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Sábado, 1 de octubre de 2011

CINE › EL CHILENO GUILLERMO CALDERON PRESENTARA VILLA + DISCURSO EN EL PARQUE DE LA MEMORIA

“Quería entender qué pasó con mi país y conmigo”

Este autor y director ya había participado de ediciones anteriores del FIBA y ahora retorna con dos obras breves que giran alrededor de los derechos humanos y los resabios de la dictadura de Augusto Pinochet. Se verán hoy y mañana a las 19.30.

 Por Hilda Cabrera

Creación artística y pensamiento dialéctico constituyen la base de las obras que el autor y director chileno Guillermo Calderón viene presentando en la Argentina. En el Festival Internacional de Buenos Aires 2009 fueron Neva, Clase y Domingo, y ahora, en la VIII edición, Villa + Discurso, dos piezas breves que se verán juntas, hoy y mañana a las 19.30, en el Parque de la Memoria (Rafael Obligado 6745 y Costanera Norte, pegado a Ciudad Universitaria). Egresado de la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile, Calderón realizó estudios de actuación y cine en Italia y Estados Unidos (Actor’s Studio, Teatro Físico Dell’Arte y City University, de Nueva York). Ha recibido premios e invitaciones de festivales europeos, como el Iberoamericano de Cádiz y el de Bayonne.

Villa... fue estrenada en enero de este año en Santiago, Chile, y llevada en gira por países de América y Europa. La pieza Discurso resultó de un trabajo desarrollado en 2009, en la Residencia Internacional del Royal Court Theatre, de Londres. Las funciones en Chile se realizaron en espacios que fueron centro de detención y tortura durante la dictadura de Augusto Pinochet, quien se mantuvo en el poder entre 1973 y 1990. Esos centros llevan hoy el nombre de Londres 38; y Casa Memorial José Domingo Cañas, ex Cuartel Ollagüe, de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Otros espacios de exhibición de la obra fueron Villa Grimaldi (ubicada en las laderas de la precordillera, en la comuna de Peñalolén, también de Santiago) y Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, inaugurado por la ex presidenta Michelle Bachelet el 11 de enero de 2010. En diálogo con Página/12, Calderón se refiere a las demoliciones y el estado de esos centros. “Londres 38 tiene alguna semejanza con el centro de detención Virrey Cevallos, donde íbamos a mostrar nuestro trabajo, antes de que el FIBA nos pasara al Parque de la Memoria”, aclara el director, quien esta vez conduce la Compañía Teatro Playa. Actúan Francisca Lewin, Carla Romero y Macarena Zamudio.

–En la trilogía Neva, Clase y Domingo, el telón de fondo eran las rebeliones populares. En Villa..., un tiempo en que la libertad fue aplastada. ¿Cuál es su planteo?

–Nací en dictadura y es natural que piense en aquella época desde este presente y quiera ponerla sobre el escenario. El tema, además, sigue tan abierto como hace veinte años. En Chile, menos del 10 por ciento de los casos relacionados con derechos humanos ha ido a juicio y merecido sentencia. Viví hasta los 18 años en dictadura y eso marca. Es diferente de las personas que conocieron y perdieron la democracia. Yo nunca la tuve y cuando la gané era una democracia demasiado imperfecta, por decirlo de una forma suave.

–¿Cómo responde el público a sus obras?

–Villa... ha sido muy popular en Chile, porque muchas personas están interesadas en repensar el tema. Este trabajo está compuesto por dos obras distintas, pero relacionadas entre sí. La primera se refiere a Villa Grimaldi, un equivalente de la ESMA. Fue el principal centro de tortura de Santiago. La estructura es la de una gran casa de campo. La eligieron porque quedaba aislada. Antes de que terminara la dictadura fue demolida, y después los grupos de sobrevivientes se hicieron cargo.

–¿Con algún apoyo?

–No. Estuvieron muy solos. Fue difícil, porque se intentó poner en venta el lugar para construir condominios. Una total corrupción. Pero las organizaciones lograron detener esa venta y se hicieron cargo, con muy pocos recursos, obviamente. Con el tiempo derivó en el Parque por la Paz Villa Grimaldi, donde, si bien hay un par de construcciones, en conjunto es un parque, muy bonito, con árboles, flores, memoriales y esculturas simbólicas. Esto crea un problema, porque cuando uno está allí no alcanza a percibir la contundencia del horror que hubo. Si uno se desentiende de lo sucedido, podría, sin problemas, tirar un mantel y organizar un picnic. Así, como se ve, no le hace justicia a una historia de horrores. Las posiciones frente a esto difieren. Algunos sobrevivientes no están de acuerdo con el parque, otros sí: son los que prefieren mirar al futuro con idea de renacimiento.

–¿Pretende abrir esta polémica en Villa?

–Esa es la idea. Tres mujeres jóvenes discuten sobre qué hacer con la Villa Grimaldi y cómo recordar ese horror. La puesta es sencilla. Después, hacemos un corte de diez minutos y reiniciamos con Discurso, donde la ex presidenta Bachelet pronuncia su discurso de despedida del poder. Ficticio, obviamente. No lo pronunció en ningún momento, pero es lo que a mí me hubiera gustado que dijera.

–¿Qué esperaba?

–La ex presidenta Bachelet es un símbolo muy fuerte. Fue la primera presidenta víctima directa de una historia relacionada con los derechos humanos. Su padre, Alberto Bachelet (general de la Fuerza Aérea), fue interrogado en la Academia de Guerra, acusado de traición y torturado. (Integró el gabinete del ex presidente Salvador Allende, muerto en el bombardeo de 1973 al palacio presidencial de La Moneda). Este militar murió en prisión de un ataque al corazón, gatillado, probablemente, por la tortura. Ella y su madre (Angela Jeria) estuvieron detenidas durante un par de semanas en Villa Grimaldi. Bachelet sufrió, pero nunca convirtió eso en el centro de su historia como presidenta. Cumplió, ordenando construir un gran Museo de la Memoria, en Santiago. La posición de los gobiernos chilenos democráticos ha sido la de considerar el problema de los derechos humanos dentro del ámbito judicial y no político. Por lo tanto, han dejado que los tribunales de justicia actúen e investiguen los casos pendientes.

–¿Con qué resultado?

–En veinte años de democracia tuvimos un mínimo de casos resueltos y, cuando se resuelven, las penas son cortas y el destino prisiones de lujo dentro de los cuarteles, especie de clubes privados, con todas las comodidades de una casa de campo, con Internet, televisión, buena comida y hasta salidas dominicales. Cuando vemos que aquí los represores caen presos, sentimos envidia por lo mucho que se ha avanzado en la Argentina, aunque sabemos que todavía falta.

–¿Por qué imaginó que Bachelet modificaría su discurso?

–Pensaba, igual que otros, que ella podía usar la fuerza de su historia personal. Era legítimo que lo hiciera. Fue muy intenso tenerla como presidenta. Dejó su cargo con un índice muy alto de popularidad. Eso es único en la historia de Chile. Además, parte de mi necesidad de escribir sobre esto es entender qué pasó con mi país y conmigo.

–¿Cómo trabajan los grupos independientes en Chile?

–Algunos duran mucho tiempo, lo mantienen una o dos personas, y los demás van rotando. Es muy libre. Los grupos son la fuerza del teatro chileno. Es el teatro que todos conocen, no es como aquí, donde hay actividad en el oficial y comercial. El independiente o alternativo se mantiene solo, aunque recibe algún apoyo. A diferencia de la Argentina, teatro se estudia en la universidad y no en talleres de maestros.

–¿Qué le dejan las giras internacionales?

–Recorrí cerca de treinta países con distintas obras. El público de teatro es igual en todo el mundo. Fuimos a Corea con Neva y la gente se reía en las mismas partes en que se reían otros públicos en otros países. El público que decide asistir a una obra con subtítulos es muy generoso. Demuestra interés por lo que pasa en otro lado del mundo.

–¿Qué opina de la actual democracia chilena?

–Chile arrastra problemas sociales, como otros países de América latina. La dictadura acabó con el sueño democrático y la posdictadura nos dejó dolor y traumas. Muchas veces se habla de Chile como de un país de buena administración. Para mí y muchos otros resulta doloroso que se hable así, porque con eso se está diciendo que la dictadura hizo algo bueno. Se transforma en una especie de perdón a la dictadura. El éxito económico de algunos es producto de un neoliberalismo salvaje y una de-sigualdad angustiante.

–¿Los recientes movimientos estudiantiles tienen en claro esa situación?

–Estos movimientos que toman las calles son expresión clara de esa angustia y de las grandes desigualdades. Mi deseo es que hubiera una indignación a esa escala por la defensa de los derechos humanos.

–¿Opina que han sido relegados?

–Los derechos humanos están en segundo plano. Sebastián Piñera ganó las elecciones en enero de 2010 y colocó a muchos funcionarios de la dictadura. Para mí fue escandaloso. El hecho de que esto no haya producido una rebelión es un síntoma de lo paralizada que está la conciencia y de la profundidad de la derrota de nuestra ética respecto a la vida.

–¿Por qué triunfó Piñera?

–Mucha gente votó por pragmatismo, para tener un hombre de negocios. Como es multimillonario, creyeron que podía llevar al país hacia la riqueza. Pero esto se está acabando. Su nivel de popularidad disminuyó muchísimo y está haciendo el ridículo. La gente se está dando cuenta de que un empresario exitoso no es sinónimo de un buen administrador del Estado.

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Después de estudiar en su país, Calderón se perfeccionó en Italia y Estados Unidos.
Imagen: Arnaldo Pampillon
 
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