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Martes, 7 de enero de 2014

CINE › ROBERT DE NIRO, MICHAEL DOUGLAS Y ESE ASUNTO DE LLEGAR A LA TERCERA EDAD

“Es mejor subirse y disfrutar el viaje”

Son dos leyendas de Hollywood que se ríen de sí mismos en Ultimo viaje a Las Vegas, una película despareja pero con un elenco por demás potente. Más allá de las alusiones a la edad, ninguno se plantea la idea del retiro: “Amamos lo que hacemos”.

 Por Gill Pringle *

En la espera para hablar con dos de los más celebrados actores veteranos de Hollywood hay un involuntario momento de hilaridad cuando un muy joven periodista encara a Michael Douglas (69) y Robert De Niro (70) pregunta con entusiasmo qué es lo mejor de hacerse viejo. Es una pregunta adecuada, dado que ambos actores coprotagonizan Ultimo viaje a Las Vegas, una comedia sobre cuatro amigos ahora jubilados que escapan al retiro para organizar una despedida al único soltero del grupo. De cualquier manera, lo que sigue es un potente silencio. De Niro mira sombríamente al piso; Douglas hace una mueca, se retuerce las manos con solemnidad y responde: “Nada”, para luego mostrar una sonrisa conciliadora. “Es bastante deprimente, con lo que podés hacer una comedia sobre eso y sacarlo todo afuera. Pero es bastante difícil encontrar algo positivo en hacerse viejo. Nada, realmente. Afortunadamente tengo hijos jóvenes”, dice, refiriéndose a sus hijos Dylan (13) y Carys (10), nacidas de la relación (ahora están distanciados) con su esposa Catherine Zeta-Jones. “Con lo que es maravilloso compartir información con ellos, pasar tiempo con gente joven.”

“Sí, eso cuando tienen ganas de escucharte”, se carcajea De Niro. Sabe de lo que habla: el actor es abuelo y padre de seis, incluso en edad avanzada: su niña más reciente nació hace dos años de un vientre sustituto, y fue bautizada Helen Grace por su segunda esposa, Grace Hightower. Casados en 1997, la pareja tiene un hijo de 15 años llamado Elliott. Su primer matrimonio con la actriz Diahnne Abbott dejó un hijo, Raphael (37), un exitoso agente de bienes raíces de Nueva York, además de adoptar a la hija de Abbott, Drena (42), fruto de un matrimonio anterior. Su larga relación con la ex modelo Toukie Smith, en tanto, dejó los mellizos Julian y Aaron, hoy de 18 años. “A medida que envejecés empezás a tener el deseo natural de hacer las cosas mejor, si podés, antes de irte. Pero más allá de eso no veo muchos beneficios en envejecer”, concluye Douglas.

Nadie está exento de la crueldad de la edad, aunque sea una superestrella de Hollywood como De Niro. “Es algo ineludible, no hay nada que puedas hacer al respecto, así que lo mejor que podés hacer es reírte de ello. Es interesante cuando caminás por la calle y ves gente joven que te ignora: su visión periférica les informa que sos una o dos generaciones más viejo, entonces no están interesados. Por otro lado, el pelo gris... pasás a ser parte de otra clase de personas”, dice.

“Segunda clase”, apunta Douglas, y agrega: “No veo más ventajas que el hecho de que te sentís más cómodo con vos mismo; no tenés que probar nada, te aceptás como sos. Los dos tenemos chicos jóvenes y es lindo tener tiempo para pasar con ellos. Aun cuando estamos rondando los 70, creo que vamos a ver períodos de vida más y más largos... ¡y, con la era digital, él seguirá luciendo como Toro salvaje! Por dentro sentís al pibe que vive en tu interior. No creo que cambie demasiado, por más que cambie el exterior. Esa expresión de ‘la juventud se malgasta en los jóvenes’ es muy acertada”.

“Con un poco de suerte, esta película encontrará su público, porque hay un montón de baby boomers allá afuera”, dice De Niro. “Lo ves todo el tiempo en esos comerciales de medicamentos en TV, donde te ponen una linda música sonando mientras te dicen todos los efectos colaterales: podés morirte, te puede pasar esto, te puede pasar lo otro... pero siguen apareciendo porque apuntan a una vasta población de baby boomers. Cuando sos más joven escuchás a personas hablar de qué rápido pasó todo, pero cuando llegás a ese lugar mirás hacia atrás y descubrís que es así. Los pibes crecieron tan rápido, ¿dónde se fueron los años? Ahora están en la secundaria... es todo absolutamente cierto.”

Descripta por Variety como “tan chirriante como una cadera artrítica”, Ultimo viaje a Las Vegas es una ¿Qué pasó ayer? para la tercera edad, con su carga de momentos francamente risibles, mofándose de la inexorable marea de la edad y con el factor nostalgia impreso en su elenco, que incluye a otros viejos lobos como Morgan Freeman y Kevin Kline. Ninguno de ellos compartió pantalla antes. Ganador de un Oscar por Toro salvaje y El Padrino II, De Niro se ha hecho toda una reputación por sus solitarios y tipos duros a través de películas como Buenos muchachos, Taxi Driver y Cabo de miedo, aunque en la última década lo ha visto más dedicado a la comedia –con éxito diverso–, con sus protagónicos en las franquicias Analízame y La familia de mi novia. “Somos muy afortunados y nos va bien como actores. No tenés muchas opciones cuando empezás a envejecer”, dice, desolado. “Así que mejor que te subas al viaje y lo disfrutes. Eso es todo.”

Más tarde, Douglas –que interpreta a un hombre de bronceado artificial, un tenorio que busca establecerse con una mujer de la mitad de su edad– confiesa que su diagnóstico de cáncer fue la mayor llamada de alarma de toda su vida. “Me tomo las cosas con mucha menos seriedad”, dice. “Serio es que te digan que tenés cáncer. El cáncer es serio, pero el resto no. Soy mucho más consciente del tiempo. Sé en qué año vivo, y puedo contar adecuadamente cuántos años creo que me quedan de buena salud. Estoy mirando el reloj un poquito más.” De Niro coincide. “No me gusta desperdiciar el tiempo. Si tengo un día libre y estoy en una locación en algún lado, aprovecho para viajar y ver algo porque nunca sé si voy a volver allí alguna vez, especialmente si sos grande. Me gusta viajar y hacer cosas, y compartirlas con mis hijos, dejarlos ver y hacer cosas que tengo la ventaja de poder ver y hacer. El momento es ahora, no el próximo año”, dice el actor, que lucha con una miríada de demandas de paternidad por parte de personas en un rango de edad que va de los 40 a los dos años. Aunque se ha dicho y escrito mucho sobre una supuesta reconciliación entre Zeta-Jones y Douglas, sus afirmaciones positivas han sido en el mejor de los casos vagas. Aunque hoy parece estar del humor apropiado para hablar de amor. “Mi idea del amor ha cambiado, porque cuando tenía 25 años solo lidiaba con esto”, dice maliciosamente, apuntando a sus pantalones. “Ahora el amor está mucho más en mi cabeza.” Aun tiene el anillo de casado, aunque está separado desde agosto. El estado del matrimonio de 13 años es objeto de un escrutinio constante, con algunos tabloides asegurando que el actor intenta calmar las aguas turbulentas visitando cada mañana el departamento familiar para prepararles panqueques a sus hijos. “No podés dar por hecho el amor, tenés que protegerlo”, dice pensativo. “Tenés que nutrirlo, cuidarlo. Cuando sos más joven, simplemente lo tomás y lo das por sentado.” Douglas tenía 32 años cuando se casó con Diandra Luker, de 19; fue un padre ausente para su hijo Cameron, que hoy tiene 35 y cumple una sentencia de diez años por cargos relacionados con drogas. El divorcio de la pareja dejó uno de los acuerdos más grandes del momento: en 2000, Luker recibió 45 millones de dólares.

Hoy Douglas ofrece un sorprendente consejo marital: “Creo que tenés que esperar. Todos tienen sus propias carreras, sus propias ambiciones. Cada cual tiene que trabajar en su propia carrera, conseguir una seguridad e independencia financiera”, dice el actor, que ganó el premio de la Academia al mejor actor por Wall Street en 1987, además de participar del Oscar a la Mejor Película por coproducir Atrapado sin salida en 1975. “Hoy las mujeres no tienen problemas en tener niños bien avanzados los 30. Uno puede ser padre a los 50. No digo que sea lo apropiado para todos, pero creo que la gente debe tener su propia vida asegurada antes de tomar la responsabilidad de una pareja y de tener niños. Supongo que hay mujeres a las que les gustan los hombres más grandes, pero son un grupo más pequeño”, dice, en jocosa alusión a la diferencia de 25 años en su matrimonio con Zeta-Jones. De Niro aporta al tema: “Lo único que diré es que si te casás, si vas a terminar separándote es más fácil no tener hijos. Te hace la vida más fácil en el futuro”.

Cuando se los interroga sobre las posibilidades del retiro, les produce una gracia mayor que cualquier otra cosa que hayan escuchado. “No. ¿Qué vas a hacer?”, le pregunta De Niro a Douglas con su célebre encogimiento de hombros. “El retiro da la impresión de que estás aliviado, que ya no tenés que trabajar”, sugiere Douglas, que como hijo de los actores Kirk Douglas y Diana Love Dill forma parte de una realeza de segunda generación en Hollywood. “Nosotros amamos nuestro trabajo. Es terriblemente divertido, convencés a la gente de una fantasía, vas a diferentes lugares, la gente es feliz de verte, conseguís mesa en buenos restaurantes. Con suerte, hasta puedo conseguir lugar en uno de los restaurantes de Bobby”, sonríe, en referencia al creciente imperio gastronómico de De Niro, que incluye participaciones en la afamada cadena de sushi Nobu, junto a su famoso local neoyorquino TriBeCa Grill y Locanda Verde, situada en el Greenwich Hotel, donde también tiene acciones.

La buena mesa es, claramente, algo que ambos hombres disfrutan sobre todo en los últimos años. Y aunque ninguno de ellos disfrutó especialmente filmar en Las Vegas, la comida les dejó una mejor impresión. “Para mí, la peor experiencia fue la cantidad de gente, las multitudes. Lo mejor es la comida: es probablemente una de las mejores ciudades del mundo para comer muy bien”, dice Douglas. “De acuerdo”, señala De Niro. “Cuando hice Casino había un par de buenos restaurantes, pero no en la medida de lo que hay hoy. Realmente, las cosas han cambiado.”

* De The Independent de
Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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Morgan Freeman, Douglas, De Niro y Kevin Kline, una tardía despedida de soltero en Las Vegas.
 
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