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Domingo, 17 de julio de 2011

CINE › IVAN FUND HABLA DE SU FILM HOY NO TUVE MIEDO, QUE ESTRENA EN EL MALBA

Dos historias en una realidad paralela

La película con la que el cineasta vuelve a dirigir en soledad –tras Los labios, a medias con Santiago Loza– fue filmada en Crespo, el pueblo entrerriano en que creció, y con miembros de su familia en los roles principales.

 Por Oscar Ranzani

Cuando con Santiago Loza hizo Los labios, Iván Fund viajó al interior del país para filmar. Y en su regreso como director solista con Hoy no tuve miedo, que se estrena hoy en el Malba (Figueroa Alcorta 3415), centró su desarrollo en Crespo, el pueblo entrerriano donde pasó toda su infancia y parte de su adolescencia. Fund presenta un díptico, en el que también puede verse cada historia por separado. La primera parte es más ficcional y focaliza en un grupo de costureras, dos de ellas hermanas entre sí, poniendo de relieve el cotidiano de estas mujeres, sus rutinas y sus costumbres. Fund sostiene el motor argumental en la temática de los vínculos familiares. En la segunda parte de Hoy no tuve miedo aborda con una mirada más documental el viaje de una mujer que va por primera vez al psiquiatra. Sin embargo, es el propio cineasta el que defiende la necesidad de contar dos historias en una misma película: “Si bien funcionan individualmente, me pareció necesario que se vean juntas como para terminar de cristalizar cierta propuesta”, comenta Fund en diálogo con Página/12.

El cineasta descree de la división entre ficción y documental, y explica que en su película hay como una especie de realidad paralela: “La persona que está siendo filmada y yo que filmo somos conscientes de que estamos trabajando para eso que está pasando ahí mismo, que no termina de ser ni ficcionado ni ciento por ciento documental”, señala. Y describe esa situación como “una especie de trance que funciona en sí mismo”. A pesar de eso, reconoce que la primera parte “tiene un carácter más argumental, pero tal vez simplemente porque sigue una historia de una manera más lineal”. “Respecto de la segunda parte, tiendo a decir que es más documental porque es más libre o no tiene un hilo argumental sino que consistió en entregarse a lo que estaba siendo filmado”, agrega.

–¿Por qué decidió contar dos historias en una misma película y no, por ejemplo, hacer dos películas?

–Tal vez son dos películas que funcionan independientemente. Pero se me estructuraron como una obra. Pienso que si se ven juntas termina de critalizarse esa propuesta, porque cada una en sí misma puede dialogar con la otra y hacer aparecer algo que sólo aparece así, no en cada una por separado.

–¿Cree que la recepción será distinta para cada parte o espera que los espectadores la aprecien como un díptico cuyas historias se conectan?

–Cuando la película se mostró en festivales fue casi como un test de personalidad. Están a los que les gusta la primera parte y a está los que les gusta la segunda. A veces pasa así, y obviamente también está la gente que disfruta de las dos. Me parece inasible entender lo que va a pasar, pero para mí es realmente importante que se vean juntas. También sentí que, si bien la película parece que se va deshilachando de una parte a la otra, en realidad es todo lo mismo. Uno puede tener la primera parte presente cuando ve la segunda, y en la segunda también puede releer eso. Siento que tienen que funcionar juntas.

–¿Por qué no cree en el límite entre ficción y documental?

–Es la forma en que me relaciono con lo que hago. Respecto de cómo me relaciono con lo que filmo, no sé hasta dónde llega lo documental o hasta dónde la ficción. Es todo para lo que sucede ahí, para el “aquí y ahora” que está siendo inmortalizado a la hora de la toma. No es un planteo de ver qué es suyo de verdad o qué no, o qué es lo que yo estoy poniendo en usted. Es también como me sale. Tiene que ver con conectarse realmente con el “aquí y ahora” de alguien, sin escaparle a la incomodidad misma que produce la situación de rodaje. De alguna manera, tiene que ver con un cine participativo: la cámara es partícipe de lo que está pasando ahí. Y si se invisibiliza es a través de la evidencia de ser parte de algo.

–Usted decidió filmar Hoy no tuve miedo en el pueblo donde creció y algunos miembros de su familia y allegados suyos forman parte del elenco. ¿Hay algo de autobiográfico en el film?

–Obviamente es algo muy personal porque aparece literalmente toda mi familia en la película. De hecho, la fiesta que aparece en la segunda parte era la celebración de las bodas de plata de mis viejos. Soy amigo de las chicas protagonistas que interpretan a las costureras. El que hace de padre es mi tío y la protagonista de la segunda parte es mi tía. También aparecen amigos míos. Es mi círculo real de afectos. Pero, al mismo tiempo, eso también ha pasado en otras películas mías. Me di cuenta de que siempre acudo a la idea de la ficción para poder tener acceso a mirar a la gente que quiero o a la gente que me conmueve y lo que siento por ellos.

–¿Cómo analiza el espacio para la exhibición del cine independiente en un momento en el que faltan salas para la diversidad cinematográfica?

–Admito que ése es mi punto débil. Lo que me preocupa, en principio, es terminar la película, que pueda verse, pero no sé muy bien cómo moverme en ese terreno o en esa parte de lo que significa hacer una peli. Es fundamental que existan los festivales porque son el medio donde la película directamente tiene acceso a una gran cantidad de público. También brindan un marco que propone un intercambio. Y después, salas como la Lugones, Cosmos, incluso todo los Espacios Incaa del país, me resultan fundamentales. Lo importante es que la película tenga un lugar donde la gente pueda verla, no importa si la sala es grande o chica. Y, obviamente, cierta permanencia: que la gente que tenga ganas de acercarse a la película pueda hacerlo. Cuando voy a festivales del país, me encuentro con gente que me pregunta: “¿Cómo puedo ver tus películas anteriores?”. Y no hay forma. Tampoco puedo darle un DVD porque no están editadas. Por eso me parece fundamental el cuidado de estos espacios Incaa del interior, para que las pelis puedan moverse.

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“En lo que filmo, no sé hasta dónde llega lo documental o hasta dónde la ficción”, asegura Fund.
 
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