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Jueves, 31 de enero de 2008

CINE › “APARICIONES”, CON DONALD SUTHERLAND Y SISSY SPACEK

Una catarata de sustos mal copiados

 Por Diego Brodersen

Como en tantas otras ocasiones en la historia del cine, el género de terror se encuentra hoy atrapado en su propio laberinto, incapaz de generar obras de relevancia, maldecido por la repetición ad nauseam de ideas, imágenes y sonidos. Apariciones, marcada por el rictus de la redundancia, no es salvada ni siquiera por la presencia de dos intérpretes de fuste, por siempre vivos en la memoria de los fans del horror por una tríada de films de los años ’70: imposible olvidar a Sissy Spacek, ensangrentada de pies a cabeza, en la Carrie depalmiana, mientras que al prolífico Donald Sutherland le tocó en desgracia sufrir los mil y un horrores en Venecia Rojo Shocking, el film de Nicolas Roeg, y la versión de Philip Kaufman de Los usurpadores de cuerpos. Pero más doloroso resulta verlos completamente desaprovechados en este film tan vacío como incompetente, cuyo único mecanismo para generar sustos en la platea consiste en asestar golpes de efecto con el movimiento brusco de algún personaje acompañado de un aumento del volumen de la música (el chapucero “salto en la butaca”).

Aparentemente basada en hechos reales, ocurridos allá por comienzos del siglo XIX, cuando los Estados Unidos de América comenzaban a transitar su reluciente vida, Apariciones presenta a los Bell, una familia temerosa de Dios a quienes se les mete un espíritu en la casa, demostrando un particular interés por la habitación de Betsy (Rachel Hurd-Wood), la hija adolescente del clan. Un poco como en El exorcista, otro tanto como en El ente –más algún fantasmita infantil copiado de algún film de terror oriental–, la muchacha comienza a ser víctima de violentos ataques en la profundidad de la noche, con levitaciones y zamarreos varios. El director Courtney Solomon resuelve formalmente esta inquietante presencia sobrenatural con la más pueril de las fórmulas, abusando de la utilización de la steady cam en prácticamente la totalidad del film. Esta cámara voladora –suerte de plano subjetivo de la entidad maléfica–, que a veces vira sin razón aparente al blanco y negro, termina cansando más temprano que tarde.

Cuando la violencia del más allá comienza a acechar al resto de los Bell, el film ya se ha transformado en una agobiante catarata de sustos carente de tensión dramática. Si el lector no vio todavía la película debería dejar de leer estas líneas ahora mismo, porque lo peor llega cerca del final, cuando el origen de la maldición es descubierto en toda su absurda concepción: no era la vecina, esa bruja de mujer, la causa de semejante desbarajuste paranormal, sino los fantasmas de la pedofilia y el incesto. La necesidad de racionalizar lo irracional, de explicar lo inexplicable, sumada a la supuesta “originalidad” del germen del mal, terminan por arrastrar al film a los tenebrosos y horripilantes dominios del ridículo cinematográfico. Infierno del cual, dicen, nunca se vuelve.

4-APARICIONES

(An American Haunting, EE.UU./ Reino Unido/Canadá, 2005)

Dirección y Guión: Courtney Solomon.

Intérpretes: Donald Sutherland, Sissy Spacek, Rachel Hurd-Wood, James D’Arcy, Thom Fell.

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