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Miércoles, 10 de marzo de 2010

CINE › LA HISTORIA DEL PREMIO NOBEL CESAR MILSTEIN EN UN DOCUMENTAL

“La curiosidad genera conocimiento”

La directora Ana Fraile y el guionista Lucas Scavino explican la lógica de Un fueguito, que se estrena mañana. “Queríamos contar la vida de César, pero no desde lo biográfico, sino más bien desde el descubrimiento, la búsqueda y la discusión de ideas”, señala Fraile.

 Por Adrián Pérez

“Para compartir semejante distinción con un estudiante tenés que ser muy honesto y reconocer: ‘Vos pensaste la misma idea que yo, al mismo tiempo, y los dos trabajamos juntos. Entonces, lo correcto es que sea mitad para cada uno’”, analiza Ana Fraile, directora y productora de Un fueguito: la historia de César Milstein. Apoyado en el testimonio de colegas, amigos, familiares y en imágenes de su archivo fílmico personal, el documental que se estrena mañana en Buenos Aires abreva en facetas poco conocidas del científico, que obtuvo el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1984, junto al alemán Georges Köehler, por su investigación sobre anticuerpos monoclonales. El acercamiento al Movimiento Anarquista en Argentina y su colaboración con el periódico La protesta, el gusto por el cine, su costado familiero, la pasión por los viajes y la aventura son algunas de las claves de una película que rompe con el estereotipo del “científico loco” o el “superhéroe de guardapolvo blanco”, para devolverlo a un mundo más terrenal.

Con un costo de 300 mil dólares y declarada de Interés Nacional por el Ministerio de Educación de Argentina, Un fueguito... tuvo el apoyo financiero del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación, la Fundación Instituto Leloir y Celia Prilleltensky, la eterna compañera de Milstein, entre otros aportes. Antes de su llegada a la pantalla grande, Página/12 habló con Ana Fraile, sobrina nieta del científico, y con el guionista Lucas Scavino sobre el nacimiento del proyecto, la importancia de hacer foco en la curiosidad como motor del conocimiento y sus expectativas en cuanto a la recepción de la película. A fines de mayo, adelantan, organizarán una proyección con entrada libre y gratuita en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, experiencia que piensan repetir en escuelas secundarias y universidades de Buenos Aires y el interior del país para estimular a los jóvenes a que sigan carreras científicas.

–¿Cómo nació el proyecto de Un fueguito...?

Ana Fraile: –La idea surgió en 2000, cuando me estaba graduando en la escuela de cine de San Antonio de los Baños, en Cuba. César sabía que iba a tener problemas para conseguir subsidios y pensó que podía ayudarme con un primer financiamiento. En principio, queríamos contar la historia del Malbrán y el despido en 1962 de muchos científicos para compararlo con la actualidad de los investigadores argentinos en el exterior, que comenzaban a retornar al país o que querían volver y no sabían cómo. El proyecto se estancó cuando César falleció, pero en 2004 visité a Celia en Inglaterra, le propuse continuarlo y terminamos hablando de la vida de mi tío. Entonces, pensamos en hacer una primera investigación para saber por qué se habían ido del país. Ella me mostró el archivo fílmico, las fotos y diapositivas familiares, y comencé a entrevistar a colegas y amigos.

–¿Y qué encontró en ese archivo personal?

A. F.: –Lo que más me interesó fue su aventura científica. Regresé a Buenos Aires con un montón de casetes filmados en una cámara digital que él había comprado, se los mostré a Lucas Scavino y comenzamos a armar el concepto de la película. Queríamos contar su vida, pero no desde lo biográfico, sino más bien desde el descubrimiento, la búsqueda y la discusión de ideas.

–La película expone un costado poco conocido de Milstein: su vida personal.

A. F.: –Hay demasiado prejuicio sobre la figura del científico. Nuestra intención fue corrernos de los clichés y de uno de los lugares más comunes de los cineastas: registrarlo todo en el laboratorio.

Lucas Scavino: –Esos prejuicios existen, fundamentalmente, por el lenguaje o la forma de aproximarse a un científico. En realidad, detrás de su pensamiento hay una persona curiosa como cualquiera de nosotros. No son científicos por un lado y personas por otro: son todo junto. Piensan, viven y sienten como todos.

–Por el vínculo familiar, no debe haber sido fácil separarse del personaje.

A. F.: –Sin la ayuda de Lucas, que tomaba más distancia, creo que hubiera sido muy difícil hacer el documental. Muchas veces me quedaba mirando el monitor entristecida o abrumada por las ideas.

L. S.: –Siempre traté de contarme la historia a mí mismo de una manera atractiva para intercambiarla con Ana, que la mejoraba porque conocía muchos más detalles o relaciones dentro de la historia.

A. F.: –Eso en cuanto a lo familiar. En la construcción del discurso científico trabajamos a la par.

–¿Cómo armaron el relato para no caer en la brecha entre biografía y documental de divulgación científica?

A. F.: –Aunque tratamos de entrelazar esos dos mundos, sí fue necesario pensar en sus antecedentes. Si bien la mayor parte de su trabajo científico transcurrió en Inglaterra, para comprender su labor en Cambridge tuvimos que contar de dónde venía, cómo había comenzado a investigar. Siempre intentamos relacionar al personaje y sus sentimientos con su trabajo cotidiano. Pero cuando aparece la ciencia, el corte se vuelve inevitable. Ahí pensamos: “Ahora te voy a contar otra historia”. Hasta cambia el idioma porque, en el laboratorio, César hablaba en inglés, pero con Celia, en su vida privada, lo hacía en español.

L. S.: –Promediando la película, sus colegas cuentan anécdotas personales sobre cómo esa personalidad libertaria se involucraba en su manera de hacer ciencia. Creo que eso es lo que nosotros buscábamos rescatar.

–¿Qué expectativas tienen en cuanto a la recepción del documental?

L. S.: –Estamos muy entusiasmados con la curiosidad que se pueda despertar, con las ganas de saber y conmoverse con aquellas cosas que no podemos explicarnos. Si la película despierta esa identificación en un otro, como espejo de esas curiosidades, ya tiene mucho camino recorrido.

A. F.: –Queremos despertar ese fueguito en cada uno. Es muy importante hacer un poco de historia y memoria con esta película. Así como César se entusiasmó en su infancia con el libro Cazadores de microbios, a nosotros nos gustaría motivar a los jóvenes a que sigan carreras científicas. En este sentido, con Celia habíamos hablado sobre la posibilidad de repartir la película, gratuitamente, en secundarios y en los primeros años de la universidad; cosa que va a ocurrir, eventualmente, a lo largo del año.

–¿Por qué es importante ver la película?

L. S.: –“La curiosidad como fuente de riqueza”, el título que César le puso a una de sus últimas charlas en la Facultad de Ciencias Exactas, en 1999, condensa el espíritu de la película y de alguna forma ayuda a entender por qué es importante el apoyo a la ciencia. La curiosidad, en todo aspecto, favorece el crecimiento personal pero también puede ser fuente de riqueza de un país.

A. F.: –Riqueza que se encuentra en la necesidad de querer saber cómo funcionan las cosas, porque la curiosidad genera conocimiento. “Hoy estoy horrorizado con los precios que cobran por alguno de esos anticuerpos monoclonales dirigidos a células tumorales. Sé cuánto cuesta hacerlos y lo que cobran es un despropósito”, denunciaba Milstein sobre los precios que imponía la industria farmacéutica, durante una entrevista en la Universidad de Cambridge. En marzo de 2000, cuatro años antes de su muerte, el científico presagiaba que la ciencia sólo cumpliría sus promesas “cuando sus beneficios fueran compartidos equitativamente entre los verdaderos pobres del mundo”.

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Ana Fraile y Lucas Scavino. La directora es la sobrina nieta del científico.
Imagen: Carolina Camps
 
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