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Miércoles, 4 de enero de 2012

CINE › BRAD BIRD, DIRECTOR DE MISIóN: IMPOSIBLE. PROTOCOLO FANTASMA

“El ritmo es esencial para la narración cinematográfica”

Dueño de una notable carrera en las películas de animación, con títulos como Los Increíbles y Ratatouille, el cineasta debuta dirigiendo a actores nada menos que en la saga protagonizada por Tom Cruise. “Traté de intensificar el humor, la irreverencia”, afirma.

 Por Mike Balaban

Al mismo tiempo que un director top ten como Steven Spielberg estrena su primera película de animación (Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio), un consagrado realizador de animación recorre el camino contrario. Se trata de Brad Bird, director de Los Increíbles y Ratatouille, a quien los fans del género conocen desde bastante antes. Desde comienzos de los ’90, más precisamente, cuando estuvo al frente de más de un episodio clásico de Los Simpson, para quedar luego, durante más de una década, como consultor creativo del programa-hito de la animación contemporánea. En ese tiempo, Bird dirigió también un legendario largometraje de animación, que en Argentina sólo se conoció en VHS. Se trata de El gigante de hierro, basada en la novela homónima del poeta Ted Hu-ghes, clásico de culto de la literatura para preadolescentes. Pocos trabajos, pero prestigiosos, cimentaron una fama que ahora le permite debutar, bien pasados los 50, en primerísima línea del cine con actores, al comando –nada menos– de la nueva entrega de Misión: Imposible, superestreno de mañana jueves en la Argentina.

En la entrevista que sigue, este nativo del estado de Montana explica cómo llegó a Misión: Imposible. Protocolo fantasma. Y también, de paso, cómo hizo para filmar a Tom Cruise montado en la cima del edificio más alto del mundo. Además, Bird habla sobre Cruise como estrella y productor; sobre el extraño ofrecimiento, vía mensaje de texto, que le hizo el coproductor J. J. Abrams (el mismo de Lost y Super-8); sobre el margen de fidelidad e innovación con que se manejó con respecto al resto de la serie; sobre su rechazo por la monotonía de la velocidad y, finalmente, sobre una posible continuación de Los Increíbles.

–¿Cómo hizo para llegar a la serie Misión: Imposible proviniendo del cine de animación?

–Un día me encontré a almorzar con Michael Giacchino, que hizo la música de mis dos películas previas y también de Lost y la tercera Misión: Imposible, y de pronto apareció J. J. Abrams. Lo cual no era raro, porque estábamos almorzando en el restaurante de Bad Robot, su productora. J. J. me preguntó en qué andaba. Le expliqué que estaba en busca de algo para filmar. Esa misma noche me mandó un mensaje de texto que me costó entender. Decía sólo: “¿Misión?”. Cuando caí en la cuenta de lo que quería decir, le mandé un “¡Sí!” gigante.

–¿Cómo le resultó filmar con actores?

–El hecho de haber trabajado hasta ahora exclusivamente en animación no quiere decir que no quisiera filmar películas con actores. Todo lo contrario: siempre quise hacerlo. La animación y las películas live action se parecen, en el sentido de que en ambos casos se trata de contar una historia, interpretada por personajes. En lo que no se parecen en nada es que en un caso uno no sale del estudio y todo está más bajo control: el dibujo es algo que se va corrigiendo todo el tiempo, hasta dar con lo que se quería. Y una película como Misión: Imposible es exactamente lo contrario: hay que estar corriendo durante meses de un decorado a otro, trasladándose por el mundo entero junto a un equipo y un elenco enormes. Y corriendo toda clase de riesgos: por mucho que lo planifiques, cuando tenés que filmar, como en este caso, escenas de acción en un edificio de más de 800 metros de altura, el riesgo siempre es alto.

–¿Qué sintió, al ver escalar a Tom Cruise el edificio más alto del mundo hasta el último piso, en Dubai?

–Mucho miedo (risas). No es chiste. Me despertaba a las 3 de la mañana, pensando: “Dios mío, ¿qué estoy haciendo?”.

–¿Sintió mucha presión al filmar con una de las mayores superestrellas de Hollywood?

–Es imposible no sentirla, no sólo por eso, sino por la apuesta que una película de este tamaño representa. Pero por otro lado, filmar con Tom es un placer. No sólo por lo que él pone en el rodaje (no cualquier estrella filma él mismo las escenas de riesgo), sino por su conocimiento cinematográfico. Tom conoce al dedillo la historia del cine, desde el mudo en adelante, y eso facilita mucho las cosas a la hora de proponerle algo: hay con quien dialogar. Y el resto del elenco tuvo el mismo nivel de compromiso. Ya sé que suena a frase de compromiso típica de los cortos promocionales, pero le aseguro que es verdad.

–Teniendo en cuenta que lo que filmó es la cuarta parte de una saga, ¿trató de ser fiel a su espíritu o, por el contrario, intentó darle un toque personal?

–Ambas cosas. La saga de Misión: Imposible es un caso bastante único, en el sentido de que todas las películas tienen cosas en común, pero a la vez son claramente distintas entre sí. Eso mismo me propuse: mantener las constantes de la serie (la hiperacción, la adrenalina, la trama de espionaje), aportando a la vez un toque propio.

–¿Qué margen de libertad le dieron los productores?

–Me alentaron a hacerlo. Tener como productores a Tom (Cruise) y J.J. (Abrams) es un lujo en ese sentido, ya que ellos son los primeros en desear que cada entrega de Misión: Imposible sea distinta a las otras. No por nada Tom puso cada una de ellas en manos de un director distinto. Y todos ellos con un sello propio: piense en lo que significan Brian De Palma, John Woo o el propio J. J.

–Y ahora usted. ¿Cuál sería “el toque Bird”?

–Traté de intensificar el humor, la irreverencia, la cosa juguetona. Uno de mis referentes fue, en todo momento, Los cazadores del arca perdida, por el modo en que jugaba con el propio cine, sin dejar de ser una de acción y suspenso. Otro fue Intriga internacional, más que nada por el modo en que Hitchcock buscaba subvertir los clichés, planteando una escena de máximo suspenso a plena luz del día y en espacios abiertos, por ejemplo.

–No debe ser fácil estar al frente de una película con un costo como el de ésta, ¿no?

–No lo es, hay mucho en juego. Pero Bad Robot no es una productora como cualquier otra: está en condiciones de funcionar como un estudio de los grandes, pero a la vez hay una mayor disposición a tomar riesgos. Hay como una mística en ella que la diferencia de las grandes compañías. En ese sentido se parece bastante a Pixar y esa similitud permitió que el hecho de estar al frente de una superproducción como ésta fuera menos traumático para mí.

–Un aspecto en el que Protocolo fantasma es fiel a las anteriores es en su manejo del ritmo: al contrario de la mayoría de las películas de acción de hoy en día, hay un balance muy cuidado entre momentos vertiginosos y momentos más calmos, entre escenas con muchos cortes y otras de tiempos más laxos.

–Eso es exactamente lo que buscábamos y me pone muy contento que lo haya advertido. Creo que el ritmo es una cuestión esencial para la narración cinematográfica y no hay ritmo si no hay cambios de velocidad, interrupciones y contramarchas. Muchas películas de acción no paran de correr y eso les juega en contra porque las hace monótonas. El uso del sonido, lo mismo: es bueno hacer un silencio cada tanto, bajar el volumen, la intensidad, para poder sorprender al espectador. Si no, se hace todo muy previsible.

–Otra diferencia de fondo entre Protocolo fantasma y el grueso del cine de acción que se hace actualmente es que aun en las escenas más físicas es posible ver lo que sucede, cosa que en otras películas no pasa.

–Totalmente de acuerdo. Mis directores favoritos de películas de acción son Spielberg, James Cameron, John McTiernan en su mejor momento. Para mí, Duro de matar (la primera) es lo máximo en cine de acción. No se puede filmar mejor que eso.

–Antes de ponerse al frente de Protocolo fantasma usted estuvo desarrollando otro proyecto. ¿De qué se trata y en qué estado está?

–Se llama 1906 y gira alrededor del terremoto de ese año en la ciudad de San Francisco. Estuve trabajando en el guión durante dos años, inmediatamente después del estreno de Ratatouille, pero no pude terminar de redondear uno que me satisficiera. La película me sigue interesando enormemente y pienso seguir trabajando en él. De hecho lo estuve haciendo, mientras filmaba Protocolo fantasma. Todavía faltan hacer ajustes, pero espero poder tenerlo resuelto en un plazo razonable.

–¿Y qué hay de una posible secuela de Los Increíbles?

–Algo estuve pensando. Me encantaría volver a trabajar para Pixar, pero no lo haría sólo por hacerlo. Si logro dar con una historia que sea por lo menos tan buena como la primera, allí estaré listo para filmar una secuela.

Traducción, selección e introducción: Horacio Bernades.

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Brad Bird dirigió varios episodios clásicos de Los Simpson y luego fue consultor creativo del programa durante más de una década.
 
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