiendo las manos en ellas a las diez de la mañana.

En el Festival de Mar del Plata, además de Llegan los Muppets se pudo ver The Great Muppet Caper, Laberinto y El cristal encantado, todas creaciones del malogrado Jim Henson. Es sabido que los Muppets revolucionaron la forma en que los títeres se incorporaron a la industria del entretenimiento, la manera de construir los personajes, la capacidad de contar historias, el interés por desarrollar nuevas técnicas de interpretación y manipulación. Pero, como si esto fuera poco, intentaron hacer que “el mundo sea mejor”, según recuerda Erickson, antes de explicar el complejo entramado de intereses corporativos que se esconden debajo de los títeres. Porque en febrero de 2004 los Muppets fueron adquiridos por The Walt Disney Company y ahora se llaman Muppet Studios, los personajes de Plaza Sésamo quedaron en poder de Sesame Workshop. Por otro lado, The Jim Henson Company mantiene el resto de los derechos de películas y programas de televisión, incluyendo Fraggle Rock, Farscape, The Dark Crystal y Labyrinth. También existe la Jim Henson Legacy Foundation, presidida por Bonnie Erickson, que está en el festival: “Tenemos muy buenas relaciones con las tres entidades. Nuestro objetivo es que no olviden el trabajo de Henson, que se mantenga en la esfera pública”, cuenta.

Desde la Fundación, también se encargan de los títeres “retirados”, y –si bien no les pagan la jubilación– los mantienen en una exhibición permanente a través de los Estados Unidos, Canadá y Australia (“y por qué no Argentina”, dice Irena Kovarova, organizadora de estas giras). Parte del legado de Henson es desarrollar estos work-shops donde la gente aprende a meter mano. Ni Erickson ni Kennedy tienen una idea acabada de a qué se debe el éxito que han tenido los títeres o por qué la gente sigue usándolos. “Se puede usar la imaginación... Jim Henson decía en la época del programa Jim Henson Hour que ‘la fantasía siempre gana’. Uno finalmente termina creyendo ese mundo.” Para Erickson: “Jim usó los títeres como un medio de comunicación. Entendió que éstos podían ser su alter ego, que tenían mucha personalidad, que podía capturar la imaginación del espectador y básicamente que era una forma de fingir”.

¿Cómo es que un calcetín puede tener vida? “Una media, una copa, una caja...”, dice Kennedy, quien entiende que sus workshops son un espacio donde los grandes tienen permiso para jugar. “En algún momento de la clase, ya no puedo detener a los personajes que están creando. Toman vida propia”, dice Kennedy, quien no puede parar de ver títeres por todos lados; “ni siquiera cuando voy al supermercado dejo de imaginármelos”. De la relación golémica entre una mano y una media hasta la animación digital han pasado años de desarrollo de nuevas técnicas, en la que la The Jim Henson Company siempre fue pionera. “No es algo que va a pasar en el futuro. Nada termina, siempre empieza algo nuevo. Uno de los personajes, Sid The Science Kid, está usando imágenes generadas por computadora y humanos en combinación”, cuenta Erickson, quien, a pesar de su look de tía amable que toma té negro a las cinco de la tarde, maneja muy buena información sobre el mercado de los títeres y de los títeres del mercado. “Pero lo importante son las historias”, afirma Erickson.

¿Los títeres tienen ideología? Erickson piensa que su creador la tenía. “Jim Henson era un anarquista amable. Era muy positivo y nunca pensó que algo no podía ser realizado. Pero quería construir un mundo mejor. En la tele y en las películas, pudo hacer lo que quería. En sus producciones hay un mensaje subliminal de que las cosas podrían ser mejor. Con los títeres, quería cantar, tocar música, salvar el mundo, hacer que la gente se quisiera. Tenía ese sentido del juego.” Según cuenta Erickson, antes de zambullirse en los títeres, Henson hizo un documental sobre el espíritu de los años ’60 llamado Youth ’68, y que fue dirigido por Jon Stone, donde ya incursionaba en las técnicas de “stop motion”. Entre los entrevistados estaban grupos como Jefferson Airplane y The Mamas & The Papas. Tal vez allí esté la respuesta para el espíritu de su obra.

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Kennedy y Erickson: la tradición de Henson sigue llegando a las nuevas generaciones.
 
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