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Martes, 30 de marzo de 2010

PLASTICA › DANIEL SANTORO EN LA UNIVERSIDAD TRES DE FEBRERO

Con las manos en la fuente

Una antología retrospectiva del artista que hizo del peronismo fuente privilegiada de su obra. Historia e ideología transformadas en relato visual, ficción política, utopía social y cultural, paraíso perdido.

 Por Fabián Lebenglik

La exposición antológica de Daniel Santoro que se presenta en estos días en el Museo de la Universidad Nacional Tres de Febrero (Muntref), Realidad, sueño y elegía, podría llamarse también “Elegía, realidad y sueño”, porque el artista elige darle visualidad al modelo narrativo de la ficción (a mitad de camino entre realidad y sueño; paralela a la verdad, y a veces hasta más elocuente y eficaz que ella), para evocar al peronismo como gran relato nacional.

Eligió la ficción como mecanismo que, de acuerdo con ciertos procedimientos que Santoro domina, se transforma en un repertorio de estructura laxa, capaz de incluir y al mismo tiempo dar cuenta de lo que fue, lo que es y lo que pudo haber sido el peronismo. Conjugaciones todas que confluyen en la vasta mitología desplegada en esta exposición antológica.

Con una acumulación barroca de imágenes y una sobredeterminación simbólica de corte escenográfico, Daniel Santoro, a través de sus pinturas, objetos, dibujos y tintas, recurre a la fuente inagotable del peronismo como cultura política: un complejo ideológico que pensó su política también desde una perspectiva estética.

Así, Santoro puso las manos en la fuente, desde sus propios y artesanales Manuales del niño peronista, que realizó durante muchos años al modo de cuadernos de bitácora sobre el peronismo en imágenes. En aquellos cuadernos, transformados en libros de artista (que forman parte de la muestra), desfilan Perón y Evita, las “verdades peronistas”, los iconos justicialistas, una relectura de las publicaciones oficiales y revistas partidarias; los logros de la década 1945/55... También se consigna en esos tomos el costado siniestro y más oscuro del peronismo, en combinación poética y crítica con varios componentes insólitos: el más notable, los ideogramas chinos, escritura sobre la cual Santoro es un gran conocedor.

El curador de la muestra, el poeta y crítico de arte Raúl Santana, coloca el comienzo metafórico de la producción de Santoro en el cruce entre un decreto y una ley. El decreto fue el número 4161, firmado por el gobierno golpista, autodenominado Revolución Libertadora, que prohibía cualquier tipo de mención a Perón o a Evita, cantar la marcha peronista o utilizar cualquier insignia partidaria. Como tardía y reparadora justicia poética contra aquel decreto censor, surge una ley que lo revoca. Una ley no incluida en ningún corpus legislativo; una ley que no regula sino que libera; una ley que tiene la fuerza de la ficción y que dice “que lo reprimido en la historia siempre retorna –escribe Santana–; en este caso, a través de más de medio siglo en que el peronismo fue determinante en la política nacional; y también a través de las alucinantes visiones de Santoro, que intentan desentrañar las claves de aquella utopía abortada”.

La obra de Santoro desplegada en la antología a través de más de medio centenar de trabajos (incluido el avión Pulqui, de cuatro metros, emplazado a la entrada del edificio universitario) revive en clave por momentos celebratoria, por momentos crítica, por momentos paródica, los sueños y aspectos felices del peronismo histórico y también sus laberintos ideológicos, a la luz de lo que sobrevino después, su lenta y persistente descomposición y mutilación, tanto del cuerpo de su doctrina como del de sus líderes. Y junto con los tironeos facciosos por derecha e izquierda, el peronismo fue mutando hacia la resistencia, la radicalización, la persecución, la lucha armada; la degradación del menemismo... hasta llegar a las actuales disputas internas, por dentro y fuera del aparato estatal.

Cuando hizo en 2001 su primera muestra con esta serie de obras, Santoro afirmaba a quien firma estas líneas: “El peronismo siempre fue como la línea del horizonte y la mayoría lo votaba porque todos aspiran a llegar al horizonte. Pero cuando uno intenta acercarse al horizonte, el horizonte se aleja. El menemismo se apropió del horizonte peronista y lo transformó en una caja en la que metió cualquier cosa”.

Daniel Santoro nació en Buenos Aires en 1954 y egresó de la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón. Desde fines de la década del setenta participó de unas cuarenta exposiciones, entre individuales, colectivas y grupales. Entre 1980 y 1991 fue realizador escenógrafo del Teatro Colón. A través de viajes, estudios y exposiciones en Oriente a mediados de la década del ochenta, se especializó en escritura china, así como en tradiciones y filosofía oriental. En varias de sus exposiciones confluyen la evocación de iconos de la cultura argentina con elementos de la cultura oriental. En 2006 coprotagonizó la película Pulqui, un instante en la patria de la felicidad, dirigida por Alejandro Fernández Mouján.

La obra que oficia de imagen de tapa del catálogo, El descamisado gigante expulsado de la ciudad, es descripta por el curador de la siguiente manera: “El gigante, como un King Kong argentino, se agarra al racionalista edificio Kavanagh, mientras lo circundan aviones que lo atacan brutalmente. Y lo curioso es que en el cuadro los gorilas atacan para expulsar a un humano a diferencia de King Kong, donde los humanos expulsan a un gorila”.

En uno de los cuadros más conocidos del artista, La tercera posición, están presentes casi todos los elementos del engranaje estético político de Santoro: las manos cortadas de Perón tienen impresas en las palmas, muñecas y dedos las imágenes que representan las “20 verdades peronistas”, y sobre ellas se indican como puntos rojos los veinte puntos de entrada para las agujas que se usan en la acupuntura china y que según los saberes orientales son centros de energía y de circulación de fuerzas invisibles. A su vez, las manos están entronizadas en un podio. Cada una, en la base del monumento lleva un título: “Izquierda” y “Derecha”. De modo que aquella frase folclórica, “Ni yanquis ni marxistas: peronistas”, queda explícita no sólo lingüísticamente –en el título de la obra–, sino en la plomada que cae justo en medio de ambas manos/monumentos. Pero eso que parece una plomada, justo en medio de la izquierda y la derecha, también es un péndulo, que a lo largo de la pendularidad peronista fue de un extremo al otro. El fondo de ese cuadro es una escena de construcciones monumentales, neoclásicas, como la de la Fundación Eva Perón (hoy Facultad de Ingeniería de la UBA) y los bustos del matrimonio líder. La teatralización de la política es un dato visual permanente en la obra de Santoro. La iconografía religiosa (cristiana, pero también oriental) también atraviesa la obra de Santoro, así como además hay cruces con varias mitologías.

Como concluye Santana en el catálogo: “Si como nos enseñó Freud, el duelo implica una pérdida, la melancolía se caracteriza por una incapacidad de superar esa pérdida, de la que resulta una identificación constante con el objeto amoroso. Es obvio que Daniel Santoro no parece resignado a hacer el duelo por aquella época histórica. Pero la melancolía que sobrelleva, lejos de paralizarlo, ha sido fecunda disparadora de su imaginación de artista”.

Muntref, Valentín Gómez 4828/38, Caseros; hasta fin de abril.

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De la serie “Descamisado gigante...”, de Daniel Santoro.
 
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