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Jueves, 13 de julio de 2006

CINE › “SUPERMAN REGRESA”, DE BRYAN SINGER

Un héroe presionado por conflictos sentimentales

La cartelera se llena de vacaciones de invierno: los creadores de Shrek proponen una revuelta animal, Superman vuelve y se encuentra con que Lois Lane está casada.

 Por Luciano Monteagudo

En una encuesta reciente sobre la astronómica inflación de los costos de producción en Hollywood, atribuida principalmente a los efectos especiales, el reconocido periódico financiero The Wall Street Journal estableció el presupuesto de Superman regresa en 261 millones de dólares. Otras fuentes menos confiables hacen ascender la cifra a 400 millones y la Warner –que viene de los decepcionantes resultados de boletería de Firewall y Poseidón– nunca quiso declarar el budget oficial para su exhumación del Hombre de Acero. Sea cual fuere el número final, en cualquier caso parece demasiado abultado (obscenamente abultado, se diría) para lo que viene a ofrecer este Superman Returns, un producto híbrido, pálido, desdibujado, al que es difícil encontrarle una razón de ser más allá de la enésima explotación de una de las franquicias más redituables de la historia del comic.

“Por qué el mundo no necesita a Superman”, se lee en el título del artículo del Daily Planet que le valió a la despechada Lois Lane el premio Pulitzer, durante estos años de ausencia del superhéroe. La tragedia de la película dirigida por

Bryan Singer –que había demostrado su mano para la materialización cinematográfica de la pulpa del comic en sus dos versiones de los X-Men– es que durante dos horas y media se esfuerza por refutar ese titular y probar lo contrario y nunca lo consigue, ni en sentido literal ni figurado.

Sería ingenuo pensar que algún espectador estaba esperando el regreso de Superman (o al menos este regreso sin gloria). Y al margen de alguna hazaña repetida –como la de impedir que un avión Boeing 777 se estrelle contra un estadio de béisbol, una de las pocas escenas de acción que justifican la mitología del superhéroe y ofrecen la cuota de espectacularidad que se espera de la película–, los habitantes de Metrópolis tampoco parecen estar muy excitados por la vuelta de Superman, salvo Lex Luthor, claro, que se quiere cobrar algunas cuentas pendientes.

Considerando que el propio Singer estuvo en la génesis de este renacimiento (él firma no sólo la dirección sino también el argumento) es llamativo que haya tan poco material afín a lo que se considera su marca de fuego en la industria. De sus X-Men siempre se elogió esa habilidad de Singer para borronear los límites entre el Bien y el Mal y su capacidad de identificación con unos personajes que, por sus dones y peculiaridades, se sentían parias, marginados en un mundo cruel, ignorante e indiferente. Se supone que Superman –más allá de la ingenuidad y el anacronismo de sus imperativos morales, que se corresponden con la época en que fue creado, allá por 1938– es también un cuerpo extraño en el planeta Tierra, un personaje que sufre la soledad y la anomalía de su condición. Pero el Superman de Singer no tiene la operática angustia existencial ni las crisis psicóticas de identidad que consumían, por ejemplo, al Batman de Tim Burton, sino más bien un módico anhelo de construir una familia y un hogar junto a Lois Lane y su hijo (sí, su hijo, en una veta que el film nunca explora a fondo), un vulgar sueño americano a cuya imposibilidad se resigna sin mayores conflictos.

El lado pop del personaje, por otra parte, es el que menos brilla en este Superman: no hay humor, ni alegría, ni demasiado color, sino más bien, ensu reemplazo, una tendencia a la soap opera, al teleteatro, con un protagonismo excesivo de Lois Lane como la chica que creyó perder su amor cuando Superman se fue a Krypton y que para cuando vuelve la encuentra ya casada con otro, a quien respeta como amigo pero no ama como hombre. Esta hubiera podido ser, por qué no, una variante kitsch, potencialmente rica en subtextos y lecturas paródicas, pero tampoco es el caso en un film que peca no sólo por sus vacilaciones sino también por su rigidez y solemnidad.

El único mérito reconocible de Brandon Routh, el actor que encarna ahora a Superman, es su increíble parecido físico con el desaparecido Christopher Reeve, quizás el Hombre de Acero más icónico que haya volado por la pantalla. Por lo demás, Routh, afectado por una sobredosis de efectos digitales, no tiene carisma ni personalidad, algo en lo que al menos armoniza con Kate Bosworth, en el papel de su amada Lois Lane. Si de actores se trata, Kevin Spacey se lleva los laureles como Lex Luthor y hasta se permite una escena con Marlon Brando, cuando el archivillano viola la fortaleza de Superman y activa un mensaje de ultratumba de Jor-El, el padre del héroe, un fugaz material inédito de archivo que debió haber sido parte de Superman II (1980) y que en su momento no se utilizó por un conflicto económico de Brando con la producción. Es curioso, pero se diría que en esta escena Luthor, con sus ansias de rapiña, viene a representar aquí a un productor dispuesto a saquear incluso hasta la voluntad de los muertos.

5-SUPERMAN REGRESA

Superman Returns,

EE. UU., 2006.

Dirección: Bryan Singer.

Guión: Michael Dougherty y Dan Harris, basado en un argumento de Singer.

Intérpretes: Brandon Routh, Kate Bosworth, Frank Langella, Eva Marie Saint.

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“Por qué el mundo no necesita a Superman”, escribió de él la despechada Luisa Lane.
 
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