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Martes, 15 de diciembre de 2009

PLASTICA › LA MUESTRA QUE NOé PRESENTó EN VENECIA SE INAUGURA EN EL MNBA

De Venecia a Buenos Aires

Pasado mañana se inaugura en el Museo Nacional de Bellas Artes la obra que Luis Felipe Noé mostró en la Bienal de Venecia como representante de nuestro país. El público argentino podrá verla hasta fines de enero de 2010.

 Por Fabián Lebenglik

Luego de casi seis meses de mantenerse en exposición, con una afluencia record de público –a pesar de la notoria baja del turismo– la 53ª Bienal Internacional de Venecia cerró sus puertas.

La Argentina, gracias a la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería, estuvo representada por Luis Felipe Noé –seleccionado por quien firma estas líneas, en carácter de curador del envío oficial argentino–, y sus dos enormes pinturas permanecieron exhibidas entre comienzos de junio y fines de noviembre, en la sala de exposiciones de la Librería Mondadori de Venecia, a pocos metros de la Piazza San Marco. La obra “veneciana” de Noé hace unos días fue desmontada, embalada y remitida al Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires (MNBA), adonde llegó el viernes último, porque pasado mañana, en un gesto de presentación y devolución al público argentino, será inaugurado en el principal museo argentino, el envío oficial a la Bienal de Venecia 2009. De modo que las inmensas pinturas de Noé La estática velocidad, de once metros de largo por tres metros de altura, y Nos estamos entendiendo (una pintura de medidas variables compuesta por 15 fragmentos irregulares) de unos quince metros de ancho por tres de altura están siendo montadas en estos días en el Pabellón del MNBA.

El Museo ideó un montaje y una ambientación especiales para el capítulo argentino del envío veneciano. El enorme pabellón fue dividido en tres sectores: una sala de situación, a la que se accede inicialmente para entrar en clima, donde se exhibe el embalaje de la obra y materiales complementarios para recrear el espacio de un taller. Este sector introductorio cuenta, hacia la izquierda, con un amplio espacio que, a modo de sala de cine, exhibirá de manera permanente el documental que Ana Ruvira, Juan Chiesa y Fermín Labaqui realizaron en Buenos Aires y en Venecia para acompañar el envío oficial, y que se proyectó durante toda la Bienal en la Librería Mondadori. También se presentará, de manera integral, el completo y extenso documental que el mismo equipo realizó para el programa Métodos, de Canal à: se trata de cinco capítulos de 25 minutos cada uno, que se pusieron en el aire a partir de junio y ahora se ofrecen de manera completa y conjunta en el museo, con horarios preestablecidos.

Finalmente, a la derecha, el gran tercer espacio del pabellón, donde se presentan las enormes obras que Noé realizó durante el verano de 2009, para presentar en Venecia.

Para Noé la realización de la obra para la Bienal de Venecia fue un tour de force y significó lanzarse a hacer la obra más ambiciosa de su carrera y también la más arriesgada. El pintor y quien firma estas líneas –como curador– buscamos que el poco tiempo disponible para la realización formara parte intrínseca de la obra. Así, aquello que para cualquier otro hubiera sido un problema, aquí formó parte activa de la obra, conformó y conforma, en parte, su sentido.

El accidente, el azar, el caos son componentes constitutivos de la obra de Noé: ahora y desde hace cincuenta años, son la especialidad de la casa. Cuando muchos otros envíos tal vez ya habían sido pensados con anterioridad, sin tener en cuenta la propuesta del curador general de la Bienal, Daniel Brinbaum –que hizo público su proyecto muy tardíamente, hacia fines de octubre y comienzos de noviembre de 2008–, con Noé avanzamos hacia lo desconocido, hacia una obra futura, hacia el más completo riesgo, que sobreviene cuando no hay retorno. Porque el mayor compromiso era hacer una obra que respondiera a las condiciones generadas por y para la Bienal, experimentar con los tamaños, las escalas, el despliegue, las técnicas.

Se trata de la obra más grande de su vida: dos trabajos inmensos, uno continuo, La estática velocidad, y otro fragmentario, Nos estamos entendiendo. El tamaño también tiene que ver con las características propias del espacio seleccionado para funcionar como pabellón argentino, porque son obras pensadas específicamente para las dos grandes paredes de la sala de la Librería Mondadori. Obras a la medida del espacio expositivo, que se apropiaron de ese espacio y que, por cuestiones de presencia y tamaño, interpelaron directa y fuertemente al espectador.

De un modo paradójico, puede decirse que esta obra de Noé es una miniatura gigantesca. En el caso de La estática velocidad, porque el artista trabajó en detalle sobre grandes o pequeñas superficies de papeles recortados y arrancados de un enorme rollo, que posteriormente aplicó uno a uno sobre el lienzo gigantesco. Es un rompecabezas trabajado hasta el detalle, en todos sus fragmentos, con todas las técnicas que el maestro domina (siempre artesanales, manuales... esto es: siempre dactilares, nunca digitales), en el que se lanzó a conquistar lo desconocido. La estática velocidad es un universo en expansión, un estallido cuyas esquirlas parecen incrustarse en la pared de enfrente para conformar la otra obra: Nos estamos entendiendo. Fragmentos al mismo tiempo autónomos y simultáneos, que niegan la afirmación del título y la cuestionan.

Que un artista consagrado de 76 años haya realizado obras de tal envergadura para “hacer un mundo” (título de la 53ª edición de la

Bienal), gracias a un esfuerzo excepcional, sumado a la experimentación y el riesgo, resulta muy inspirador para todos los que tienen la posibilidad de acercarse a esta obra.

Tanto las enormes dimensiones de La estática velocidad como las piezas fragmentarias de marcos irregulares que componen Nos estamos entendiendo suponen un mundo, la imagen del mundo que ofrece Noé, artista del presente y del futuro. En su poética hay una estética proliferante, múltiples focos de atención y tensiones casi infinitas entre las que se destaca la relación cerca/lejos. Pura sobredosis. El centro “geográfico” del mundo de Noé es el ojo, el órgano privilegiado para comenzar a percibir el impacto de la obra, a través de una multitud de tensiones que atraviesan todo el trabajo. Es el ojo que se ve en el medio de la gran pintura La estática velocidad.

Todo ese conjunto de tensiones que a la distancia luce como una composición magmática, hecha de campos de fuerza, colores y formas; de cerca ofrece un micromundo inagotable y detallado. Esta tensión primaria produce polaridades, ajustes, desajustes y contrastes entre lo particular y el conjunto, entre la pieza de cámara y la sinfonía, entre la filigrana y el detalle, inscriptos en una obra de grandes dimensiones, donde también aparece lo gestual. Voces particulares, con sus tonalidades y coloraturas, que conforman un coro multitudinario y oscilante entre la parte y el todo.

Mientras que la economía on line y la cultura global hacen del dinero un fluido electrónico que se volatiliza y se inyecta; al mismo tiempo disciplinan, arrinconan, regularizan y estandarizan las particularidades, borrándolas poco a poco, Noé en su obra desanda el camino que va de lo global a lo local y a lo particular: por eso la cercanía con su obra revela lo cuidadoso del artista en la evocación de tales particularidades.

Decíamos que Noé en su obra incluye lo inesperado, el azar, el caos, el devenir. Se percibe una pasión por la actualidad, por la evocación del hoy: algo así como un diario pictórico (en imágenes) de la propia representación del mundo desde un lugar y un tiempo. El artista “convoca” formas y colores, y ellas se hacen presentes a través del saber adquirido e histórico, pero especialmente a través del saber que surge del hacer.

Las obras de este artista no tienen existencia previa, ni proyecto, ni bocetos, antes de su realización. Son su realización misma, allí toman forma. Se trata de un verdadero work in progress. Un pensamiento vivo, en acción y en estado de desarrollo permanente. Una pura inestabilidad sin reaseguros.

La pintura de Noé está notoriamente generada aquí y ahora. Y esa relación de pertenencia a un lugar y un tiempo están inscriptos en su obra y producen una suerte de interdependencia espacio-tiempo-obra.

El actual tembladeral del mundo y las continuas tensiones de la historia argentina son tema permanente y constitutivo en la obra de Noé. La misma materialidad de su obra tematiza estas tensiones. Es decir: la obra de Noé es una pura tensión de sentidos en sí misma y una forma de pensamiento llevado al campo de lo pictórico, un modo de conocimiento del mundo que lo rodea y una superación, por la vía artística, de estas cuestiones.

La obra de Noé evoca una cantidad de elementos en estado de pura tensión y al mismo tiempo resuelve artísticamente las tensiones de la Argentina. No cabe duda de que Noé, en este contexto, se transforma en un punto de referencia en medio de los resquebrajamientos y desconciertos tanto globales como locales. Podría decirse que para la 53ª Bienal de Venecia, en este momento confusamente clave de la historia (del arte), con la mirada lúcida de Noé la Argentina aportó no solamente a un artista que propone mundos actuales, sino también mundos posibles.

En el Museo Nacional de Bellas, Av. Del Libertador 1473, desde el jueves 17, a las 19, hasta fines de enero de 2010.

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Detalle de La estática velocidad, 2009; pintura de 11x3 metros, que Noé pintó para Venecia.
 
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