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Jueves, 4 de septiembre de 2014

CINE › HOY COMIENZA UNA NUEVA EDICION DEL MONUMENTAL FESTIVAL DE TORONTO

La gran vidriera del cine del mundo

Nacido en 1976 como un “festival de festivales”, ese espíritu ha seguido predominando en Toronto, que no tiene –ni quiere– una competencia oficial. Habrá centenares de films de todos los rincones del Globo, entre ellos siete películas argentinas.

 Por Luciano Monteagudo

Desde Toronto

En un contexto año a año cada vez más competitivo, cuando a fines del verano boreal un puñado de festivales de primera categoría lucha por películas, estrellas y premières, se diría que el Toronto International Film Festival (TIFF para los amigos), cuya edición número 37 comienza hoy en la ciudad canadiense más pujante del país, sigue sacando ventaja. No importa mucho que –en extremos opuestos del mapa– la veterana Mostra de Venecia o el Festival de Telluride, en las montañas Rocallosas, se adelanten en unos pocos días y le “roben” algunas primicias de autores europeos o preestrenos de las candidatas al Oscar, respectivamente. La amplificación no es la misma. Y sucede que en su monumental oferta de 392 films en menos de dos semanas (ver cifras aparte) el TIFF va a incluir casi todos esos títulos y nombres... Y muchos más, al punto de ufanarse de haber reunido este año 143 estrenos mundiales, de esos que Toronto muestra antes que ningún otro festival, adelantándose incluso a Nueva York y San Sebastián, que le siguen en el calendario con pocos días de diferencia.

Nacido en 1976 como un “festival de festivales”, ese espíritu ha seguido predominando en Toronto, que no tiene –ni quiere– una competencia oficial. A cambio, propone un repaso de las principales películas de otros festivales y suma, de manera casi exagerada, un enorme abanico de novedades, que van tanto desde las grandes superproducciones de Hollywood hasta los films más experimentales y sofisticados provenientes de los cuatro puntos cardinales del Globo. A diferencia de Cannes, que es exclusivamente para profesionales del medio, Toronto comparte con la Berlinale el hecho de ser un festival pensado para el público de la ciudad. Sin embargo, al mismo tiempo, se fue convirtiendo en una cita imprescindible tanto para la prensa como para la industria (directores, productores, distribuidores), que aprovechan para ver y hacerse ver, al mismo tiempo que prueba sus películas frente a un público real.

Y en un año en el que el cine argentino ha venido pisando fuerte en casi todos los festivales de primera línea –Berlín, Cannes, Locarno–, Toronto no es la excepción. Nada menos que siete películas nacionales (la mayoría aún inéditas en nuestro país) están repartidas en las distintas secciones en que se organiza el TIFF. De las que pasaron en mayo por Cannes, está Relatos salvajes, el megaéxito dirigido por Damián Szifron, que ya está vendido a casi todo el mundo, literalmente, pero que aprovechará Toronto para presentarse en sociedad frente al público y la prensa angloparlantes, antes de su distribución en los Estados Unidos y Canadá a través de Sony Classics.

También proveniente de Cannes, llega a Toronto Jauja, el quinto largometraje de Lisandro Alonso, protagonizado por Viggo Mortensen, que tendrá el privilegio de integrar la exigente sección Wavelengths (“Longitudes de onda”), la mejor curada del festival, a cargo de Andréa Picard. Será todo un desafío para Alonso mostrar su nueva película ante un público masivo (el film tiene asignada una de las salas mayores del festival), pero tanto la programadora como el director confían en el poder de convocatoria del “Cuervo” Mortensen, que entrega en Jauja uno de los mejores trabajos de su carrera.

También en Wavelengths está La princesa de Francia, tercera entrega de Matías Piñeiro dedicada a sus versiones de las comedias de Shakespeare, que viene de presentarse apenas tres semanas atrás en la competencia del Festival de Locarno. Y directamente de Locarno llega también a Toronto Dos disparos, la nueva película de Martín Rejtman, un film poblado de personajes y situaciones tan banales como extraordinarias, que ya tiene asegurada su fecha de estreno en Buenos Aires, durante el próximo octubre.

En otras secciones, se exhibirán Aire libre, de Anahí Berneri, con Leonardo Sbaraglia y Celeste Cid, ya estrenada en Argentina y antes de su inminente participación en la competencia de San Sebastián; y La Salada, el debut en el largometraje de Juan Martín Hsu (hijo de padres chinos nacido en Buenos Aires), presentada en el último Bafici. Mix de historias de inmigrantes coreanos, bolivianos y taiwaneses en Argentina, La Salada sin duda llamará la atención en una ciudad multicultural como Toronto, que en su diversidad cuenta con un gran mosaico de comunidades de toda Asia.

Finalmente, Toronto también contará con el estreno mundial de una película argentina. Se trata de Lulú, sexto largometraje de Luis Ortega, protagonizado por Ailín Salas, Nahuel Pérez Biscayart y Daniel Melingo. Un poco como en su ópera prima Caja negra (2001) y también como en Dromómanos (2012), Ortega vuelve al mundo de la gente que vive al margen de la sociedad, o directamente en la calle, esta vez con la intensa historia de amor de Ludmila y Lucas, que hacen suya la ciudad junto a su amigo el camionero Hueso, recolectando el cebo de las carnicerías.

¿Y por Hollywood cómo andamos? Como siempre, nombres famosos no faltan en Toronto. Desde leyendas (Bill Murray, Al Pacino, Dustin Hoffman, Robert Duvall) hasta estrellas más jóvenes (James Franco, Channing Tatum, Robert Pattinson), el TIFF 2014 tiene lo que los anglosajones denominan “star power”. Demasiado quizá para un festival en donde paulatinamente la alfombra roja le va ganando protagonismo en los medios a lo que verdaderamente debería importar, que son las películas.

Entre las que se anotan en la carrera del Oscar para las principales candidaturas, el TIFF cuenta con dos de esos casos reales que tanto suelen sensibilizar a los miembros de la Academia: la excelente Foxcatcher, que ya estuvo en Cannes, donde el director Bennett Miller narra la historia del campeón olímpico de lucha libre Marc Schultz (Channing Tatum) y su bizarra y peligrosa relación con el magnate John du Pont (Steve Carell); y The Imitation Game, de Morten Tyldum, con Benedict Cumberbatch, sobre el pionero de la computación Alan Turing, que fue crucial durante la Segunda Guerra Mundial para que los aliados pudieran quebrar los mensajes en código de la Alemania nazi, pero luego fue perseguido en Gran Bretaña por su condición de homosexual.

Los cinéfilos duros, sin embargo, no tienen de qué quejarse: en el TIFF están las últimas películas del neoyorquino Abel Ferrara (con Pasolini, su versión del poeta y cineasta italiano, interpretado por Willem Dafoe), del berlinés Christian Petzold (Phoenix, nuevamente con Nina Hoss, la maravillosa protagonista de Barbara), del francés Bruno Dumont (P’tit Quinquin), de los coreanos Im Kwon-taek (Revivre) y Hong Sang-soo (Hill of Freedom), del sueco Roy Andersson (A Pigeon Sat on a Branch Reflecting on Existence), de los portugueses Pedro Costa (Cavalo Dinheiro) y Manoel de Oliveira (O Velho do Restelo), del taiwanés Tsai Ming-liang (Journey to the West), del filipino Lav Diaz (From What is Before), del japonés Shinya Tsukamoto (Fires on the Plain), del ucraniano Serguei Loznitsa (Maidan) y del texano Joshua Oppenheimer, que trae a Toronto The Look of Silence, esperada continuación de su impresionante documental The Act of Killing (2012), sobre los escuadrones de la muerte de Indonesia. Y esto recién empieza...

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Lulú, de Luis Ortega, con Ailín Salas, Pérez Biscayart y Daniel Melingo, estreno mundial del TIFF.
 
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