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Martes, 8 de diciembre de 2009

CINE › ANDRéS NO QUIERE DORMIR LA SIESTA EN EL FESTIVAL DE LA HABANA

Reflexionar el “no te metás”

La película del santafesino Daniel Bustamante, aún no estrenada en Buenos Aires, narra la historia de un niño cuya madre militante muere y que tiene que ir a vivir con familiares negadores. Además, en Cuba se vio La invención de la carne.

 Por Oscar Ranzani

Desde La Habana

Hace cuatro años, el cineasta santafesino Daniel Bustamante vio un documental sobre centros clandestinos de detención en su provincia natal. Lo que más lo atrapó fue el relato de una mujer que había estado secuestrada durante cinco meses y que, como consecuencia de los golpes y las torturas que recibía diariamente, había perdido las nociones de tiempo y espacio, desconociendo, en consecuencia, si era de día o de noche. La manera que encontró de reconstruir el día fue a través de las voces que escuchaba de unos chicos que asistían a una escuela cercana a ese recinto ominoso. Ella sabía que cuando los alumnos salían al recreo era de día, cuando no los escuchaba era de noche y que, si transcurría mucho tiempo sin percibirlos, era fin de semana. Cuando esta mujer comentó que había estado secuestrada en la Comisaría 4ª de Santa Fe, Bustamante pegó un salto de la silla frente al televisor, ya que frente a ese centro estaba la escuela donde él estudiaba. Y en la fecha en que ella estuvo secuestrada, Bustamente cursaba cuarto grado. “No pude dejar de pensar que, a lo mejor, yo era uno de esos chicos que esta mujer escuchaba”, señala el director sobre esta terrible anécdota que funcionó como disparador para su ópera prima, Andrés no quiere dormir la siesta, aún no estrenada en Buenos Aires, y que se presenta hoy en la Competencia Oficial de Operas Primas en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

La ficción que construyó Bustamente transcurre en 1977, en plena época de la dictadura. Andrés es un chico de 8 años, hijo de padres separados. Su madre, militante, muere al comienzo de la historia en un accidente de tránsito. Andrés, en consecuencia, debe ir a vivir a la casa de Olga, su abuela paterna (Norma Aleandro), que desconocía que su nuera era militante y que manifiesta la intención de vivir tranquila, sin problemas. En el barrio, todos saben de la existencia de un centro clandestino de detención pero nadie abre la boca. Cuando Raúl (Favio Aste), el severo padre de Andrés, va a la casa donde vivían el niño, su hermano y su mamá, encuentra papeles comprometedores de su ex mujer, se sorprende y decide quemar todo. Desde ese momento, el film muestra el relato de una familia negadora, en una sociedad que también lo fue en su gran mayoría.

La principal característica de Andrés... es que no pone el foco en las víctimas ni en los verdugos, sino en la gente que se mantuvo en silencio durante la dictadura, lejos de cualquier cuestionamiento. Se podría señalar que esta familia es un claro exponente del “no te metás”. “Creo que es un poco más profundo –señala Bustamante–. No solamente es el ‘no te metás’, sino el accionar hacia esa actitud. El ‘no te metás’ muchas veces estaba relacionado con el miedo. Y en la película, los personajes –salvo la madre del chico y de Alfredo, el militante– no actúan por miedo, sino por convicción: actúan desde la convicción de que lo que están haciendo es lo mejor para ese chico y para su crianza. Y una consecuencia de eso es el ‘no te metás’.” Este largometraje que tiene la mirada del chico, “no es una película que habla sobre la dictadura, sino que transcurre en la dictadura. Y no tiene que ver solamente con el punto de vista del chico, sino con el lugar en donde me coloqué en el relato. Me parecía que estaba bueno reflexionar sobre los modelos familiares que determinan un tipo de crianza y un tipo de individuo, y que, por sumatoria, representa un modelo de sociedad. Para que 30 mil personas hayan desaparecido a manos de 3 mil hubo casi 30 millones que decidieron por acción o por omisión colocarse en un lugar. Me parece importante reflexionar sobre eso”, expresa Bustamante.

Por otro lado, en la Competencia Oficial de Largometrajes de Ficción se presentó la cubana El premio flaco, tercer largometraje de Juan Carlos Cremata, que se inspiró en la pieza teatral homónima de Héctor Quintero y que transcurre en 1958, en plena lucha por la Revolución. La actriz Rosa Vasconcelos le da vida a su personaje con una notable interpretación que atrapa por su ternura y su dignidad. Iluminada es una mujer pobre que vive en una casa muy chica y muy humilde. Su sueño es “tener una casita”. Por eso, se ha privado de muchas cosas tratando de ahorrar para concretarlo. Hasta que un día, al comprar un jabón, tiene un papelito de promoción con premio incluido: ¡una vivienda! Todo el pueblo festeja el premio de Iluminada, que comienza a regalar sus cosas a los vecinos. Juana, una vecina, se ha quedado en la calle con cuatro chicos. Entonces, Iluminada, con su solidaridad innata, le ofrece compartir el pequeño sucucho que habita hasta que se mude a la nueva vivienda. A los seis meses, Iluminada se va a vivir al campo y está feliz con su nueva vivienda, mientras Juana queda en la vieja casa. Pero lo que comenzó como una divertida comedia –con humor satírico incluido–, se transforma en un terrible drama en El premio flaco: las tropas de Fulgencio Batista bombardearon la zona donde Iluminada fue a vivir y le destruyeron la nueva vivienda y todas sus pertenencias. Desesperada, vuelve al barrio para pedir ayuda, pero todos le cierran las puertas y la acusan de loca. Incluso, Juana se niega a abandonar la vieja casa que Iluminada le prestó argumentando que ahora es suya. Tal vez la crítica principal a este film, que conmueve por el personaje, es que demuestra que en la miseria más absoluta la solidaridad no existe, de acuerdo con el comportamiento de todos los vecinos de Iluminada. Algo que, se sabe, no es necesariamente así. Tal vez, el director haya querido manifestar que la solidaridad la enseñó la Revolución, que fue posterior al tiempo en que transcurre la historia.

Otra argentina presentada en la Competencia Oficial de Largometrajes de Ficción fue La Invención de la carne, del cordobés Santiago Loza, que se estrenó hace unas semanas en Buenos Aires. La invención... tiene como protagonista a María (Umbra Colombo), una mujer que no tiene vida propia y que pasa sus días prestando su cuerpo para prácticas de estudiantes de medicina. Hasta que uno de ellos, Mateo (Diego Benedetto), se obsesiona y comienza a seguirla. La película avanza con muy pocos diálogos, como si la intención del director hubiera sido reflejar una atmósfera de irrealidad donde los personajes puedan estar alejados de este mundo realista y cotidiano en el que no encuentran su lugar o el sentido de su existencia.

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Andrés no quiere dormir la siesta surgió por el relato de una detenida en un centro clandestino.
 
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