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Martes, 1 de abril de 2014

CINE › EL ESPíRITU DEL ’45 ABRE HOY UNA RETROSPECTIVA DEDICADA A KEN LOACH EN EL BAC

La solidaridad como motor social

El documental, inédito en Argentina, es el film más reciente del director de Tierra y libertad y funciona a la manera de un prólogo para la revisión de la obra de este gran director británico que en febrero pasado recibió el Oso de Oro de la Berlinale.

 Por Oscar Ranzani

Sin llegar a ser un cineasta dogmático, el británico Ken Loach se caracteriza por abordar ficciones con temas sociales, políticos e históricos que permiten considerarlo como un gran defensor de los que menos tienen y un fuerte crítico del poder conservador en su país, en particular, y del capitalismo, en general. Así como ha puesto en imágenes las injusticias del sistema, también hizo lo mismo con las luchas por la libertad. Y es su rechazo a los proyectos políticos que atacaron y dejaron sin recursos a los menos favorecidos lo que muchas veces plasma en la pantalla grande. Se sabe, también, que Loach es un amante de la historia, y algunos acontecimientos esenciales de la vieja Europa los ha volcado en sus ficciones, como, por ejemplo, el abordaje de la Guerra Civil Española en Tierra y libertad. Justo antes de recibir el Oso de Oro Honorífico en el último Festival de Berlín por sus cincuenta años de carrera, Ken Loach decidió volver al documental para narrar los cambios políticos y sociales que atravesó Gran Bretaña cuando la Segunda Guerra Mundial recién había finalizado: El espíritu del ’45, inédito en Argentina, se verá hoy a las 17 en el British Arts Centre (Suipacha 1333) y prologa una extensa retrospectiva (ver recuadro) de uno de los nombres esenciales que ha dado el cine británico contemporáneo.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Gran Bretaña no quería volver a la misma situación de pobreza y desempleo que experimentaron sus habitantes en el período de entreguerras. Por eso, los primeros testimonios que introduce Loach en su documental son los de personas que recuerdan la penosa experiencia de haber padecido las inclemencias de los años ’30, cuando la Gran Depresión sacudía al mundo. Un hombre explica que, durante su infancia en los ’30, él y sus cuatro hermanos dormían en la misma cama, en un colchón poblado de chinches y pulgas. Otro relata la muerte de su madre que era muy pobre y que, al igual que la gran mayoría de los ciudadanos de su país, no tenía manera de contar con un sistema de salud que la protegiera porque había que pagarlo y era muy costoso.

Esos testimonios de vida cotidiana funcionan como anticipo de lo que quiere contar Loach: cómo, a pesar de la fortaleza política del conservador Winston Churchill, en las elecciones de 1945 el Partido Laborista logró una victoria aplastante que llevó al poder a Clement Attlee. Y, entonces, resurgieron las ideas de solidaridad y justicia social a través de un exitoso programa de gobierno que venía a devolverles a quienes menos tenían lo que nunca les tendrían que haber quitado. El primer ministro Attlee venía a reivindicar una política progresista a través del Estado de Bienestar. Buscaba combatir el desempleo, la enfermedad y la miseria imperantes en los años ’30 y los efectos sociales del conflicto bélico, a pesar de que Gran Bretaña había logrado salir victoriosa. ¿Cómo podía lograrlo? A través de un ambicioso programa de gobierno que incluía la creación del Servicio Nacional de Salud, que fue implementado por el ministro de Vivienda y Sanidad, Aneurin “Nye” Bevan, figura clave del Estado de Bienestar. El programa también incluía un plan de construcción de viviendas de alquiler: se edificaron más de 200 mil hogares, a los cuales pudo acceder una buena porción de la población humilde. Y desde 1946 se puso en marcha la nacionalización de empresas y servicios como el ferrocarril, el acero, los puertos, el agua, la electricidad, el gas y la minería, entre otros.

Loach logra un impactante documental a través de un riguroso trabajo de recopilación de testimonios de mineros, enfermeras, ferroviarios, trabajadores de correos, sindicalistas e incluso personas que simplemente eran jóvenes en aquel entonces, quienes reconstruyen la historia política y social y vierten sus experiencias. Pero esos testimonios no están aislados, sino que se nota la mano del cineasta para combinarlos con imágenes de archivo obtenidas de fuentes como el Imperial War Museum, la BBC y el British Film Institute. Todo el documental está realizado en blanco y negro, decisión que colabora para lograr ese espíritu histórico que tiene el film. Las primeras imágenes dan cuenta de las deplorables condiciones en que vivían los británicos en el período de entreguerras, pero también Loach muestra las otras imágenes: las que exponen el plan puesto en marcha por el laborismo, incluyendo también las de anuncios de funcionarios.

Si las tres primeras partes del documental son intensas por la manera en que Loach relata la bonanza del período laborista entre 1945 y 1951, el último cuarto del film pega un salto temporal a 1979, con la asunción de la ultra- conservadora Margaret Thatcher, a quien se la ve con la cara sonriente y pronunciando frases de San Francisco de Asís. Imágenes que no hacen otra cosa que funcionar como una enorme ironía de lo que fue, en realidad, la llamada Dama de Hierro. Es tanto el impacto que causa la aparición del rostro de Thatcher que hace pensar que Loach quiso causar con esta imagen un golpe de efecto para sintetizar aquello que narra en el último cuarto de hora del documental: cómo frente a ese sueño –consolidado en la realidad– de un país mejor, cuya arquitectura se basó en los cimientos de la igualdad social, la llegada de los conservadores barrió con todas las políticas progresistas y destruyó todo lo bueno que se había construido desde el ’45. De un soplo, en los ’80 se privatizaron empresas clave como British Telecom, British Aerospace, Rolls Royce y British Airways. Se eliminaron millones de puestos de trabajo, con lo cual resurgió el desempleo, se redujeron los salarios, se privatizaron las minas, también el servicio de agua, gas, transportes e incluso el acero. Y se tercerizaron servicios como, por ejemplo, la limpieza y la gastronomía de los hospitales. Todas esas medidas terminaron desmantelando el Estado de Bienestar.

De esta manera, Loach pone en escena las dos caras de la historia británica del siglo XX, sumando nuevas voces de escritores, economistas y profesores, entre otros, quienes permiten entender que las políticas neoliberales hicieron trizas el país soñado que tanto había costado. Aunque Loach no lo exprese en su documental, hay que mencionar que los trece años de gobierno laborista (Tony Blair y Gordon Brown), tiempo después de la gestión Thatcher, no modificaron sustancialmente lo realizado por la Dama de Hierro: el triunfo de lo individual sobre lo colectivo y del egoísmo sobre la solidaridad.

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Ken Loach, gran defensor de los que menos tienen y un fuerte crítico del poder conservador.
Imagen: EFE
 
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