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Viernes, 28 de octubre de 2011

CINE › SI FUERAS YO, DIRIGIDA POR DAVID DOBKIN, CON JASON BATEMAN

La escatología como primer recurso

 Por Horacio Bernades

5

SI FUERAS YO

The Change-Up
(EE.UU., 2011)

Dirección: David Dobkin.
Guión: Jon Lucas y Scott Moore.
Intérpretes: Ryan Reynolds, Jason Bateman, Leslie Mann y Olivia Wilde.

Una comedia escrita por los guionistas de ambas ¿Qué pasó ayer? y dirigida por el director de Los rompebodas sonaba bien. Pero claro, además de ¿Qué pasó ayer?, Jon Lucas y Scott Moore escribieron Navidad sin los suegros y Los fantasmas de mi ex. Y David Dobkin dirigió Shanghai Kid, Enemigo en casa y Fred Claus. La lección que deja Si fueras yo es que a la hora de los pálpitos previos conviene tomar en cuenta todos los datos, no uno solo. Cruce de Hay una chica en mi cuerpo con la reciente Loco y estúpido amor, tan lejos de la celebración del caos de ¿Qué pasó ayer? como del espíritu subversivo de Los rompebodas, esta comedia de intercambio de identidades vuelve complementarios dos facilismos opuestos: la moraleja del viejo choto y la fijación escatológica del infante de meses.

Para hacer funcionar esta clase de premisa se requiere un par de estereotipos, que puedan formar un sistema binario. Suelen ser siempre los mismos. Un yo y un ello, para decirlo en términos freudianos. Por un lado, el padre de familia tradicional, que quisiera tirar sus responsabilidades al demonio. Por otro, el tiro al aire, el tipo que hace lo que se le canta, el Isidorito de turno. En este caso, un abogado (Jason Bateman) con esposa (Leslie Mann) e hijos (incluidos dos bebés mellizos), que vive tironeado entre cumplirle a la patrona y salir de parranda, y un actor (Ryan Reynolds) que en verdad no puede ir más allá de los comerciales y el llamado cine lorno (porno light). Son amigos, claro, y la noche que a ambos les da por hacer pis en una fuente parece que la fuente tenía algún poder mágico, porque es sacar el pito y salir con las personalidades trocadas.

En las buenas comedias, el juego de equivocaciones da lugar al redescubrimiento. En las no tan buenas, redescubrirse es el paso previo a corregirse. Es el caso de ésta, donde ambos héroes se encaminan a ser versiones mejoradas de sí mismos. La peculiaridad de Si fueras yo es el modo en que llega hasta allí: con una verdadera fijación por el pis, la caca y el pito. No se trata aquí de una escatología subversiva, como las películas de los hermanos Farrelly, sino del simple recurso de arrancar risas (se supone) con el bebé que caga al papá, las referencias a cierto testículo malformado, un tatuaje vaginal, una electrocución de la misma zona, el ruido del sorete cuando golpea contra el agua del inodoro y así. Algún buen gag hay. El del bebé que tiene la costumbre de cabecear los barrotes de la cuna, como si fuera Zidane en la final del Mundial. El otro con bebés en una cocina, arrojando cuchillos y lamiendo enchufes, que parece una variante de cierta memorable escena de Gremlins. El de la ninfómana embarazada que se le tira encima a uno, con los piecitos del bebé sobresaliéndole de la panza. Sí, por lo visto todo lo que funciona en Si fueras yo tiene que ver con bebés. Salvo cuando cagan.

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