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Miércoles, 26 de febrero de 2014

CINE › RODOLFO “FITO” POCHAT Y EL DOCUMENTAL MIKA, MI GUERRA DE ESPAÑA

Ejército Republicano.

Junto a Javier Olivera, Pochat buscó retratar a la militante trotskista argentina que, junto a Hipólito Etchebéhère, huyó de la Alemania prenazi, pasó por París y recaló en España, donde terminó comandando una columna del Ejército Republicano.

 Por Oscar Ranzani

Mika Feldman e Hipólito Etchebéhère fueron dos militantes argentinos de formación trotskista que se conocieron militando por la reforma universitaria, sobre finales de la primera década del siglo XX. Ella había estudiado Odontología en Buenos Aires y allí conoció al que fue, desde entonces, no sólo su compañero de vida sino también de militancia y lucha. La pareja fue testigo de los acontecimientos conocidos como la Semana Trágica y entonces, impulsados ambos por un deseo libertario inquebrantable, se dirigieron a la Patagonia. Pronto se dieron cuenta de que la Argentina no era el lugar más propicio para pelear por la revolución y entendieron que el sitio idóneo para hacer realidad sus ideales era Europa. Entonces partieron a Berlín, donde, según Mika, “la posibilidad de la revolución estaba ahí nomás”; pero con el ascenso del nazismo al poder tuvieron que huir. Se dirigieron a París, donde cimentaron sus conocimientos históricos y políticos, pero su lugar en el mundo fue Madrid. Es que la España del ’36 era caldo de cultivo para pelear por un mundo mejor. Y tanto Mika como Hipólito formaron parte del Ejército Republicano en la Guerra Civil Española (1936-1939). Hipólito murió en la batalla y, desde entonces, Mika se convirtió en la única mujer con grado de capitana de las fuerzas que peleaban contra Franco. Hasta que en 1937 fue detenida y, aunque luego recuperó la libertad, le prohibieron ser parte de una tropa y permaneció en Madrid hasta poco antes de la caída republicana. Durante ese tiempo, escribió sus memorias en el libro Mi guerra de España. En 1939 se estableció en París y allí murió en 1992.

Esta historia fue recuperada por los cineastas argentinos Rodolfo “Fito” Pochat y Javier Olivera, quienes realizaron el documental Mika, mi guerra de España, que se estrenará el jueves 6 de marzo en el Espacio Incaa Km 0 Gaumont y el sábado 8 en el Malba. Ambos son sobrinos nietos de Hipólito Etchebéhère, pero desconocían su origen. “La idea de hacer el documental nació en 2006 cuando una prima mía, que es actriz, me trajo el libro de Mika. Aunque era parienta nuestra, no teníamos idea de la existencia de este personaje histórico”, cuenta Pochat en diálogo con Página/12. Tanto Pochat como Olivera no sólo desconocían que eran parientes de Mika e Hipólito sino que tampoco sabían acerca de su historia. “Mi prima quería hacer una película de ficción cuando se enteró de la historia”, explica Pochat. Cuando ella se la contó y le dio el libro, Pochat lo leyó y se conmovió por lo que estaba descubriendo. “Como yo no hago ficciones, me di cuenta de que teníamos que hacer un documental con Olivera, el codirector, y ahí empezamos a trabajar”, sostiene el documentalista.

–¿El documental está basado exclusivamente en el libro escrito por Mika o requirió una investigación histórica en paralelo?

–No, hicimos otra investigación paralela y nos encontramos con todo el archivo. Básicamente trabajamos con Carlos García, un investigador catalán fanático de Mika, que viene investigando y que fue el que hizo la última edición del libro de ella en España. Nos acercó mucha información y también trabajamos con los archivos que fuimos encontrando.

–¿Cómo fue el proceso de recopilación del material, que permitió encontrar la cinta con un reportaje a Mika en París y que funciona como uno de los ejes del relato?

–Cuando arrancamos con el proyecto, no teníamos nada de archivo. El archivo fundamental de Mika está en el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en la Argentina (Cedinci). Estaba el archivo y por una razón que hasta ahora no hemos conseguido descubrir, no nos permitieron el acceso al mismo. Sabíamos más o menos lo que había, pero no podíamos tomar contacto con eso. Empezamos a investigar y dimos con unos grandes amigos de Mika en París, que eran de una generación posterior a la de ella, así que todavía viven. Ellos son Guy y Des Prevan, y tenían el archivo personal de fotos de Mika que se ve en la película. Así que entre los relatos de ellos y las fotos también pudimos reconstruir gran parte. Lo otro era el archivo audiovisual. Cuando empezamos la película, lo único que teníamos era una entrevista en colores que le hicieron a Mika en España, en los ’80. Esa entrevista fue hecha por un periodista que estaba haciendo una investigación sobre Trotsky. Mika era muy amiga de Alfred y Marguerite Rosmer. Secretario privado de Trotsky, algunos sindicaban a Rosmer como el que le abrió la puerta a Mercader en México para el asesinato del líder. El periodista fue a entrevistar a Mika con ese motivo y ella se enojó, así que había muy poco relato de ella. Hasta que apareció la otra entrevista en blanco y negro que aparece en la película, realizada en París. Yo vi un fragmento en un documental de Cipriano Mera. Claramente me inducía a pensar que había una entrevista más extensa. Y la encontramos finalmente, después de hacer el primer corte del documental, en un archivo de la resistencia en Turín. El que le había hecho la nota era un italiano que había ido a París a hacerle la nota. Y en ésta sí está todo el relato de Mika.

–La voz de Cristina Banegas, que lee fragmentos del libro de Mika en primera persona, ¿tiene como objetivo otorgarle un tono intimista al documental?

–Cuando tomamos contacto con el libro y empezamos a pensar en la película, el libro era el relato en primera persona y eso nos parecía importante respetarlo. Estaba contado de una manera muy poética, muy sentida y muy personal. Así que desde el primer momento pensamos en una voz leyendo fragmentos del libro. También pensamos de entrada que esa voz no debía ser de una locutora sino de una actriz que interpretara su propia Mika. Hicimos el montaje de la película, con un off de prueba hasta que fuimos encontrando los textos que queríamos que estuvieran. Y de entrada pensamos en Cristina. La verdad es que tuvo una generosidad increíble y calzó perfecto con el personaje.

–Ellos viajaron a Europa porque sentían que en esa época era el territorio ideal para lograr la revolución, ¿no?

–Sí, ellos tenían claramente una visión internacionalista de la revolución. No les importaba dónde fuera, sino que fuera. Por eso viajaron primero a Alemania (si bien entraron por España, porque estaba la huelga de los mineros en Asturias), porque ahí era donde estaba la revolución. En la Alemania prenazi estaban las organizaciones obreras más fuertes. Cuando subió el nazismo tuvieron que salir corriendo de ahí y vieron cómo se perdía una gran posibilidad de la revolución. Ellos tenían una visión internacional y la iban buscando. Por eso vivieron los primeros días de la Guerra Civil Española como una fiesta porque finalmente fue donde encontraron el lugar para dar la pelea que habían soñado siempre.

–¿Qué significaba en aquella época que una mujer fuera por primera vez capitana de las fuerzas republicanas?

–Era clara y absolutamente revolucionario. Si bien fue la primera vez en la Guerra Civil Española donde las mujeres empezaron a tener un rol más participativo, también se ve en el relato de ella que era mirada como mujer y las mujeres estaban en la guerra pensadas para tareas, como el lavado de la ropa o la preparación de la comida. Es más, fueron algunas mujeres que, a fuerza de empuje propio, lograron tomar las armas y conseguir otra participación. De ahí, llegar a comandar una columna y ser capitana era absolutamente insólito. De hecho fue la única mujer con mando de tropa en la Guerra Civil. Las otras líderes podían ser más políticas, pero no tuvieron una columna militar a cargo.

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“A ellos no les importaba dónde fuera la revolución, sino que fuera”, detalla Pochat.
Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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