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Jueves, 4 de septiembre de 2014

TELEVISION › UNA MIRADA SOBRE EL VIGESIMO ANIVERSARIO DE TYC

Los claroscuros del deporte

En su historia cabe la cobertura integral de infinidad de eventos deportivos relevantes y amateurs, la incorporación del humor y un lenguaje descontracturado. Pero también el análisis de los métodos del “mercado” y algunas deformaciones profesionales.

 Por Emanuel Respighi

Pettinato y Bonadeo en Orsai a la medianoche, uno de los hitos de TyC en estos veinte años.

Veinte años es mucho tiempo. Contradiciendo al tango, dos décadas es un período importante en la vida de cualquier persona. Ni hablar para un canal de TV: la señal deportiva TyC Sports cumple esta semana sus veinte años al aire. Muchos evaluarán el aporte de la señal deportiva desde la óptica actual, en la que la señal perteneciente al Grupo Clarín es la cara visible del fútbol televisado y codificado. Nada muy alejado de la verdad: buena parte de su acelerada penetración en todo el país, a mediados de los noventa, fue gracias a tener los derechos exclusivos de transmisión de los partidos de fútbol de los campeonatos organizados por la AFA. Sin embargo, TyC Sports es también la pantalla deportiva que durante años apoyó y difundió a los deportistas argentinos, amateurs o profesionales, en las grandes competencias y en sus entrenamientos cotidianos. Una señal que conjuga estas dos visiones, complementarias, y que en su desarrollo refleja la evolución del mercado televisivo.

Cuando el 3 de septiembre de 1994 TyC Sports irrumpió en el por entonces incipiente mercado de TV por cable, se convirtió inmediatamente en la pantalla del deporte argentino. Una suerte de versión local de ESPN, marca deportiva global que en aquella época resultaba muy ajena a la cultura local, a partir de una programación basada en deportes tan ininteligibles (mucho más lo eran allá lejos y hace tiempo) como el fútbol americano y el béisbol. Con el apoyo del Grupo Clarín, dueño de Cablevisión y de los derechos de los partidos de fútbol, la señal alcanzó cobertura full time a lo largo y ancho del país. El poder económico-mediático y el activo de contar con las transmisiones facilitaron su penetración. Desde agosto de 2009, cuando el fútbol argentino pasó a ser gratuito, TyC Sports perdió la visibilidad cotidiana que tenía en los televidentes que podían pagar el abono mensual. Por todas estas cosas es que el auge, desarrollo, “caída” y reconversión de TyC Sports sirve como botón de muestra de las transformaciones del mercado televisivo argentino en estas dos décadas.

Más allá de la trastienda, tan interesante como descriptiva de un modelo comunicacional que funcionó al calor del “libre mercado”, no es posible analizar su recorrido sin posar la mirada en la faceta artística. TyC Sports fue la pantalla por la que durante años pasaron buena parte de los grandes eventos deportivos: cubrió cinco Copas del Mundo de Fútbol (la primera fue Francia 1998) e igual cantidad de Juegos Olímpicos, desde Atlanta 1996. Gonzalo Bonadeo es, por presencia y capacidad histórica, el emblema del canal. De hecho, fue él –junto a Alejandro Fabbri, otro histórico– quien inauguró la señal a las 11 del 3 de septiembre de 1994, con un videoclip que luego le dio pie a un especial de Campañas, el ciclo de archivo que ponía al aire imágenes de grandes equipos y deportistas de distintas épocas. Por entonces también había lugar para el deporte amateur, algo que con el tiempo relegó: en formato diario, Polideportivo informaba y mostraba actividades no profesionales de todo tipo.

La masividad que alcanzó el cable en el país llevó a que entregara programas que trascendían el aspecto deportivo. El humor combinado con la información deportiva fue el sello que terminó por instalar en los medios. En 1995, a fuerza del desparpajo de un joven Roberto Pettinato y del conocimiento de Bonadeo, Orsai a la medianoche fue el primer espacio del cable en conjugar risas e información con repercusión propia de la TV abierta. Ese recordado magazine, que años después iba a regresar como Orsai, la historia de nunca acabar, marcó el ingreso en las grandes ligas del humor de Gillespi, con personajes tan entrañables como el siempre ácido Aníbal Hugo, protagonista de los más delirantes resúmenes deportivos del fin de semana y de la inimputable sección El ojo de vidrio, en la que entrevistaba sin pelos en la lengua a deportistas.

En afán de revisionismo es bueno recordar programas como Fuera de juego (Matías Martin), y Club Social y Deportivo y Mar de fondo, ambos a cargo de Alejandro Fantino, en los que Daniel Aráoz, Anita Martínez y Luis Rubio provocaron carcajadas con todo tipo de criaturas, algunas de las cuales aún permanecen vigentes. Más cerca en el tiempo, Planeta gol –con Pablo González y Fernando Lavechia– resulta ser un oasis televisivo ante tanta polémica futbolera. La solemnidad que durante años signó a Fútbol de Primera, la primera ventana gratuita de los goles en tiempos de monopolio privado, encontró en Paso a paso –con Martín Souto y Ariel González– una versión descontracturada y entretenida de la Primera División.

Esa misma combinación de información deportiva y humor, con un lenguaje coloquial, marcó a buena parte del periodismo deportivo audiovisual actual. La deformación del estilo descontracturado que impuso la señal, devenido el “amiguismo” tan extendido hoy, también es una consecuencia directa de la escuela TyC Sports. En esa línea, El aguante, recordado programa que le dio voz al “folklore” del fútbol, parece sintetizar los claroscuros de la señal: el ciclo supo correr el foco de la cámara hacia aspectos del mundo de la pelota que no habían sido tenidos en cuenta hasta ese momento, a la vez que incentivó la “cultura del aguante”, que tanto daño le hizo al fútbol argentino. A dos décadas de su irrupción, TyC Sports guarda en su historia el andar de la cultura mediática de la era argentina de la TV por cable. Con lo bueno y lo malo de estos años en los que el homo sapiens le cedió lugar al homo videns.

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