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Jueves, 9 de noviembre de 2006

CINE › “TODOS LOS HOMBRES DEL REY”, DE STEVEN ZAILLIAN

Algo huele demasiado mal en la política de Estados Unidos

Sean Penn interpreta a un político de ficción que comienza siendo un tipo derecho para convertirse en demagogo, inescrupuloso y chantajista.

 Por Horacio Bernades

“La vida va del hedor del pañal a la pestilencia de la muerte”, dice Willie Stark en algún momento, condensando el punto de vista que él y la película misma echan sobre el mundo de los hombres. Muy mal olor se desprende de la parábola de Willie Stark, político de ficción que comienza siendo un tipo derecho, para convertirse en demagogo, inescrupuloso, rosquero y chantajista. Mal olor despiden también quienes lo rodean, quienes lo enfrentan y hasta quienes lo ignoran olímpicamente. Con tanto mal olor generalizado, ¿hace falta decir que Todos los hombres del rey trata del mundo de la política?

Nueva adaptación de la novela homónima de Robert Penn Warren, que en 1949 había conocido una primera versión cinematográfica (escrita y dirigida por Robert Rossen, y con Broderick Crawford en el papel de su vida), cabe preguntarse qué llevó a Steven Zaillian, realizador y guionista de esta nueva Todos los hombres del rey, a renegar de la idea de narrarla en presente. En su lugar, Zaillian la retrotrae a los años ’30, cuando los Estados Unidos salían de la Gran Depresión y se aprestaban a convertirse en dueños del mundo. Esto permite ver en Stark una cifra de la América moderna, pero se desaprovecha la oportunidad de darle un carácter contemporáneo, que le hubiera calzado perfectamente. Ubicada en Louisiana, pleno corazón del sur, en el momento en que la historia se inicia Willie Stark (Sean Penn) es un tipo tan honesto que acaba de renunciar a la empresa en que trabajaba, en desacuerdo con ciertas prácticas non sanctas. Terminará convertido en algo mil veces peor que eso.

Hijo mimado de la sofisticada y decadente aristocracia sureña, cuando el periodista Jack Burden (Jude Law) traba contacto con Stark ya anda asociado con tipos pesados. Vean si no a Tiny Duffy, encarnado nada menos que por James Gandolfini, Tony Soprano in person. Cuando se entera de que Stark renunció a la constructora por una licitación mal ganada, que la licitación era por una escuela y que al venirse la escalera abajo murieron tres alumnos, Duffy le anuncia: “Usted será el próximo gobernador de este estado”. Cuando lo sea, Stark será ya otro hombre. Podría pensarse que Willie Stark, centro de gravedad de la película, es el protagonista de Todos los hombres del rey y, sin embargo, no es así. La historia está protagonizada y contada por Burden, testigo pero también doctor Frankenstein del otro, el monstruo llamado Willie. Narrada desde la desilusión, Todos los hombres del rey es tan poco ingenua como Burden, cuya formación intelectual le permite llenar el off con prosa abundante, desencantada y brillante.

Basado, según dicen, en el político sureño Huey Long, Stark no está pintado de modo simplista. Sobreactúa sus discursos, moviendo los brazos como aspas y enronqueciendo la voz, casi como un pre-Tom Waits de la política. Ensucia las vidas de quienes lo rodean, como cuando atrae hacia sí a esos impolutos herederos de la crema de Louisiana que son los hermanos Stanton (Kate Winslet y Mark Ruffalo). Hunde con los peores recursos a los opositores, buscándole la tacha al intachable juez Irwin (Anthony Hopkins). Y se la encuentra. Pero Stark es también de esos políticos que “hacen obra”. Inaugura puentes, escuelas y hospitales. Sus enemigos jurados son la Standard Oil y demás dueños del país. Es, claro, un populista de manual, y el espectador argentino verá en él a más de un conocido.

Más allá de la decisión, seguramente errada, de ubicar la ficción en un pasado más bien remoto. Más allá de que Sean Penn no dé la impresión de estar del todo cómodo, en el mismo papel que a Broderick Crawford le calzaba infinitamente mejor que sus trajes. Más allá de que hay en Todos los hombres del rey más literatura que drama, con su off sobrecargado de prístinas reflexiones y diálogos frecuentemente altisonantes. Más allá de una resolución tan extemporánea como tirada de los pelos. Más allá de todo eso, el principal problema de la película de Zaillian –sin duda prolijísima y bellamente fotografiada– es que a esta altura de la historia de la humanidad, las pequeñas tropelías de Willie Stark pueden llegar a volverlo, a ojos del espectador contemporáneo, en un candidato tal vez preferible a la mayoría de los que andan por ahí.

6-TODOS LOS HOMBRES DEL REY

All the King’s Men. EE.UU., 2006.

Dirección y guión: Steven Zaillian, sobre la novela homónima de Robert Penn Warren.

Fotografía: Pawel Edelman.

Música: James Horner.

Intérpretes: Sean Penn, Jude Law, Kate Winslet, James Gandolfini, Mark Ruffalo, Patricia Clarkson, Anthony Hopkins, Jackie Earle Haley y Kathy Bates.

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Basado en el político sureño Huey Long, el personaje de Penn no está pintado de modo simplista.
 
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