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Domingo, 11 de octubre de 2015

CINE › LOVE & MERCY, DE BILL POHLAD, CON PAUL DANO

Los oídos de Brian Wilson

Líder de los Beach Boys y uno de los grandes genios del pop estadounidense, Wilson tuvo su apogeo en los años 60 al mismo tiempo que se volvía cada día más loco. Y ésta es su biopic, un poco a la manera cubista que inventó I’m Not There.

 Por Horacio Bernades

Paul Dano (al centro) es el Brian Wilson de la época gloriosa de Pet Sounds, allá por 1966.

Una de las primeras imágenes de Love & Mercy es el plano detalle de un oído, en el que la cámara amaga introducirse. ¿Qué oído, el derecho o el izquierdo? Del derecho, Brian Wilson no escuchaba prácticamente nada, producto de las trompadas que de chico le pegó su padre. El izquierdo, por el contrario, percibía tantos sonidos que, según Bob Dylan, a su muerte debería ser donado, para su estudio, al Smithsonian Institute. Incluidas las voces que empezó a oír cuando su salud mental comenzó a mostrar signos de deterioro. Presentada en la última edición del Bafici y estrenada en junio en Estados Unidos, Love & Mercy trata sobre ambos oídos de Brian Wilson, líder musical de The Beach Boys, considerado uno de los grandes genios en la historia del pop estadounidense. El film, que no va a estrenarse en Argentina, inspecciona el oído que su padre le legó, provocándole a la larga crisis nerviosas y raras manías, hasta llegar a las internaciones, la sobremedicación y un tic que hasta el día de hoy le tuerce la comisura izquierda. La película escrita por Oren Moverman y dirigida por Bill Pohlad muestra también el funcionamiento del otro oído. El que lo llevó a imaginar capas sonoras que en el pentagrama lucían imposibles, y ejecutadas resultaban increíbles. Con Paul Dano y John Cusack interpretando respectivamente al Wilson veinteañero y el casi cincuentón, Love & Mercy está para bajar de Internet, con subtítulos en castellano.

Filmados con imagen granulosa en 16mm, los títulos de apertura reproducen al milímetro la primera época de The Beach Boys, llena casi hasta la arcada de camisas hawaianas, chicas de California y tablas de surf. Como quien cae de ese paraíso, en medio de un vuelo de cabotaje, Brian, principal compositor y arreglador de los temas del grupo, sufre un ataque de pánico, grita, se retuerce, cae al piso. Es el primer síntoma de que su cabeza no está del todo bien. Justo antes de una gira a Japón, pide al resto de los miembros del grupo –sus hermanos Carl y Dennis, su primo Mike Love, su amigo Alan Jardine– que mejor lo dejen en casa, componiendo en el estudio. Se avecina Pet Sounds (1966), opus maximum de Wilson y The Beach Boys, según opiniones coincidentes una de las obras mayores en la historia de la música popular del siglo XX.

“¿Escucharon Rubber Soul?”, les pregunta excitadísimo a los demás. Esa es la vara que se propone saltar. Más tarde, Paul McCartney reconocería que Pet Sounds fue una de las fuentes de inspiración para Sgt. Pepper. Y cuando Brian Wilson escuchó Sgt. Pepper se hundió en la más profunda de las depresiones. Pero antes de eso, cuando el resto vuelve de Japón los recibe con las partes instrumentales de Pet Sounds grabadas. “Hice que el estudio tocara”, dice quien está considerado un adelantado en las técnicas de grabación. Los otros cuatro reciben ligeramente boquiabiertos los masivos arreglos orquestales, combinados con panderetas, campanitas y perros ladrando. Poco antes, durante la grabación, solo en el estudio, Brian se preguntaba en voz alta por los arreglos. Y se respondía.

La idea de filmar un biopic del torturado músico se remonta a 1988, cuando tras años de oscuridad el mayor de los hermanos Wilson reapareció con su primer álbum solista. El tema de apertura se llamaba “Love & Mercy”. En ese proyecto inicial, William Hurt tendría a su cargo el protagónico, y Richard Dreyfuss haría del Dr. Eugene Landy, el psiquiatra que lo atendió desde mediados de los 70 hasta fines de la década siguiente. Y que, según opiniones coincidentes, estaba más loco que él. Loco caro: le cobraba a la familia 35 mil dólares mensuales por atenderlo. El proyecto se archivó, en el medio hubo un par de telefilms sobre The Beach Boys y un telefilm documental sobre Wilson, I Just Wasn’t Made For These Times (1995). Hasta que Bill Pohlad, productor de El árbol de la vida, de Terrence Malick, e Into the Wild, de Sean Penn, obsesionado con el boxset The Pet Sounds Sessions, aparecido a fines de los 90, decide filmar Love & Mercy con su propio dinero, y dirigirla él.

Pohlad encarga un guión a Oren Moverman, que había coescrito el de I’m Not There –aquel film cubista sobre Bob Dylan– y la versión definitiva de Love & Mercy comienza a tomar forma. De I’m Not There debe haber venido la idea de que a Wilson lo representaran dos actores tan parecidos entre sí como pueden serlo Charly García y Ricardo Iorio. Paul Dano, que saltó a la fama con su papel de predicador en Petróleo sangriento, es el Wilson todavía algo regordete y con pelo sobre la frente de mediados de los 60, mientras que un John Cusack desmejorado para la ocasión lo encarna en el interregno que va del primer disco solista al segundo (I Just Wasn’t Made for This Times, justamente). Paul Giamatti, que en películas como Matar o morir (2007), El mundo según Barney (2010) y El sorprendente Hombre Araña 2 (2014) ya había interpretado a piantados de diversa laya, da vida a un Dr. Landy de flequillo tal vez excesivo. Elizabeth Banks completa el elenco como Melinda Ledbelly, segunda esposa de Wilson y una de las personas que lo arrancaron del infierno sobremedicado en el que el médico lo tenía cautivo.

En una escena, la mucama del hombre que introdujo el theremin a la música pop se aparece con un frasco de caramelos, con psicofármacos de todos los colores. Haya sido así o no en realidad, está comprobado que el bueno de Landy suministró al más famoso de sus pacientes un neuroléptico que le dejó secuelas hasta el día de hoy. La familia terminó despidiéndolo y la Junta Médica de California le retiró su licencia. “La película es fiel a los hechos, aunque tal vez haga demasiado hincapié en las facetas más oscuras de la historia”, avaló Wilson tras verla. Y eso que Pohlad decidió dejar afuera el período de los 70 en que Brian pasó tres años en su cama, comiendo, dejándose crecer la barba y la panza y tomando cocaína (en YouTube puede verse una entrevista que dio desde la cama, hablando mal de la cocaína y bien de la marihuana). Siguiendo siempre el modelo de I’m Not There, Philip Seymour Hoffman iba a ser el Wilson obeso de esa cancelada sección del medio de Love & Mercy.

El telefilm documental Beautiful Dreamer, que diez años atrás filmó su hombre de confianza de toda la vida, David Leaf, y que también puede verse en YouTube, deja ver esa otra cara menos oscura que Wilson reclama. Lo muestra como un chico curioso, capaz de devorar tratados de lo que fuera y de asimilar y procesar sonidos no precisamente de mascotas. Como un chico: aún hoy un Wilson de canas y peinado prolijo sigue luciendo –¡a los 73 años!– de esa manera. Un chico excéntrico, o lisa y llanamente loco durante un largo tiempo. Tanto en Love & Mercy como en Beautiful Dreamer puede verse la tienda floreada, como de playa, que a mediados de los 60 instaló en el living de su casa. Tienda en la que The Beach Boys celebraban sus reuniones “de directorio” y sus sesiones llenas de humo. Saliendo de la carpa, y siempre en el living, el arenero sobre el que se asentaba el Steinway, con pelotas de playa alrededor, todo lo cual le permitía sentirse junto al mar. Sentirse un beach boy, cuando ya no lo era.

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