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Martes, 22 de diciembre de 2009

CINE › EN LA ERA OBAMA, HOLLYWOOD QUIERE ADAPTARSE A LOS TIEMPOS QUE CORREN

Negros y blancos en colores

Imbuida del espíritu navideño, la Meca del Cine estrena estos días a escala mundial tres películas que promueven la reconciliación entre razas: Invictus, La princesa y el sapo y The Blind Side. Pero la realidad no necesariamente imita al arte.

 Por Rupert Cornwell *

Si el polvo mágico diseminado por Hollywood fuera real, ésta sería la Navidad en la que el más antiguo problema de la humanidad estaría resuelto. Quizá sea porque es la primera vez que un hombre negro ocupa el sillón más importante de Estados Unidos; quizá sea pura coincidencia. Sea cual fuere la razón, todas las películas parecen tratar del amor o la reconciliación entre las razas.

El pasado fin de semana se estrenaron un par más en Estados Unidos. La más potente, sin dudas, es Invictus, de Clint Eastwood, la inspiradora historia de cómo Nelson Mandela, con apenas un año de liberado de la prisión y suficientes razones para estar amargado, eligió la reconciliación en vez de la venganza y utilizó un partido internacional de rugby para acercar a blancos y negros en Sudáfrica. Por contraste, La princesa y el sapo es una película de animación basada en el relato de los Hermanos Grimm, “El príncipe sapo”. Pero no deja de ser una marca significativa: las heroínas de Disney solían ser de piel blanca y ojos azules, indiscutiblemente caucásicas. Pero en los años recientes hubo algunos cambios. Ya hubo una princesa india en Pocahontas y una china en Mulan. Pero nunca, hasta ahora, había existido una heroína negra en una película de Disney. Tiana, que quiere poner su propio restaurante, es joven, despierta, trabajadora y hermosa. Ella y su príncipe tienen sorprendentes aventuras con el exótico fondo de la Nueva Orleans de la era del jazz. El reparto de personajes presenta, entre otros, a una vieja y astuta sacerdotisa vudú en el Bayou y a un cocodrilo que toca la trompeta. Hasta ahí, bien Disney. La gran diferencia es que Tiana es afroamericana y su príncipe sapo es blanco.

Y también está The Blind Side: como Invictus, es también una historia real, sobre una adinerada pareja blanca en el sur americano que toma a un adolescente iletrado de las calles, lo lleva a su casa y termina adoptándolo. Con su apoyo y devoción, el pibe negro sin futuro se convierte en una estrella de la National Football League. Como Invictus, la película utiliza al deporte para abordar temas más amplios; en este caso, que la gente no debería ser juzgada por el color de su piel y que aun los individuos menos promisorios tienen un potencial a explotar.

En este momento, de todos modos, la vida no está precisamente imitando al arte. Mientras estas edificantes historias se exhiben en la pantalla plateada, parte del mundo real se ensaña con la saga de Tiger Woods, un hombre negro cuya superioridad en un deporte tan blanco como el golf lo convirtió en una suerte de puente en la división racial estadounidense... sólo para que su calificación de ejemplo universal quedara barrida por una cadena de acusaciones de índole sexual.

De acuerdo con los testimonios, La princesa y el sapo fue muy bien recibida por la comunidad negra, y no sólo por lo que tardó en llegar. Pero el “asunto Woods” ha levantado sentimientos bastante más hostiles. Para la mayoría de los medios, apenas importa que Woods es generalmente reconocido como un hombre negro (incluso aunque él se resiste a ser identificado como tal y prefiere el término “Calvin Asiático”, en referencia a sus ancestros chinos, negros, indios y alemanes). Para los tabloides, es sólo el escándalo sexual de otra celebridad, y además de altísimo perfil. Pero en los blogs y sitios web afroamericanos hay una reacción muy diferente. Hay un resentimiento hacia un exitoso hombre negro que aparentemente sólo se relaciona con mujeres blancas, dentro y fuera de la cama matrimonial. El hábito no es nuevo: el boxeador Jack Johnson y la estrella del fútbol OJ Simpson son otros con un recorrido similar. Como escribió Denene Millner, autora de The Angry Black Woman’s Guide to Life, “¿Por qué cuando se llega a ese nivel todos tienden a ir a buscar a la rubia más cercana?”.

Aun este trío de películas “para sentirse bien” que tratan de temas raciales tienen sus detractores. The Blind Side fue descalificada por condescendiente y simplista, una historia de caridad blanca que busca la autosatisfacción e ignora la espeluznante y duradera miseria que azota la vida en los barrios bajos de Memphis, Tennessee. Su héroe es más la excepción que confirma la regla que una luz de esperanza. En cuanto a La princesa y el sapo, algunos vez una sutil rebaja racial en el hecho de que Tiana pasa buen parte de la película como un sapo verde y no como un ser humano negro. Quizá como un eco de las supuestas escapadas de Tiger Woods en la vida real, otro crítico negro se quejó diciendo que una princesa afroamericana está bien, pero Disney debería también tener un príncipe afroamericano. De ese modo, Hollywood podría demostrar que los casamientos largos y felices no son sólo prerrogativa de los blancos.

Incluso la historia de Mandela no tiene un final enteramente feliz. Sí, su reputación, a diferencia de la de Woods, ha crecido aun más durante la década transcurrida desde que dejó el poder. El golfista perdió su aura, pero todo alrededor del estadista es hoy casi divino, y el extraordinario retrato que de él realiza Morgan Freeman no puede menos que completar el proceso. Incluso ese maravilloso momento en 1995, cuando Mandela persuadió a una desconfiada y agraviada mayoría negra para que apoyara a un equipo nacional de rugby que había sido emblema de la Sudáfrica blanca, no tiró abajo las barreras raciales del país. Una encuesta reciente descubrió que, en un día típico, un cuarto de todos los sudafricanos no le hablan a una persona de raza diferente, mientras que casi la mitad nunca socializa con ciudadanos de otras razas. Quizás el Mundial de Fútbol 2010 finalice el trabajo iniciado en 1995 por la Copa del Mundo de Rugby.

Quizás un día alguien haga una película sobre Tiger Woods. Sus posibilidades en la taquilla, de todos modos, no parecen incluir la promoción de la armonía racial. Esta Navidad, Hollywood propone tres films que son simplemente buen entretenimiento: deben ser tomados como tales, y nada más. Si ocurre que las futuras generaciones las recuerdan como pequeños logros en el camino de un mundo post-racial, será un valor agregado.

De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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Morgan Freeman y Matt Damon se dan la mano en Invictus, de Clint Eastwood.
 
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