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Miércoles, 22 de octubre de 2014

CINE › ARAMI ULLóN PRESENTA SU DOCUMENTAL EL TIEMPO NUBLADO, EN EL DOCBSAS

“No teníamos barreras entre nosotros”

Ganadora del Premio Mirada Nueva en el Festival Visions du réel de Nyon, la ópera prima de la realizadora paraguaya le pone el cuerpo a una situación extremadamente personal, que la involucra a la vez como hija y como cineasta.

 Por Oscar Ranzani

Una película sobre el proceso de la enfermedad de su madre y lo que implica el cuidado de una persona cuya salud se va deteriorando fue la arriesgada decisión que tomó la cineasta paraguaya Arami Ullón para realizar su ópera prima, El tiempo nublado, que se exhibirá hoy, a las 20, y mañana, a las 18, en el Gaumont, como parte de la programación del 14º DocBsAs. La directora vive en Suiza y con su film buscó preguntarse –y responderse también– cómo cuidar a un ser querido cuando se está a una distancia considerable. Es que la madre de Arami padece epilepsia y Parkinson y, desde niña, la cineasta convivió con su progenitora enferma porque su padre estuvo prácticamente ausente, producto del divorcio. A lo largo de noventa minutos, El tiempo nublado –ganadora del Premio Mirada Nueva en el Festival Visions du réel de Nyon– muestra cómo esta joven que se radicó en el país europeo porque se enamoró de un muchacho suizo siente la culpa de estar lejos de su madre. Hasta que emprende el regreso temporario a Paraguay para realizar otro viaje: lograr que su madre, que quedó sin la mujer que la cuidaba, pueda tener una mejor calidad de vida. Algo difícil de conseguir porque su deterioro es cada vez mayor. El film tiene su núcleo en una pregunta: ¿Qué pueden hacer los hijos cuando los padres estén viejos y enfermos? Y en el caso de Arami Ullón hay un doble interrogante porque construyó una vida en otro país. ¿Debería renunciar a eso? Con una estructura más cercana a la ficción que al documental, la ópera prima de Ullón logra conmover sin golpes bajos y con una utilización notable de la cámara que no vulnera ni las situaciones más dolorosas.

La directora vino a Buenos Aires a presentar su largometraje y, en diálogo con Página/12, respondió acerca de si este documental fue una consecuencia del deterioro de la salud de su madre o ya lo tenía pensado desde antes. “Se combinan varias cosas”, comenta Ullón. Hacía tiempo que la realizadora escribía sobre la relación con su madre y sobre su salud, pero esos escritos tenían forma de historias cortas. “Llegó un momento en que en ese proceso de escritura, ella empezó a empeorar y la persona que la cuidaba me informó que se quería ir. Yo estaba en Suiza. Ya venía siendo la sexta persona que la cuidaba que se quería ir y era claro que esa ya no podía ser una solución. Ahí es que decidí hacer una película”, comenta Ullón. “Sin embargo, el objetivo no era hacer la película, sino poner un filtro entre la situación y yo. Yo tenía la idea errada de poner la cámara en medio y que eso me alejaría de la situación, pero hizo todo lo contrario”, agrega la cineasta.

–¿Es una película nacida de su propia culpa por estar lejos de su mamá enferma?

–Sí, seguramente. Tal vez es una búsqueda de expiación.

–¿Cuál fue la reacción de su madre cuando le comentó el proyecto?

–Estaba encantada, pero creo que tenía que ver con que, más allá de tener una conciencia de lo que estábamos haciendo, para ella era una oportunidad de volver a estar acompañada y de encontrar una voz. Ella necesitaba comunicar lo que le pasaba y encontró por este medio la forma de hacerlo.

–¿Qué tuvo en cuenta al plantearse contar la intimidad familiar públicamente? ¿Sintió en algún momento que estaba exponiendo mucho a su madre y a usted misma?

–Honestamente no, porque desde el principio tuve mucha conciencia de que eso podía suceder. Al ser ese el principal peligro que corría por estar haciendo una película de este tipo, estuve muy atenta desde la escritura de no exponer a nadie demasiado. Y creo que el resultado final no expone demasiado a ninguno. Ni siquiera a mí.

–¿Cuál era el límite de dónde no poner la cámara para evitar golpes bajos?

–Con respecto a mi madre, habíamos acordado con el director de fotografía que dejaríamos de filmar si ocurriese, por ejemplo, una crisis epiléptica. En mi caso, yo fui un poco más extrema. Y él tenía la instrucción de no dejar de filmar nunca.

–Si bien la historia es real, el film tiene una estructura más cercana a la ficción que al documental. ¿Cómo lograron en el equipo invisibilizar la cámara aun en situaciones muy dolorosas?

–Una de las ventajas que tuvimos al hacer esta película fue que todos nos sentíamos muy cómodos entre nosotros. Todos nos conocíamos muy bien y no teníamos muchas barreras entre nosotros. Ahora, es verdad que la presencia de la cámara se siente poco. Y tiene que ver con una barrera que se produjo con el idioma. Mi camarógrafo y mi sonidista, que eran las otras dos personas que estaban con nosotros ahí, no hablaban castellano. Y todos los protagonistas sabían que ellos no nos estaban entendiendo.

–¿Hacer la película le ayudó a su madre a sobrellevar la enfermedad?

–No sé si podría decir que le ayudó a sobrellevar la enfermedad. Yo creo que la ayudó a aceptar su estado. Hasta ahora ella todavía lucha con la idea de su deterioro y de que eso ya no tiene vuelta atrás. Pero le ayudó a entender la situación en la que ella estaba y que no podía seguir de la misma manera, que había que buscar alternativas. Para eso sí sirvió la película.

–¿Fue catártico para usted hacer este film?

–Absolutamente. Y yo lo digo siempre: la película es primero una terapia y después una película. Creo que no hay que esconderlo porque nació con esa intención. Por suerte, el largometraje también se convierte en una catarsis para el espectador. O sea que deja de ser solamente mío.

–¿El tiempo nublado busca establecer, en un marco más general, una reflexión sobre las relaciones familiares en momentos determinantes?

–Yo no quiero decir qué quiere buscar la película porque me parece que sería limitar sus posibilidades. Creo que tiene muchos niveles, se revisan muchas cosas. Se revisa también la cuestión social: cómo se comporta el Estado con respecto a los adultos mayores. Se revisa cómo nos comportamos nosotros hacia ellos, pero sobre todo es un llamado a que te pongas a revisar por qué tenés hijos, para qué los traés.

–O sea que a partir de este caso particular, el film reflexiona sobre el cuidado de las personas mayores...

–Absolutamente, en eso estamos de acuerdo. Me interesa que cada uno revise su relación con el tema del cuidado de los adultos mayores.

–¿Cómo analiza el tema del cuidado de los enfermos mayores de acuerdo con su experiencia de haber vivido en Paraguay y de vivir actualmente en Suiza? ¿Cómo nota que es en dos países muy diferentes?

–Honestamente creo que en ninguna sociedad se encontró la solución. De pasar de Paraguay, donde hay una ausencia absoluta de asistencia y de cuidados, a un lugar donde está todo sistematizado para que la haya, como en Suiza, el problema de la tercera edad no está solucionado. O sea, la soledad sigue existiendo y los maltratos existen en las dos sociedades, que son muy diferentes. Tal vez en Suiza les hemos alargado la vida, pero no sé si les hemos ofrecido la calidad de vida. Creo que tenemos que seguir buscando. No soy experta ni académica, no estoy en ese ámbito, pero creo que tenemos que seguir buscando alternativas porque no las hemos encontrado todavía.

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“Estuve muy atenta desde la escritura de no exponer a nadie demasiado”, asegura Arami Ullón.
Imagen: Pablo Piovano
 
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