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Jueves, 27 de septiembre de 2012

CINE › BAHMAN GHOBADI VA POR SU TERCERA CONCHA EN SAN SEBASTIAN

Una película para hacer huelga

Dos veces ganador del premio mayor del festival, el director kurdo-iraní enfila para el triplete con un mejunje político-poético, lleno de demagogia, titulado Temporada de rinocerontes. A su vez, el cine chileno pisa fuerte en tierra vasca.

Desde San Sebastián

“¡No queremos, no nos da la gana, ser una provincia de la banca alemana!”, gritaban ayer quienes manifestaban ante la puerta del Kursaal, en medio de la grebe (huelga) convocada por los sindicatos vascos, en protesta por el ajuste de Rajoy. “No queremos, no nos da la gana, elogiar la película iraniana”, grita para adentro el cronista, tomándose alguna licencia idiomática, frente a Rhino’s Season, título de distribución internacional del nuevo film de Bahman Ghobadi. Este cineasta kurdo-iraní tiene hasta el momento dos Conchas ganadas (por Las tortugas también vuelan, 2004, y Media luna, 2006) y ahora va por la tercera, con este mejunje político-poético, lleno de demagogia, golpes bajos, gravedad impostada e imágenes pretendidamente líricas. Teniendo en cuenta sus antecedentes en este festival, nadie debería ofenderse si se califica de verdadero conchudo a este cineasta exiliado, cuya nueva película fue recibida aquí con la clase de aplausos que suele destinarse al cine políticamente correcto y a la presunta “poesía” cinematográfica. Ni qué decir de cuando ambas imposturas van de la mano, como en este caso: para el espectador pequeñoburgués, ése vendría a ser el acabose de lo sublime.

Producida con el auspicio de Martin Scorsese y con Monica Bellucci como coprotagonista, Rhino’s Season (“Temporada de rinocerontes”) está inspirada en la odisea de un poeta kurdo-iraní, que pasó 30 años en prisión por “traición” al régimen. Durante ese tiempo, las autoridades comunicaron a su familia su presunta muerte. Engaño coronado por una tumba vacía, que supuestamente contenía su cadáver, y que sus parientes visitaban regularmente. Tras su liberación, el hombre partió a Turquía, en busca de su mujer, Mina. O eso es al menos lo que sucede en la película, que evidentemente se toma todas las libertades del mundo en relación con lo que sucedió en realidad. Porque es difícil de creer que esa larga ordalía (que por supuesto incluye interrogatorios, torturas y humillaciones) haya sido originada por algo tan simple y elemental como el resentimiento y los celos. Resentimiento religioso, político y de clase por parte del chofer del acaudalado poeta, yerno de un coronel del régimen del sha.

Cuando los revolucionarios toman las calles (para horror del poeta y su esposa Bellucci, que contemplan enmudecidos las manifestaciones, desde el interior de su piso de Teherán), el chofer se convierte en delator del régimen. Y como estaba que se babeaba por su patrona, se venga denunciándolos. Y más tarde la viola en prisión. Y le da dos hijos. Y le ruega luego su amor, en el curso del tiempo. Y finalmente el poeta se encama con la hija de su mujer, sin saber que es la hija de su mujer. Pero este estropicio se pretende un poema cinematográfico. Por lo cual abundan las imágenes “poéticas”, “oníricas” y “alegóricas”, tan sutiles como los cortes de montaje que relacionan a unas sanguijuelas con el sucio delator. ¿Una nueva concha para Mr. Ghobadi, expulsado de su país cuatro años atrás? Suena factible.

Del cuantioso cine chileno que puede verse en distintas secciones del festival, lo que mejor impresionó hasta ahora al cronista fue Carne de perro, opus 2 de Fernando Guzzoni, cuya ópera prima, La Colorina, se había visto unos años atrás en el Bafici. Exhibida aquí en première mundial, Carne de perro sigue a su protagonista desde el primer plano hasta el último. Pero no dice de él nada que no se vea. Rigurosamente visual, la película de Guzzoni muestra a un tipo solitario, de reacciones violentas y pasado turbio, rechazado por su ex esposa y con un taxi por único empleo (empleo que en cine, desde Travis Bickle en adelante funciona como alarma). Más tarde se sabrá que el tipo es un ex militar, aparentemente nazi (ex nazi, en el mejor de los casos), a quien un pastor evangelista terminará exculpando, en una homilía en la que aboga por “el perdón y el olvido”. Con lo cual Carne de perro termina resultando una biliosa reflexión sobre el post pinochetismo.

Post pinochetismo que No anticipa. Premio de la Quincena de Realizadores de Cannes, No es el nuevo film de Pablo Larraín, de quien en Argentina se conocieron sus previas Tony Manero y Post Mortem. Filmada en el borroso Umatic de la época, No transcurre en 1988, cuando el gobierno de Pinochet convocó a un plebiscito, con la intención de recuperar fuerzas. Narrada con estilo semidocumental, la película de Larraín recopila la campaña de la oposición (de allí el título), teniendo a su creativo por protagonista (lo encarna Gael García Bernal). Es en la figura de éste donde la película se pone amarga, ya que el tipo es el típico publicitario vende-humo, a quien le importa un bledo quiénes sean sus contratantes. La idea de fondo –tan nihilista como la de Carne de perro– es que los verdaderos vencedores no son los del “Sí” o los del “No”, sino los dueños del país, que es para quienes el personaje de Bernal trabaja.

El crecimiento de los cultos evangélicos es todo un fenómeno en Chile, donde, según estadísticas, el 21 por ciento de la población los sigue. Eso, que asoma a la pasada en Carne de perro se ve ratificado en Joven & alocada, ópera prima de la realizadora Marialy Rivas, que compite en la sección Horizontes Latinos. Basada en el blog de la quinceañera Camila Gutiérrez, a quien Rivas llamó para coescribir el guión, Joven & alocada presenta a una hija de evangelistas que tiene un pequeño problema: el sexo le gusta con locura. Y sin distinción de banderías, de modo que la chica forma un triángulo con una chica y un chico. Algo chata en términos de puesta en escena, lo que da personalidad a Joven & alocada son tanto las escenas de sexo –crudas, directas y sin trucos– como las que reproducen el chateo bloguero de la protagonista –frescas, coloridas y chispeantes–. Ganadora del Premio al Mejor Guión en la última edición del Festival de Sundance, Rivas ya tiene en desarrollo un nuevo proyecto, en el que volverá a reunirse con Camila Gutiérrez, para narrar esta vez las andanzas de una hija de evangelistas que va a la primaria.

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En Temporada de rinocerontes abundan las imágenes “poéticas”, “oníricas” y “alegóricas”.
 
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