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Viernes, 2 de marzo de 2012

CINE › ENTREVISTA A DIEGO Y PABLO LEVY, DIRECTORES DE NOVIAS MADRINAS 15 AÑOS

Los códigos del Once, desde adentro

En la sedería de su padre, los cineastas retrataron la cotidianidad de los vendedores y su relación con el propietario. Y dejando que el relato se construya sin intervenir, demostraron que en cada rincón de Buenos Aires hay historias que valen la pena ser contadas.

 Por Emanuel Respighi

Diego y Pablo son hijos de “El Negro” Levy, propietario de la sedería Kreal, de Azcuénaga al 400.
Imagen: Sandra Cartasso.

¿Hasta qué punto una película sobre un grupo de cincuentones vendedores de una sedería del barrio del Once puede resultar un trabajo tan interesante como divertido para quienes no forman parte del oficio? Esa es una de las tantas preguntas que gratamente encuentran respuesta en Novias Madrinas 15 Años, la película de Diego y Pablo Levy que retrata el particular mundo que funciona dentro de la sedería Kreal, propiedad del padre de ambos. En realidad, el trabajo documental hace foco en la cotidianidad de cinco veteranos vendedores de telas para vestidos de fiestas de casamiento y cumpleaños de 15 y la relación que éstos tienen con Elías, el propietario del negocio de Azcuénaga al 400. Sin subrayar ni enfatizar actitudes, dejando que el relato se construya con la lógica de un voyeur, sin intervenir, la virtud de Novias... reside en la simpleza con la que demuestra que en cada rincón de Buenos Aires hay historias que valen la pena ser contadas. Como la de estos “maestros” en los secretos de la seda que pasan su vida adentro de uno de los últimos reductos de negocio tradicional atendido por su dueño, el “Negro” Levy, el complejo jefe y amigo.

Ganadora del premio del público en el Bafici 2011 y contando en su haber con haber formado parte de la selección oficial de la Viennale y de Cineuropa, Novias Madrinas 15 Años es una de esas simpáticas películas que corroboran la idea de que el cine –como cualquier otra producción audiovisual– no depende de los golpes de efecto para atornillar a los espectadores a las butacas del Gaumont o de Artecinema, las dos únicas salas donde por el momento se exhibe esta película independiente surgida en el lugar menos pensado: un velatorio familiar. “Siempre nos parecieron personajes muy interesantes, y un día los vimos fuera de su contexto habitual, en el velatorio de mi abuelo, y en ese momento nos propusimos empezar a filmarlos. Al principio no pensábamos en hacer un largo, pero a medida que avanzaba el registro nos fuimos haciendo a la idea”, cuenta Diego Levy en la entrevista realizada junto a su hermano.

–¿La película tiene como objetivo abordar ese rubro textil o, por el contrario, su motivación fue retratar ese grupo humano en particular?

Diego Levy: –El grupo humano siempre fue el objetivo, pero también el mundo textil está muy ligado a nuestra historia y nos interesaba mostrarlo. Pero la riqueza mayor de la película está en sus personajes.

Pablo Levy: –Estos personajes de la vida real que tranquilamente –y, de hecho, por momentos genera la duda– podrían estar guionados o pensados por alguien; pero no, así son ellos, y así quisimos mostrarlos, dedicando un tiempo a cada uno. Algo así como unos retratos vivos.

–La película parece querer retratar sin resaltar las paradojas de esos veteranos vendedores que se las ingenian para vender telas que jamás usaron ni utilizarán, con apariencia de conocimiento de causa. ¿Ese fue un eje planificado previamente al rodaje?

D. L.: –Retrata exactamente eso. Saben de lo que hablan. Conocen cada una de las telas, sus ventajas y desventajas. Saben tomar medidas y calcular la cantidad necesaria para cada modelo de vestido. Saben más que las modistas, como dice mi padre.

P. L.: –Y lo más difícil, o por lo menos lo que hay que lograr como vendedor en ese rubro, es seducir, lograr que la clienta quiera comprar. Comprar la tela para tu vestido de novia no es una decisión fácil. Y el trabajo de ellos es convencerlas de que con esa tela se van a casar. Ese, como dice Ricardo, es “el arte de la venta”.

–¿La mirada sobre los protagonistas que muestra el film es extensible a todo negocio tradicional atendido por su propietario? ¿Sería posible encontrar el funcionamiento de ese grupo humano en una franquicia, tan de moda hoy en día?

D. L.: –Hay una particularidad en la relación entre propietario y empleados, sobre todo en relaciones de muchos años, donde los roles a veces se confunden y las relaciones cobran matices muy interesantes. Andrés, uno de los empleados, trabaja con mi padre desde hace más de treinta años y se pelean todos los días, pero sin dudas se tienen un afecto particular. No sé si sería posible encontrar esto en una franquicia, donde los empleados están, en general, más de paso.

P. L.: –A ellos algo los compromete con el negocio, creo que ninguno piensa en irse. Y yo, que fui el último en pasar por ese local, siento que tienen “la camiseta puesta” o algo así y que ya saben trabajar con “El Negro” y ya no les afecta lo que diga.

–En ese sentido, ¿creen que Novias..., de alguna manera, tiene anclada una mirada melancólica sobre los negocios atendidos por sus dueños?

D. L.: –Es un oficio en extinción, sólo hay que ver la edad de los empleados. No hay jóvenes. Y sin dudas el Once es uno de los últimos bastiones porteños de ese modelo.

–¿Hasta qué punto el barrio del Once, aun cuando la película transcurre casi íntegramente dentro del negocio, no es un protagonista más del film, tácito y presente a la vez?

D. L.: –El Once es un protagonista presente en el film aunque casi no salimos del negocio. Fue una decisión no salir a hacer muchas imágenes afuera, pero hay referencia en los testimonios y algunos planos. Y para nosotros esos personajes son “el Once”.

P. L.: –Es un barrio muy particular, ya conocido por muchos de los que vivimos en Buenos Aires: todos tenemos algo para decir del Once. Novias Madrinas 15 Años propone algo más interno, algo que para nosotros fue común toda la vida, pero que para mucha gente entendíamos que podría ser muy interesante. Muchos van a comprar al Once; nosotros conocíamos el interior, los códigos, los personajes.

–Cuando su padre y sus empleados vieron el film terminado, ¿cuáles fueron sus reacciones iniciales?

D. L.: –Mi padre vio un primer corte y nos pidió que lo “suavizáramos” un poco... Y los empleados se emocionaron mucho en el estreno del Bafici, la sala estaba llena, y en el final pasaron todos a decir unas palabras.

P. L.: –Fue genial, ellos no entendían nada. Mientras los entrevistábamos, muchos nos preguntaban: “¿A quién le puede interesar esto?”. Y finalmente, tanto ellos como nosotros nos sorprendimos de lo que generaron sus testimonios. Son personas normales, que lo único que hicieron es contar algo de su vida, y Novias Madrinas 15 Años demuestra lo atractivo que es escuchar.

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