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Viernes, 13 de agosto de 2010

CINE › TE EXTRAÑO, DE FABIAN HOFMAN, CON FERMIN VOLCOFF, MARTIN SLIPAK Y LUIS ZIEMBROWSKI

Exilio y afirmación de la identidad

La primera ficción del cineasta argentino radicado en México es desembozadamente autobiográfica y refleja el largo y doloroso pasaje a la madurez de Javi –protagonista y narrador–, el hermano “perejil” de un militante desaparecido.

 Por Horacio Bernades

7

TE EXTRAÑO
(México/Argentina, 2010)

Dirección: Fabián Hofman.
Guión: Diana Cardozo.
Fotografía: Alberto Anaya.
Edición: Miguel Schverdfinger.
Intérpretes: Fermín Volcoff, Martín Slipak, Luis Ziembrowski, Susana Pampín, Edda Díaz, Santiago Pedrero e Isela Vega.
Estreno exclusivo en el cine Gaumont.

Primer film de ficción de Fabián Hofman (Buenos Aires, 1960), Te extraño introduce, en la revisión de los años ’70 en la Argentina, un interlocutor hasta ahora ausente: el hermano menor. Esto es, el hermano menor del hombre de acción, del héroe, del desaparecido. La película de Hofman incorpora esa figura por partida doble. Desde el lugar de protagonista, pero también del de narrador, en tanto la suya es una ficción desembozadamente autobiográfica. Lo que le da un interés inédito es que se trata de la primera ocasión en que el punto de vista no es el de un ex militante, ni siquiera el de su hijo (el caso de Los rubios, M o Papá Iván), sino el de lo que en la época se llamaba, despectivamente, perejil: el simpatizante que no militaba, sino que la veía un poco de afuera. Podría decirse, extrapolando, que Te extraño representa la primera ocasión en que un perejil –figura culposa, si las hay– sale del armario y dice: “Soy”.

Hofman es aquí Javi, hijo de una familia judía de clase media, que en 1975 tiene 15 años. El lugar subsidiario que Javi ocupa en la familia en relación con Adrián –que le lleva cinco años–, queda definido en la primera escena. Javi (el debutante Fermín Volcoff, justísima elección de casting) se halla en medio de un festejo familiar, con sus padres (Luis Ziembrowski y Susana Pampín) y la bobe (Edda Díaz). Rápidamente la conversación se desvía hacia el faltante, Adrián (Martín Slipak). Que, como está haciendo la colimba, no se sabe bien si podrá venir o no. Cuando Adrián entra al departamento, la bobe (para quien es claramente el nieto favorito) no es la única en dejar todo y salir a su encuentro. Una de las cosas que dejan es Javi. Estar al costado parecería ser su marca, y si algo narra Te extraño es el largo y doloroso paso que representa moverse del costado al centro de la propia vida.

Doloroso, porque ese paso comienza a darse recién a partir del momento en que Adrián desaparece de escena. La culpa del sobreviviente es, sin duda, una de las heridas que la película de Hofman aborda, siempre en un medio tono (tono menor, podría decirse), reacio a intensificaciones y desbordes. Es también doloroso, o paradójico, o significativo, que a partir de esa desaparición la propia película comience a hallarse a sí misma. Hasta ese momento, Te extraño paga el precio de cierto costumbrismo retro, cediendo ante el peso de un ineludible déjà vu: el de un imaginario hecho de asaditos, picados, alguna que otra frase altisonante, esmeradas reliquias de época, los Falcon cuando empiezan a pasar, el escondite más o menos compartimentado. Un par de actuaciones inconfundiblemente teatrales (sobre todo la de Slipak, pero también Edda Díaz) suman lastre a esa zona de la película. A medida que el cerco se cierra sobre Adrián y Javi (sobre toda la familia, en verdad), Te extraño parece ir hallando un tono propio, hecho de planos que se preñan de espera, de miedo y de angustia.

El carácter lateral de Javi se manifiesta sobre todo en relación con el uso de las armas (de las armas sexuales, también; lúcidamente, Hofman hace corresponder ambas cosas). La pistola que un día descubre en la cintura de Adrián; una granada que el hermano le muestra, con la obscenidad con que solían hacerse esas cosas; o las armas que más tarde, ya en el exilio mexicano, Javi intentará aprender a usar, daría la impresión de que para cumplir con los otros antes que consigo mismo. “¿Eres guerrillero?”, le pregunta su novia mexicana. “Montonero”, contesta Javi, como si el que responde fuera Adrián. Hay dos escenas centrales en Te extraño. Una, un “entrenamiento militar” que parece un juego descerebrado, ilustra a la perfección aquella idea de que la Historia se da primero como drama y más tarde como farsa.

En cuanto a la otra escena culminante, su intensidad dramática, el modo en que la cámara se “pega” a los personajes, la justeza en la confrontación de puntos de vista, hacen olvidar algunos titubeos, fallas o desbalances de otros tramos. En esa escena, que tiene lugar en el exilio mexicano, Javi se enfrenta a dos compañeros de militancia de Adrián (Santiago Pedrero y Mariano Bertolini), que preparan su regreso armado. Referencia tal vez a la nefasta Contraofensiva montonera, en verdad posterior. Allí, finalmente, cada uno de ellos tiene ocasión de fijar posición, en medio de insultos, trompadas y graves acusaciones, de las que ni siquiera la memoria del propio ausente queda del todo a salvo. Javi puede asumir, puede decir que no cree en la lucha armada. Que, en tal caso, no es para él. Es allí, en ese preciso momento, cuando el hermano menor empieza a hacerse mayor.

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En Te extraño, Javi debe pasar de estar al costado a ocupar el centro de su propia vida.
 
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