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Jueves, 9 de noviembre de 2006

CINE › “SOPHIE SCHOLL: LOS ULTIMOS DIAS”, CON JULIA JENTSCH

Recuerdos de La Rosa Blanca

La película del alemán Marc Rothemund narra el arresto y la ejecución de una estudiante que, en pleno nazismo, se animó a organizar el único movimiento de resistencia contra el régimen.

 Por Luciano Monteagudo

Fue significativo. Casi dos años atrás, en febrero de 2005, el mismo domingo en que la ciudad de Dresde –con la excusa de recordar el 60º aniversario del bombardeo aliado que destruyó por completo a esa ciudad– veía desfilar 3000 neonazis por sus calles, en la capital alemana la Berlinale exhibía en la competencia oficial Sophie Scholl: los últimos días. La película del director Marc Rothemund narra el arresto y la ejecución de una estudiante universitaria que, en plena dictadura de Hitler, se animó a organizar con su hermano y un grupo de amigos uno de los pocos, si no el único, movimiento interno de resistencia contra el régimen, llamado La Rosa Blanca. Pocos días después, el film se llevó dos de los principales premios: los Osos de Plata a la mejor dirección y a la mejor actriz, un justo reconocimiento para Julia Jentsch, la sensible protagonista, porque es ella quien lleva todo el peso de un film dedicado a la memoria de esa chica de Munich que en 1943 fue ejecutada por oponerse abiertamente al nazismo.

La historia de Sophie Scholl no es, por cierto, desconocida. Hasta Traudl Junge, la famosa secretaria de Hitler, cuyo testimonio inspiró el film La caída, supo referirse a ella como el modelo de integridad y lucidez que la juventud alemana debió haber seguido para resistirse a la hipnosis colectiva del nazismo. Considerada una suerte de heroína nacional, su martirio ya había sido llevado antes al cine alemán en dos oportunidades, con una curiosidad: ambas versiones se realizaron entre 1982 y 1983 y estuvieron protagonizadas por la misma actriz, Lena Stoltze, que fue simultáneamente Sophie en La Rosa Blanca, de Michael Verhoeven, y en Los últimos cinco días, de Percy Adlon (ambos films se conocieron en Buenos Aires a través del Goethe-Institut). Pero ahora Rothemund decidió volver a recordarla, a la luz de nuevas evidencias sobre el caso, entre ellas las actas del interrogatorio y el juicio a Sophie, archivadas en la ex RDA y que recién se conocieron en 1990, después de la caída del Muro de Berlín.

La película, concebida originalmente por el dramaturgo Fred Breinersdorfer como una pieza de cámara para apenas dos personajes (Sophie y su interrogador), creció demasiado en su proceso y esa inflamación –que incluye todo un innecesario despliegue de reconstrucción de época– le pesa quizá demasiado. Aun así, el núcleo dramático del film, esa suerte de duelo intelectual entre víctima y victimario, sigue siendo lo más valioso e intenso de la película. El prólogo ayuda a poner ese duelo en perspectiva: corre el año 1942, Sophie y su hermano Hans (Fabian Hinrichs), católicos practicantes, estudian en la Universidad Ludwig-Marianist en Munich, están convencidos de que hay que detener inmediatamente la guerra y volantean ingenuamente la facultad. No tardan en ser descubiertos y apresados. El epílogo es el previsible juicio sumario a Sophie, bajo la acusación de traición a la patria, cuando ella precisamente está más convencida que nunca de que la mejor manera de ser leal a su país y su gente es oponerse a la tiranía homicida que nadie parece ver, salvo ella misma.

Pero es en el extenso, minucioso interrogatorio que conduce el oficial de la Gestapo Robert Mohr (Alexander Held, excelente) donde el film –a pesar de su estética convencional de plano-contraplano– alcanza a ir más allá de los hechos conocidos y trascender la mera declaración de buenas intenciones y corrección política. En un cuarto cerrado, despojado pero no necesariamente frío, donde apenas se filtra la luz apagada que proviene de la indiferente realidad exterior, Sophie apela a la inteligencia que antes le nubló su idealismo y niega una y otra vez su participación en el hecho, a sabiendas de que una confesión no le deja otro camino que no sea la muerte. Por su parte, el eficiente Mohr reconoce en esa chica de 20 años un adversario de cuidado, no tanto porque no la pueda empujar a la inevitable condena, sino por la fuerza de voluntad y la convicción que descubre en ella. A su vez, involuntariamente, Sophie no puede dejar de recordarle a Mohr que él también tiene un hijo de su misma edad y esa coincidencia se convierte para el interrogador en un espejo incómodo, doloroso.

7-SOPHIE SCHOLL: LOS ULTIMOS DIAS

Sophie Scholl - Die letzten Tage, Alemania, 2005.

Dirección: Marc Rothemund.

Guión: Fred Breinersdorfer.

Fotografía: Martin Langer.

Música: Johnny Klimek y Reinhold Heil.

Intérpretes: Julia Jentsch, Alexander Held, Fabian Hinrichs (Hans Scholl), Johanna Gastdorf, André Hennicke, Florian Stetter.

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Julia Jentsch ganó el Oso de Plata a la mejor actriz en la Berlinale 2005 por Sophie Scholl.
 
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