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Jueves, 31 de enero de 2008

PLASTICA › JOAN MIRO EN EL BORGES

Originalidad y potencia expresiva

La muestra La magia de Miró consta de más de 60 dibujos y grabados que dan cuenta de un momento de plena maduración estilística del pintor catalán.

El grueso de las obras de Joan Miró que actualmente se exponen en el Centro Cultural Borges son de 1964. En conjunto son más de 60 dibujos y grabados que muestran un momento de plena maduración técnica y estilística del pintor catalán, pero también un enorme desarrollo lingüístico, ya que para entonces Miró había consolidado (sin por ello estancar) los elementos centrales de su riquísimo lenguaje plástico.

La magia de Miró, tal el nombre de la muestra curada por la catalana Marisa Oropesa, presenta la faceta de la ilustración y el grabado, una de las menos visitadas dentro de la extensa obra de uno de los artistas fundamentales del siglo XX. Los motivos presentes en las litografías y los volcados sobre papeles atípicos con cera, lápiz o tinta china son los mismos a los que Miró volvió una y otra vez a lo largo de su carrera: la tierra, el sol, la luna, una mujer, “personajes”. El cambio de técnica no hace otra cosa que dar más muestras de la potencia expresiva del catalán. No están sus obras cumbre, pero desde una pared y a través del tiempo, a más de veinte años de su muerte, el pintor reclama al visitante que considere el conjunto de su trabajo porque, explica, hasta el mínimo dibujo en una hoja suelta “es parte integral” de su obra.

Miró vivía para trabajar, pero no consideraba la pintura como un fin en sí mismo. Trabajaba en completo silencio, pero su obra expresaba todo un mundo. Miró empezó pintando en la casa de campo donde debió pasar parte de su juventud para recuperarse de una enfermedad, pero creó a partir de esa experiencia terrenal un universo onírico conmovedor. Tenía fama de serio, e incluso de tipo arisco, pero muchos de sus personagges están cargados de jovialidad y simpatía. Como pintor y dibujante, el catalán experimentó con las superficies sobre las que trabajaba. Aprendió a trabajar sus inquietudes durante la época en que estudió con Francisco Galì, quien lo hacía dibujar objetos sin mirarlos, captándolos con los otros sentidos. En la exposición del Borges se puede ver una buena selección de ejemplos. Dibujos sobre cartón y diarios usados, sobre papel chino y sobre papel de lija de distintos granulados.

En los paisajes de ensueño se reconoce la influencia que durante sus años mozos ejercieron los dadaístas y luego sus amigos surrealistas: André Breton, Paul Eluard y compañía, que lo recibieron con algarabía, pero a los que, en el fondo y pese al cariño que los unía, no terminó de pertenecer nunca, ya que su obra los trascendía. Sí se impulsó en el surrealismo y su proyecto para andar el camino de búsqueda pictórica que lo movilizaba. Su paso por esa vanguardia artística de comienzos del siglo XX no queda soslayado en la exposición. Aún sin el extenso poema que uno de los poetas surrealistas le dedicó a Miró dando la bienvenida al visitante, las ideas que le abrieron tantas puertas están implícitas en sus obras. En la serie de vandengeuse’s presentes en Buenos Aires se aprecia también la influencia cubista que con tanta sencillez y naturalidad Miró consiguió incorporar a su obra (y, verdad de Perogrullo, no hay nada más difícil que lo simple).

Miró fue un artista sin miedo al vacío, porque sabía que éste es sólo otro espacio a recorrer. En la exposición hay tres muestras de austeridad más que interesantes, tres imágenes hechas con tinta china aguada sobre papel chino (un material que fascinó a Miró durante un corto período). En cada hoja hay una suerte de nube, y cada una de ellas está cortada por dos trazos pequeños y precisos. Si la “nube” es una nube, o una galaxia, o cualquier otra cosa, es materia de discusión. Una de las lecciones a extraer de las incursiones por el inconsciente que los surrealistas inspiraron en Miró es que el intérprete de la obra pone en ella mucho de lo que lleva dentro además de lo que el artista alberga.

Miró también se lucía con el uso de los colores básicos, siempre efectivos y potentes. En este sentido, la exposición es una clase de primera mano sobre distribución de colores, formas y expresividad. Con dos trazos, una figura suya transmite todo. Otras dos instancias completan la muestra: por un lado las visitas guiadas y los talleres de experimentación para toda la familia, ideales para el verano. Por otro, un excelente documental de la BBC llamado Teatro de sueños. El film aprovecha la puesta en escena de una obra de teatro experimental, en cuya escenografía y vestuario Miró colaboró, como excusa para entrevistarlo y recorrer su vida. En él se ve al artista trabajando en su taller y asesorando a los actores del grupo español La Claca: “queremos que semeje un arma”, le piden entregándole un palo. Miró toma un zapato y un peine: “ponlo así, derecho no, algo inclinado”, y como por arte de magia en la siguiente toma el palo está irreconocible.

* La magia de Miró puede verse en el Centro Cultural Borges (Viamonte esq. San Martín) de lunes a sábados a partir de las 10 y los domingos desde las 12.

Informe: Andrés Valenzuela.

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Las obras de Miró, correspondientes a 1964, ya muestran la consolidación de su lenguaje plástico.
 
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